Cada cierto tiempo, las redes sociales descubren un fenómeno colectivo. Este mes fue junio: miles de mujeres reportaron retrasos en su ciclo menstrual. Algunas pensaron en un misterio hormonal; otras recurrieron a la astrología o a las teorías conspirativas. Pero la ciencia ofrece una respuesta menos espectacular y, a la vez, mucho más interesante.
"No existe evidencia de que junio o el verano alteren el ciclo menstrual de forma sistemática", afirma la doctora Lilliam Fondeur, ginecóloga con amplia trayectoria en salud femenina. Y los datos la respaldan: el mayor análisis realizado hasta la fecha, con cerca de seis millones de ciclos registrados mediante aplicaciones digitales, no encontró relación entre las estaciones del año y la duración del ciclo (Tatsumi et al., 2020).
Entonces, ¿por qué ocurre esa sensación?
"Porque el ciclo menstrual no vive aislado en el útero: es un reflejo de todo lo que sucede en el cuerpo y en la vida de una mujer", explica Fondeur. El cerebro conversa permanentemente con los ovarios, y el estrés, la ansiedad, la falta de sueño y los cambios de rutina pueden retrasar la ovulación. Cuando esta se retrasa, la menstruación también.
Un ejemplo reciente lo ofreció la pandemia: millones de mujeres presentaron ciclos irregulares por el estrés colectivo, la infección por SARS-CoV-2 y, en algunos casos, un efecto transitorio tras la vacunación. "La mayoría de esos cambios desapareció espontáneamente en pocos ciclos", aclara la especialista, citando investigaciones publicadas al respecto (Alvergne et al., 2022).
¿Y el calor? Depende de cuánto y por cuánto tiempo
La doctora Fondeur hace una distinción importante cuando se le pregunta sobre el efecto de las altas temperaturas. "La exposición prolongada a temperaturas extremas —en mujeres que trabajan semanas o meses en ambientes de alta carga térmica— puede alterar el funcionamiento hormonal", señala, en referencia a estudios recientes sobre el tema (Akhigbe et al., 2025). "Pero unos días calurosos o unas vacaciones no bastan para producir esos cambios."
Lo que sí cambia en verano, insiste, es la vida cotidiana. "Dormimos peor, viajamos, hacemos menos o más ejercicio, enfrentamos estrés económico o cambios de rutina. El cerebro interpreta todo eso antes de decidir si ovula", destaca Fondeur.
La menstruación como termómetro biológico
Para Fondeur, el ciclo menstrual es mucho más que un evento reproductivo mensual: es un termómetro biológico que refleja el equilibrio entre el cuerpo, la mente y el entorno.
"Cuando el ciclo cambia, no siempre anuncia enfermedad. A veces cuenta la historia de un organismo que intenta adaptarse y recuperar el equilibrio", dice. En ese registro quedan las horas de sueño perdidas, las preocupaciones sin descanso y las cargas que las mujeres sostienen cada día.
Por eso, la ginecóloga propone reformular la pregunta que circula en redes. "Tal vez no deberíamos preguntarnos por qué junio retrasa la menstruación, sino qué está viviendo esa mujer cuyo cerebro decidió posponer, aunque fuera unos días, el complejo proceso de la ovulación".
Escuchar el cuerpo, no temerle
La doctora Fondeur cierra con un mensaje que apunta tanto a las pacientes como al sistema de salud: "La regla es una conversación entre el cerebro, las hormonas y el cuerpo. Escucharla, en lugar de temerle, es atender nuestras necesidades."
Y concluye con una idea que resume su perspectiva: "La menstruación no sigue el calendario; sigue la vida. Antes de preguntarnos por qué se retrasó, preguntémonos cómo hemos vivido".
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