RFI: Los latinoamericanos están acostumbrados a ver imágenes de disturbios en Francia, desde los chalecos amarillos en 2018 hasta las revueltas urbanas de 2023. ¿Estamos ante una crisis de la misma naturaleza o esta vez ocurre algo diferente?

Si bien es muy pronto para saber cómo caracterizar este movimiento social, yo me inclinaría a decir, de manera general, que estamos ante una crisis profunda de confianza en el poder político. En este sentido es un movimiento que está en la continuidad de los chalecos amarillos. Recuerdo que no hubo una respuesta real a los chalecos amarillos. Además, hubo elecciones el año antepasado que no fueron respetadas. El gobierno que salió de estas elecciones no fue del color de la coalición mayoritaria [de izquierda] que llegó en primer lugar. Entonces se fueron sumando las dificultades.

Esta crisis también tiene que ver con una cuestión mucho más profunda: la crisis del Estado de bienestar, que fue un factor muy importante de la relación de los ciudadanos con el Estado en este país.

RFI: ¿Quiénes han sido los protagonistas de las marchas del sábado 17 de octubre?

Primero están los jóvenes y, en particular, los alumnos de educación secundaria superior, de los liceos. Desde hace más de un mes hay un movimiento totalmente inédito en Francia de los alumnos de los liceos. Tienen reivindicaciones muy sencillas como contar con más profesores, sobre todo profesores sustitutos. Hay muchas clases que no están siendo impartidas y eso pone en riesgo el acceso a la universidad de estos chicos. Algunos no tuvieron profesor de matemáticas o de francés durante varios meses. Eso les perjudica en el promedio que cuenta para el acceso a la universidad.

El segundo punto es el algoritmo de acceso a la universidad, la plataforma Parcoursup, que fue puesto en marcha en 2018. Es una caja negra, genera mucha desigualdad territorial y también desigualdades según las carreras escogidas. Es sumamente difícil entenderlo. Hay muy buenos estudiantes que quedan fuera de la universidad y piden que se revise o que se cambie de sistema.

Y el tercer punto tiene que ver con la situación material de los liceos. La mayoría fueron construidos en los años setenta y el calor extremo que vivimos en mayo y junio evidenció la situación dramática de los edificios. Los chicos tuvieron que pasar el bachillerato en salas donde a veces hacía 45 grados.

Es una movilización realmente novedosa, en la que hay muy poca organización presente.

RFI: Estas fueron las reivindicaciones al comienzo del movimiento. Pero luego tuvo lugar, el 17 de octubre, una manifestación de medio millón de personas, con algunos grupos minoritarios muy violentos que cometieron actos graves de violencia. ¿Pasamos a otro nivel ese día?

La fecha del 17 de octubre estaba planeada desde hacía mucho tiempo por distintos sectores que protestan contra la crisis profunda del Estado de bienestar. Estaban los chalecos amarillos, que habían anunciado esta movilización. Estaba también todo el sector público: la educación, los sindicatos docentes, los sindicatos de la justicia, muy presentes. Hay una crisis muy fuerte del Poder Judicial, evidenciada por casos de violencia contra menores que no son tratados. Hubo un caso muy sonado este verano.

También participó el sector de la salud. Entonces estaban presentes masivamente en la calle. Se juntaron esos dos grandes sectores.

Y también se hizo presente una pequeña minoría formada por grupos anarquistas que vinieron de toda Europa, los llamados Black Blocs. Existen a escala europea desde los años 2000 y, más particularmente en Francia, desde mediados de la década de 2010. Fomentan la violencia en las marchas, son antiestatales y atacan símbolos del Estado. Por ejemplo, quemaron una alcaldía en la ciudad de Limoges. Son bastante opuestos a las otras reivindicaciones: no están a favor de un Estado de bienestar, quieren hacer la revolución.

RFI: Pero no vienen todos del extranjero.

Obvio, obvio. Obvio que muchos son franceses, pero también se evidenció que, por ejemplo, en el caso de París, muchos integrantes de estos grupos vinieron de otros países.

RFI: Usted habla de la falta de confianza en el poder político, pero también hay una pugna política. Estamos a seis meses de las elecciones y la extrema izquierda, LFI, La Francia Insumisa de Mélenchon, ha estado muy activa desde el comienzo, con representantes y dirigentes apoyando el movimiento. El gobierno los señala como responsables de lo que ha pasado. ¿Qué piensa usted de estas acusaciones muy directas contra La Francia Insumisa?

Yo seguí de muy cerca las movilizaciones de los liceos. En el caso de París puedo decir que los jóvenes no son manejados por LFI. Como decía una figura del movimiento estudiantil, “lo que es muy triste es que solamente los representantes de LFI vinieron a vernos y a escuchar nuestras reivindicaciones”.

Pero no se tiene que pensar que LFI organizó el movimiento de los liceos. Además, LFI no está muy presente en muchos sectores de la juventud. Está más presente entre la juventud escolarizada y quizá también en algunos barrios populares.

Entonces este discurso del gobierno es problemático. De hecho, hay una investigación del periódico Mediapart que evidenció que el gobierno pidió a los servicios de investigación determinar si el movimiento estaba siendo fomentado por LFI. Y hay personas dentro del propio sistema de investigación policial que dicen que no pueden afirmar eso. Obviamente, puntualmente puede haber ocurrido, pero de manera global no se puede decir que ellos estén detrás de la movilización.

Tampoco en la marcha multitudinaria que hubo, donde participaron sectores muy diversos. Por ejemplo, los sindicatos docentes no tienen relaciones directas con LFI y, de hecho, los trabajos sobre el profesorado muestran que son más bien de centroizquierda o de centroderecha. Entonces es una visión esquemática.

RFI: Pero hubo declaraciones de parte de Jean-Luc Mélenchon y de otros representantes de LFI, respaldando muy fuertemente a la gente que estaba en la calle.

Hubo una marcha pacífica, una marcha como pocas ha habido en este país desde el 68. Pero después vinieron masivamente grupos que, bueno, no sé cómo se llaman en otros países de América Latina, pero en México se les dice «porros», que vinieron a robar y a saquear tiendas. Son sectores totalmente distintos de los manifestantes que participaron en la marcha pacífica. Los primeros juicios expeditivos que se están realizando muestran que son jóvenes que no están politizados.

Lo que sí es muy grave es que Mélenchon no condenó esos disturbios. Eso es una falta política grave. La mayoría de la clase política, incluida la izquierda, los condenó, y él no. Y es un problema que puede afectar también las posibilidades de que sectores más moderados de la izquierda voten por él.

RFI: La presidenta de la Asamblea Nacional pidió la apertura de una comisión de investigación sobre el despliegue policial. Hemos visto saqueos y barrios de París donde las fuerzas del orden parecían ausentes. ¿Cómo explica usted lo que ocurrió?

Primero hay que decir que durante el mes de movilización de los jóvenes de los liceos hubo muchos enfrentamientos e intervenciones de la policía. Eso hizo que los padres de familia también entraran en la movilización, algo que no es corriente en Francia. La gente estaba indignada de ver a chicos de 15 años llevados por la policía. Hubo violencia.

Yo creo que el gobierno quiso bajar el nivel de involucramiento policial. Hay un problema policial complicado en Francia hoy en día, y no se desplegaron suficientes efectivos en las grandes ciudades. También hubo un problema con los servicios de investigación policial, que no se dieron cuenta de la cantidad de gente que iba a estar presente. Eso tiene que ver con una crisis del Estado, porque se reducen los puestos y ya no pueden hacer su trabajo de investigación.

Hay que recordar que estos servicios cumplen también un papel importante en democracia: permiten organizar un despliegue adecuado para proteger al conjunto de los ciudadanos, tanto a quienes protestan como a quienes no protestan.

El segundo punto es que el prefecto de París decidió prohibir el itinerario que se había previsto inicialmente. Después hubo mucha incertidumbre sobre el recorrido de la manifestación y se formaron varias marchas paralelas. También hubo una intervención policial en la plaza de la República, antes del comienzo de la marcha, cuyas circunstancias tendrán que ser esclarecidas. Eso impidió que algunos manifestantes pudieran acceder a la plaza. Había manifestantes por todos lados, algo que no es corriente. Los servicios de mantenimiento del orden de los sindicatos tampoco podían hacer su trabajo.

Y después están los vecinos que fueron dejados a su suerte. Tuve testimonios de personas cercanas que llamaron a la policía mientras grupos de jóvenes destruían tiendas o entraban en edificios, sin que los agentes llegaran a tiempo. Los barrios alrededor de la plaza de la República quedaron abandonados a su suerte. Eso impactó muchísimo a los parisinos, incluso a personas que no habían participado en las manifestaciones o que no estaban a favor de ellas.

Además, hay que distinguir los perfiles de quienes protagonizaron los disturbios. Una cosa son los grupos radicales de los Black Blocs, que atacan tiendas de grandes grupos internacionales, y otra los jóvenes que venían a robar tiendas de teléfonos celulares o de ropa. Son perfiles distintos.

RFI: Un primer sondeo realizado tras los disturbios apunta a un posible duelo entre la extrema derecha y la izquierda radical. Marine Le Pen duplica en intención de voto al líder de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, que lograría pasar a la segunda vuelta en la mayoría de los escenarios analizados. ¿Los acontecimientos benefician sin ninguna duda a la extrema derecha?

Que esta violencia beneficiara a la extrema derecha fue el sentimiento que la mayoría de la gente tuvo al día siguiente de los disturbios. Incluso un analista se preguntaba qué tienen en la cabeza estos jóvenes que protagonizaron las violencias. Esos jóvenes están jugando en contra de sus propios intereses. Me refiero a los jóvenes de los suburbios franceses, muchos de ellos hijos de la inmigración, que participaron masivamente. Ellos van a pagar muy alto si llega Marine Le Pen al poder. Entonces también es un choque pensar que ellos no entienden esto. Eso muestra su grado de falta de politización.

Y obviamente también está la gente que ve en la televisión, desde las zonas rurales y desde las ciudades pequeñas, situaciones de violencia. Es bastante probable que esos franceses escojan la opción del orden, pero en el clima social actual es poco probable que, si Le Pen es elegida, las cosas vuelvan al orden. Sí, obviamente, el clima político actual beneficia a Le Pen.

RFI: Francia atraviesa una situación fianciera delicada. El rendimiento del bono francés a 10 años superó el umbral simbólico del 5%, por primera vez desde 2002, lo que implica que el país tiene que pagar más por financiarse en los mercados, y su prima de riesgo, que determina la solvencia del país, alcanzó su máximo desde 2011. ¿Qué puede pasar en el frente económico?

Hay muchos trabajos de economistas publicados en los últimos años que muestran cómo las finanzas públicas francesas entraron en crisis tras políticas de subsidios al sector privado y reducciones de impuestos.

Dicho esto, sí, la situación de las finanzas públicas es muy delicada. Además, en un momento en que se está aumentando el presupuesto de defensa. Recuerdo a sus lectores que nos encontramos a unos 2.000 kilómetros de Rusia y bajo una percepción de amenaza vinculada a Rusia. Por eso la defensa se ha convertido en una prioridad durante estos últimos meses.

Todo eso vuelve muy complicado el arbitraje presupuestario que habrá que hacer. Sí, la situación es realmente delicada. Estamos en una crisis que Francia pocas veces ha vivido, porque es una crisis nacional que ocurre además en medio de una crisis regional muy fuerte.

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