En vísperas del Día de la Libertad, que este 30 de mayo marca 65 años del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo, José Horacio Rodríguez habló sin eufemismos: la democracia dominicana no fue un regalo, fue una conquista pagada con exilio, cárcel, tortura y muerte. Y advirtió que hoy, cuando el autoritarismo resurge como tendencia global, esa conquista está lejos de ser irreversible.
Rodríguez, presidente del partido Opción Democrática y exdiputado por el Distrito Nacional, conversó con Mirada Femenina de Acento.com.do en una entrevista que transitó de la política contingente, en especial la salida del senador Antonio Taveras Guzmán del partido de gobierno; el reglamento de encuestas de la JCE, el financiamiento partidario, hacia algo más profundo: la pregunta de qué significa hacer política cuando tu familia puso la vida contra la férrea dictadura.
Una familia en la línea de fuego
La historia personal de Rodríguez no es metáfora. Es archivo.
Su abuelo materno, Óscar Grullón, fue apresado y torturado en la temida cárcel de La 40. Sobrevivió. Del lado paterno, la familia vivió el exilio: su padre nació en Venezuela, hijo de dominicanos que huyeron del trujillismo. Un tío abuelo salió del país con apenas 15 años —después de que mataran a sus compañeros que repartían panfletos— gracias a la intervención de la esposa del embajador venezolano, quien iba a misa con su bisabuela.
Pero la figura más resonante es la de su bisabuelo, Juancito Rodríguez, recientemente declarado héroe nacional por el presidente de la República y cuyos restos fueron trasladados al Panteón de la Patria. Rodríguez lo describió como «quizás uno de los principales opositores a Trujillo por varias décadas», que invirtió gran parte de su fortuna en comprar armas y organizar a los dominicanos en el exilio para derrocar la dictadura.
La historia tiene el peso: cuando Trujillo convocó al abuelo de Rodríguez —José Horacio Rodríguez Vázquez, nombre que el entrevistado lleva— al palacio presidencial en la Zona Colonial para interrogarlo sobre las actividades de su padre, el abuelo pidió permiso para salir del país a «buscarlo por razones de salud». Obtuvo el pasaporte, confirmó que su padre efectivamente conspiraba, y no regresó. Era 1946. Llevaba seis meses casado.
La represalia fue inmediata: su abuela fue encarcelada junto a su madre durante tres años, enviada presa a Higüey pese a ser santiaguera. Tras un «perdón» de Trujillo, salió al exilio y se reunió con su marido en Cuba —cuatro años después de haberse casado, habiendo convivido apenas seis meses.
El abuelo de Rodríguez murió en la Expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo de 1959, comandando las lanchas que llegaban desde Cuba. Cerca de 200 hombres cayeron en esa gesta que se conmemora cada 14 de junio. «Todo eso para liberar al pueblo dominicano», dijo Rodríguez.
«Reincidentes en la esperanza»
La frase que da identidad a Opción Democrática —reincidentes en la esperanza— no la inventó el partido. La tomaron de Minou Tavares Mirabal, hija de Minerva Mirabal, una de las tres hermanas asesinadas por Trujillo el 25 de noviembre de 1960. «Ella siempre dice que como política es reincidente en la esperanza», explicó Rodríguez. «Nosotros la hemos adoptado como partido».
La conexión no es casual. Es una genealogía política. Y en el contexto del 30 de mayo, Rodríguez la desplegó como argumento: la democracia que hoy existe en República Dominicana —«todavía incompleta, todavía con mucho por alcanzar»— tiene un costo que no puede darse por sentado.
«Hoy lo damos por sentado», dijo. «Sin embargo, eso costó. Y eso hay que preservarlo».
El fantasma que no termina de enterrarse
Consultado sobre si el «fantasma de Trujillo» persiste en la sociedad dominicana, Rodríguez fue directo: «Lamentablemente, hay un segmento de la población en el cual ha habido falta de educación, y unos que se beneficiaron también de la dictadura, que quieren seguirnos haciendo creer que aquí hace falta Trujillo. No, jamás en la vida».
La advertencia, sin embargo, apunta más allá de la nostalgia trujillista explícita. Rodríguez señaló una tendencia global: «Los problemas de la democracia no se solucionan volviendo al pasado, a regímenes autoritarios, como es una tendencia que a nivel mundial se quisiera convencernos de que es lo que hace falta». Su respuesta es la contraria: «Los problemas de la democracia se solucionan con más y mejor democracia».
Como ejemplo de adónde conduce el camino opuesto, citó a Venezuela: «Uno de los países que primero implementó la eliminación del financiamiento a los partidos políticos fue la Venezuela de 1999, cuando Chávez llegó al poder. 26 años después, la oposición no ha podido levantar cabeza ni ganar una elección».
El sistema que se blinda a sí mismo
Rodríguez no ahorró críticas al sistema electoral dominicano. Señaló que quienes tienen la mayoría «se han asegurado de blindarlo para perpetuarse en el poder», y puso un ejemplo concreto: la boleta electoral, donde la cara de un mismo candidato puede aparecer hasta 20 veces si es postulado por múltiples partidos, mientras un candidato de partido único —como fue el caso de Virginia Antares por Opción Democrática en 2024— aparece una sola vez y se hace difícil de encontrar.
Sobre la propuesta gubernamental de reducir el financiamiento a los partidos, fue categórico: «Tiene un matiz autoritario». Y defendió el financiamiento público como garantía de independencia: «Si tengo que salir a tocar puertas en el sector privado para conseguir aportes, luego voy a tener que defender esos intereses desde la curul».
Opción Democrática, dijo, publica anualmente en su sitio web el detalle de cómo gasta los fondos que recibe de la Junta Central Electoral —300,000 pesos mensuales, frente a los más de 20 millones que recibe mensualmente el partido de gobierno.
Juventud: cambiar prácticas, no solo rostros
Frente al éxodo —«el 20% de la población dominicana ha decidido emigrar porque no encuentra la calidad de vida que le permita desarrollar sus proyectos de vida»— y a la desesperanza juvenil, Rodríguez rechazó el diagnóstico de apatía: «Cada vez que me dicen que la juventud quizás es apática, hay de todo en todas las generaciones».
Recordó dos décadas de movilizaciones protagonizadas por jóvenes: contra la cementera en Los Haitises, por el 4% para la educación, contra el indulto a una condenada por fraude bancario en 2008, contra los retrocesos de la reforma constitucional de 2010, hasta la marcha a la Plaza de la Bandera en 2020.
Pero su advertencia más afilada fue hacia adentro: «De nada sirve tener rostros jóvenes en la política reproduciendo las mismas prácticas que nos tienen donde estamos hoy». Y añadió: «Ya lo estoy comenzando a ver». El reto, dijo, no es solo el cambio generacional, sino el cambio de a favor de quién se toman las decisiones.
El sentir que recoge Opción Democrática en sus recorridos por el territorio nacional —Santiago, La Romana, San Juan, La Cuaba— es, según Rodríguez, de «decepción total con el actual gobierno, de hartazgo de esa política tradicional». Y también, por primera vez en mucho tiempo, de apertura a apostar por algo nuevo.
«Somos reincidentes en la esperanza», repitió al cerrar. «En algún momento el pueblo dominicano se terminará de dar cuenta de que con la misma receta obtendremos los mismos resultados».
Este 30 de mayo, mientras el país conmemora 65 años del ajusticiamiento de Trujillo, esa frase suena menos como eslogan y más como herencia.
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