He vuelto al martirio durante el fin de semana recién pasado. La muerte inesperada de un pariente ha provocado un viaje rápido no planificado a mi pueblo, Pedernales, municipio distante 307 kilómetros al sudoeste de la capital, en la frontera con Anse-a-Pitre, una comuna misérrima del departamento sur de Haití.

Mientras se avizora en el horizonte local un boom turístico que, de acuerdo al discurso oficial, también impactará positivamente las otras provincias de la empobrecida Región Enriquillo (Independencia, Baoruco y Barahona), la comarca evidencia señales tenebrosas con tendencia a acentuarse por la culpa repartida entre Gobierno y liderazgo político, empresarial, social, cultural, religioso, deportivo, profesional y académico local.

La pugnacidad, el fanatismo y el partidarismo bullen e impiden las sinergias para aquilatar las perspectivas.

Impotentes, hemos vuelto a sufrir el viacrucis de 124 kilómetros de carretera (Barahona-Pedernales), con la vergüenza de “El derrumbao” incluida, en una reconstrucción que ronda las dos décadas, sin visos de terminación y con altos riesgos de accidentes, pese a que es la única vía de acceso a la provincia donde viven humanos dominicanos.

La intervención del tramo Barahona-Enriquillo (49 km) ha pasado la docena de años y cinco el Enriquillo-Pedernales (74), aunque su inauguración fue prometida por el Gobierno para 2024.

Un descenso no anunciado al lugar evidencia en el acto la realidad: escasos equipos y trabajos intermitentes que apuntan a una obra sin final o, al menos, sin posibilidad de terminarla en la actual gestión de Luis Abinader, salvo determinación palaciega.

Al comenzar este 2026, aquello sigue siendo un pandemonio: piedras, hoyos, desniveles bruscos, polvo, falta de señalización… Para completar, en aquel trillo, vehículos pesados (camiones, patanas, tanqueros) y jeepetas rebasando y cortando curvas cerradas a altas velocidades, sin un mínimo de vigilancia de la autoridad.

Este pueblo del sur de la isla La Española podría convertirse en un referente mundial de turismo sostenible y desarrollo integral porque tiene atractivos suficientes.

Resultado: hasta cuatro horas extra de viaje, si “El derrumbe” está quieto; gasto excesivo de combustible, vehículos dañados y un chorro de siniestros viales. El múltiple que ocurrió el sábado 27 de diciembre entre un minibús de 37 pasajeros, una patana cargada de cemento y un carro fue uno más de la cadena.

Brotan, entonces, las preguntas: ¿No era de altísima prioridad la reconstrucción de tal carretera? ¿No se merece la provincia Pedernales una explicación seria sobre las causas de la ralentización insoportable del proceso y el anuncio de un plazo definitivo para el final del suplicio? ¿No tiene derecho, la comunidad, a ser informada, con auditoría técnica a mano, dado que la auditoría visual hecha por viajeros de la zona no cuadra al mirar los tiempos y los resultados?

JUEGO DE LA DISPERSIÓN

El municipio sufre una creciente arrabalización en toda su periferia con el levantamiento de barrios improvisados a golpe de casuchas hechas de la noche a la mañana. Hacia el centro, la urbanización es más formal, pero siempre con base en el capricho, lo cual la convierte poco a poco en caótica.

La planificación territorial sigue pendiente. Cualquiera construye dondequiera y como quiera; instala negocios dondequiera y sin importar la naturaleza… porque basta tener dinero, y no siempre dinero producto del trabajo honrado. Porque hay dinero y hay dinero, aunque -total- en la sociedad dañada de hoy lo que da prestigio es tenerlo y airearlo para consumar la excitación personal e inducir “aplausos de focas”.

El caos en el tránsito resultado de vehículos livianos y pesados y un enjambre de motocicletas moviéndose de manera alocada o estacionando en cualquier sitio, y la arrabalización de la zona institucional y entorno (parque, cancha, academia de música) son indicadores del camino oscuro que se ha emprendido con el aval del laissez-faire histórico de las autoridades.

Allá, los delitos y transgresiones a las normas de convivencia están en función de familiaridades, amistades y relaciones políticas de cara a las urnas. Entretanto, otro joven ha perdido la vida en el fin de semana tras chocar su moto con una pared. Y dos días después, una jeepeta se estrelló en un poste del tendido eléctrico, con resultado de una ciudadana española lesionada y daños graves al vehículo y a la propiedad pública.

Otra señal de deterioro es la trifulca a trompadas y silletazos en que terminó el domingo una competencia entre un equipo de baloncesto local y otro del distrito municipal Juancho escenificada en el polideportivo del municipio cabecera. No hay antecedentes locales sobre ese tipo de desenlace en actividades deportivas. Algunos la atribuyen a euforia de jóvenes; otros, a diatribas entre dirigentes del oficialista Partido Revolucionario Moderno, porque —dicen— la actividad fue patrocinada por un activo aspirante a senador, el cirujano plástico Gebal Matos.

"La intervención del tramo Barahona-Enriquillo (49 km) ha pasado la docena de años y cinco el Enriquillo-Pedernales (74), aunque su inauguración fue prometida por el Gobierno para 2024″, destaca el autor. (Fuente externa).

El tráfico y el consumo de drogas ganan terreno. Jóvenes son atrapados por la enfermedad del consumo; sin embargo, las campanas no doblan por ellos. El irrespeto a los valores originarios se asienta; poco o nada importan los adultos. Los robos día y noche se normalizan. La politiquería, el fanatismo y el “dame lo mío” crecen como la yerba mala.

Los chismecitos entre actores fundamentales de la comunidad, a ratos disimulados, a ratos abiertos, pero siempre descarnados, son profundos y representan un escollo para cualquier iniciativa de unidad de criterios que apueste a revertir la plaga que se reproduce por minuto.

La dispersión y la anomia facilitan el enraizamiento del cáncer social en curso y dan un espaldarazo al desprecio del Gobierno frente a reclamos de soluciones sociales perentorias y al panorama sombrío que cubre la provincia.

Una deuda acumulada enorme en los dos municipios (Oviedo y Pedernales) y la creciente descomposición con pérdida de la identidad hallará el Consorcio Cabo Rojo (Grupo Puntacana), que -de acuerdo al gerente Simón Suárez- se integra a partir de este enero como socio estratégico del proyecto de desarrollo turístico de Pedernales. Muy difícil, porque aunque su trabajo se circunscribirá a administración del complejo turístico y aeropuerto distantes de la cotidianidad pedernalense, la promesa gubernamental es de un turismo diferente al de los polos del este y el norte.

Si el Gobierno se ha propuesto construir un destino turístico que no se agote en una ciudad de lujo versus ciudad del padecimiento, como ha planteado desde el día 1, urge que sus funcionarios se quiten las anteojeras y los tampones de los oídos para atender reclamos justos sobre soluciones sociales que ayuden a balancear la carga sobre el burro y así sintonizar más con los criterios del turismo sostenible que priorizan la participación comunitaria y el desarrollo integral.

Y esa búsqueda comienza por un acto de humildad: entender que quien critica con buena intención no es un enviado del “enemigo” o un chantajista o extorsionador mediático de los tantos que abundan en el mercado, sino un aliado alternativo que lo alerta sobre los peligros humeantes que otros tienen que ignorar por “razones especiales”.

Este pueblo del sur de la isla La Española podría convertirse en un referente mundial de turismo sostenible y desarrollo integral porque tiene atractivos suficientes. Pero es necesario sentarse para evaluar y enmendar fallas, sin prejuicios. La testarudez de un lado y de otro juega contra nosotros, los pedernalenses.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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