En una misma isla se formaron dos pueblos, se afirmaron dos proyectos nacionales y se escribieron dos historias que, pese a sus diferencias, nunca han podido desenvolverse enteramente al margen la una de la otra.

Esa es una de las grandes singularidades de nuestra historia antillana. Y es, también, el punto de partida de la obra que hoy le presentamos.

Historia de las relaciones domínico-haitianas, escrita conjuntamente con el embajador e historiador Alberto Despradel Cabral, constituye el resultado de un esfuerzo intelectual encaminado a comprender, desde una perspectiva histórica y documental, las complejas relaciones entre las dos naciones que comparten la isla de Santo Domingo.

Para quienes hemos dedicado una parte importante de nuestra vida al estudio de la historia, pocas tareas resultan tan exigentes como aproximarnos a aquellos acontecimientos que todavía suscitan controversias, despiertan sensibilidades y condicionan nuestra interpretación del presente.

La cuestión domínico-haitiana pertenece, indudablemente, a esa categoría.

Su estudio nos sitúa ante las rivalidades de los imperios coloniales, los procesos de formación de dos sociedades distintas, las luchas por la independencia, las disputas territoriales y las relaciones diplomáticas que, entre períodos de confrontación y entendimiento, han contribuido a definir la historia de ambos Estados.

Pero también nos obliga a considerar un problema de mayor profundidad: la manera en que cada nación ha construido su propia memoria histórica y ha interpretado, desde ella, la existencia de la otra.

En esa dimensión encontramos uno de los desafíos fundamentales de nuestra investigación.

Porque estudiar las relaciones domínico-haitianas exige, ante todo, la disposición de examinar críticamente aquello que creemos conocer.

Esta obra es una segunda edición, revisada y ampliada, de un texto que fue galardonada con el Premio Nacional de Historia José Gabriel García 2010.

El primer tomo examina los orígenes coloniales de las relaciones insulares, la configuración de los establecimientos español y francés, el proceso revolucionario de Saint-Domingue y el surgimiento del Estado haitiano.

Posteriormente, aborda la independencia dominicana de 1844, las confrontaciones del siglo XIX y los esfuerzos diplomáticos mediante los cuales ambos países procuraron definir sus relaciones políticas y territoriales.

El segundo tomo continúa el análisis hasta el año 2000, recorriendo etapas decisivas como las intervenciones estadounidenses, los acuerdos fronterizos, la dictadura de Trujillo, los acontecimientos de 1937 y las transformaciones de las relaciones bilaterales durante la segunda mitad del siglo XX.

A lo largo de sus páginas, el lector encontrará tratados, convenios, correspondencia diplomática, declaraciones oficiales y otros testimonios que permiten examinar directamente las decisiones, las controversias y los esfuerzos de negociación de distintas épocas.

La presencia de estas fuentes responde a una convicción que compartimos los autores: el historiador no debe conformarse con reproducir interpretaciones, por autorizadas que parezcan, cuando dispone de la posibilidad de contrastarlas con los testimonios del pasado.

En este empeño hemos acudido también a la historiografía dominicana, haitiana y extranjera. Porque una historia en la que intervienen dos sociedades, y sobre la que han gravitado intereses de distintas potencias, requiere escuchar y confrontar más de una tradición historiográfica.

Con el hermano Alberto Despradel Cabral he compartido la autoría de esta obra y de otras tantas: tres de ellas han obtenido el Premio Nacional de Historia José Gabriel García en los años 2010, como esta, pero también el del  2015 con “Diplomacia Insular” y su más reciente versión 2024, con “Historia de la Frontera Dominico-Haitiana”.

En este caso en especial, me satisface profundamente que este esfuerzo conjunto llegue hoy a los lectores bajo el sello editorial de la Academia Dominicana de la Historia.

La decisión de publicar esta segunda edición fue adoptada por la anterior Junta Directiva de la Academia Dominicana de la Historia, correspondiente al período 2022-2025, bajo la presidencia del distinguido historiador Juan Daniel Balcácer.

Dicha aprobación quedó consignada en el acta vigésima cuarta de esa Junta Directiva, de fecha 4 de junio de 2025.

Nuestro más sincero agradecimiento por haber autorizado la  publicación de esta obra, ya agotada, pues le brinda la oportunidad a las nuevas generaciones de conocer y estudiar la misma.

Lo hago con la gratitud del autor, pero también con el sentido de responsabilidad institucional que me corresponde como actual presidente de la Academia.

Las instituciones no se engrandecen únicamente por las iniciativas de quienes las dirigen en un momento determinado. Su fortaleza reside, sobre todo, en la continuidad de sus propósitos, en la acumulación de sus aportes y en la capacidad de reconocer los méritos de quienes nos precedieron.

La vida institucional es, por naturaleza, una obra colectiva.

Cada gestión recibe una herencia de responsabilidades y realizaciones; cada una está llamada a enriquecerla y a transmitirla a quienes habrán de continuarla.

Finalmente, quiero dejar constancia de que nuestra aspiración con esta obra, es seguir contribuyendo a que el conocimiento de las relaciones domínico-haitianas descanse sobre bases documentales cada vez más sólidas y sobre una comprensión más rigurosa de su evolución.

Si estas páginas sirven para estimular nuevas preguntas, abrir caminos a otras investigaciones y enriquecer el debate historiográfico, habrán cumplido una parte esencial de su propósito.

Miguel Reyes Sánchez

Escritor y abogado

Historiador y presidente de la Academia Dominicana de la Historia.

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