"El hambre es la miseria que se sienta a la mesa", escribió Víctor Hugo en Los Miserables. Esta frase, más que una licencia literaria, es una realidad que persiste en el siglo XXI. A pesar de los avances tecnológicos y el aumento en la productividad global, el hambre sigue siendo un desafío que pone a prueba la dignidad humana. Según el informe SOFI 2024 de la FAO y organismos de la ONU, cerca de 733 millones de personas padecieron hambre en 2023, lo que representa a 1 de cada 11 habitantes del planeta.

La crisis es multidimensional: 2.330 millones de personas enfrentaron inseguridad alimentaria moderada o grave, y más de 2.800 millones no pudieron costear una dieta saludable. Mientras África registra una prevalencia del 20,4 % y Asia del 8,1 %, América Latina ha mostrado una mejora con un 6,2 %. Sin embargo, las proyecciones advierten que, de no cambiar las tendencias, unos 582 millones de personas sufrirían subalimentación crónica para 2030.

En este complejo contexto global, la República Dominicana ha marcado un hito histórico. En julio de 2026, la FAO confirmó que el país ha reducido la subalimentación a menos del 2.5 %, logrando salir oficialmente del "Mapa del Hambre". Este éxito es el resultado de décadas de esfuerzos sostenidos y políticas de Estado coherentes que han priorizado la seguridad alimentaria.

Históricamente, el país apostó por el fortalecimiento de la producción agrícola, la expansión del crédito rural y la modernización de los sistemas de riego. Si bien en el periodo 2004-2006 la subalimentación alcanzaba un preocupante 21.3 %, la determinación política logró revertir esta tendencia. Bajo la gestión del presidente Luis Abinader, iniciada en 2020, la seguridad alimentaria se convirtió en una prioridad absoluta, incluso ante la adversidad de la pandemia y el impacto de la guerra en Ucrania sobre los mercados internacionales de fertilizantes y granos.

La estrategia "Hambre Cero" no fue un esfuerzo aislado. Fue el resultado de una sinergia entre el Gobierno, productores, me correspondió colaborar como nutricionista con Wilfredo Cabrera,  esforzado líder de CONFENAGRO— y la sociedad civil. La producción nacional alcanzó niveles que cubren más del 85 % de la demanda interna, mientras que los programas sociales protegieron a los sectores más vulnerables. El reconocimiento de la FAO, que otorga la Medalla Agrícola al presidente Abinader, valida un modelo de gestión que prioriza la soberanía alimentaria como un compromiso nacional.

Salir del "Mapa del Hambre" es un triunfo que trasciende colores políticos; es un logro del pueblo dominicano. Sin embargo, el éxito no implica el fin de los desafíos. El horizonte ahora se desplaza hacia la calidad nutricional y la sostenibilidad. El reto es consolidar los avances, fortalecer la agricultura familiar y garantizar que cada dominicano tenga acceso pleno a alimentos saludables.

La experiencia dominicana demuestra que, con voluntad política y una planificación efectiva, es posible transformar realidades. Mientras el mundo lucha contra cifras alarmantes, la República Dominicana se erige como un referente de resiliencia. Erradicar el hambre no solo es una meta estadística, sino la base indispensable para el desarrollo humano y la construcción de una nación más justa y digna.

Williams De Jesús Salvador

Médico y empresario.

Director de la Comisión de Salud del Consejo Regional de Desarrollo, Inc. (CRD), médico y experto en desarrollo sanitario.

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