La gran noticia de los resultados del proceso eleccionario en Israel, el pasado 27 de octubre, no fueron los votos que obtuvieron el primer ministro Benjamín Netanyahu y el aspirante a esa posición, Gadi Eisenkot.
La sorpresa que ha trascendido al mundo ha sido la participación masiva en esta contienda de los inmigrantes árabes que viven en Israel.
Su participación en este sufragio fue masiva. Cerca del 80% de ellos, que constituyen un 21% de la población israelí con 2,095,000 habitantes para 2024, salieron a ejercer ese mandato parlamentario.
Lograron con su votación que ninguno de los lideres de los partidos mayoritarios israelíes, Netanyahu y Eisenkot, alcanzara los 61 escaños necesarios para declararse ganador del proceso.
El Likut, partido de Netanyahu que integra una coalición de ultranacionalistas y judíos ultra-ortodoxos, obtuvo 53 escaños de los 120 que conforman el Parlamento.
Eisenkot, su más cercano competidor, del partido Yashar, obtuvo 48, y los partidos minoritarios que agrupan a la comunidad árabe obtuvieron 19.
Por el momento, Netanyahu seguirá siendo el primer ministro interino hasta tanto uno de los participantes logre obtener los 61 escaños requeridos en otra contienda electoral. No es la primera vez que esto ocurre.
En esta oportunidad, los inmigrantes árabes-israelíes tienen poder político significativo dentro del Parlamento de Israel con 19 escaños.
Para lograrlo conformaron una coalición de tres partidos opositores para luchar contra el régimen de Netanyahu. ¿Qué los motivó a votar masivamente? El miedo.
Los electores árabes han estado denunciando por mucho tiempo los ataques antisemitas, la libertad de expresión y el racismo contra la comunidad árabe-israelí por parte del régimen ultraderechista que gobierna en Israel.
Ante el estancamiento político generado, ahora resulta que Netanyahu deberá negociar para lograr obtener el triunfo en las próximas elecciones.
La posición de Netanyahu es clara y firme ante sus seguidores: "No podemos dejar esta batalla en manos de la izquierda y de los partidos árabes que quieren acabar con el Estado judío. O la derecha o palestina”.
¿Quiénes conforman la coalición partidaria árabe? El partido islamista Ra’am liderado por Mansour Abbas, un político palestino-israelí apoyado por grupos árabes, antisionista y la Hermandad Musulmana.
Si Netanyahu no lo logra negociar y pierde, sabe que fuera del poder se verá obligado enfrentar una demanda judicial pendiente, acusado de cometer soborno, fraude y abuso de confianza, supuestamente cometidos durante su cuarto y quinto periodo de mandato.
Eisenkot, ex jefe del ejército del régimen de Netanyahu y su partido Yashar, también está detrás de conquistar el nuevo poder político de los árabes de Israel, para conseguir mayoría parlamentaria.
Por la forma en que va creciendo la comunidad árabe en Israel, no dudo que, en un futuro próximo, el cargo de primer ministro sea ocupado por un israelí descendiente de árabes y/o palestinos.
Algo similar está ocurriendo en EE.UU. Millones de inmigrantes de Oriente Medio, Europa, Centro, Suramérica y el Caribe han emigrado a esta gran nación del norte para hacer una nueva vida.
Al obtener la ciudadanía estadounidense, muchos ya han logrado puestos electivos en el Congreso, la gobernación estatal, alcaldía y en el consejo municipal de los EE.UU.
Son muy elevadas las posibilidades de que nacionales árabes (palestinos y musulmanes) aumenten su número en esos puestos gubernamentales este 3 de noviembre, con el apoyo del Partido Demócrata.
Dentro de las primarias de ese partido han logrado posicionar a 51 candidatos musulmanes para esas elecciones. De ganar esos puestos, podrían lograr que el Partido Republicano pierda mayoría en el Congreso y consolidar poder político dentro de los EE.UU.
La arenga de campana de Netanyahu de “O la derecha o Palestina” la tendrían que proponer los republicanos a los votantes estadounidenses en las elecciones presidenciales de 2028: “O la derecha o los musulmanes”.
De la misma manera en que un descendiente árabe o palestino logre en el futuro ocupar el cargo de ministro de Israel, esa posibilidad podría ocurrir mucho más rápido en los Estados Unidos, pero con un descendiente de origen hispano gobernando en la Casa Blanca.
Esa realidad podría ocurrir tan pronto como en el 2028 ya que el cubanoamericano y actual secretario de Estado, Marcos Rubio, se ha convertido en uno de los políticos más influyentes de la Administración de Donald Trump y el de mayor arraigo dentro del Partido Republicano.
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