La reciente decisión de establecer un Día Nacional del Físico merece ser celebrada. Reconocer a quienes han contribuido al desarrollo de la física en República Dominicana y llamar la atención de los jóvenes sobre una disciplina fundamental solo puede ser motivo de satisfacción. Pero lo positivo en la intención de la iniciativa no debe hacer pasar por alto preguntas sobre el mensaje que se quiere transmitir a la sociedad y la concepción de la ciencia que la acompaña.

En este sentido, el Día Nacional del Físico tiene luces, pero también algunas sombras, y esto ofrece una buena ocasión para volver sobre una cuestión planteada hace cinco años en Acento, en el artículo «La encrucijada de la física dominicana»: ¿qué física queremos para la República Dominicana y cómo queremos que se desarrolle?

La nota al respecto de la Academia Dominicana de Ciencias, ha sido publicada, mejor dicho transcrita, por varios periódicos sin que ninguno le dedicara un artículo de redacción. Esto vuelve a poner de manifiesto la insuficiencia del periodismo científico en el país.

La limitada cobertura mediática no debe confundirse, sin embargo, con la percepción social de la iniciativa generada por esa nota. Esta se sitúa en el marco de los objetivos que ella  destaca: promover la física entre los jóvenes, reforzar su enseñanza, difundir la ciencia, atraer nuevas generaciones hacia ella y valorar la ciencia como instrumento de desarrollo.

Son objetivos importantes. Sin embargo, el que la iniciativa se perciba finalizada en la enseñanza, la divulgación y la promoción de la ciencia, y que apenas aparezca vinculada de forma parcial al desafío, más amplio y estratégico, de desarrollar concretamente las capacidades científicas y tecnológicas del país, evitar que aumente la brecha con los países más avanzados, participar activamente en la ciencia, es un retroceso histórico. Más ambicioso lo que Sarmiento indicaba a Argentina hace 150 años.

Es el problema de siempre cuando en el Sur al querer hacer realidad el derecho a la ciencia, reconocido por las Naciones Unidas: se destaca el derecho al acceso y a la utilización de la ciencia mientras el de hacer ciencia queda como un derecho menor.

La pregunta que surge entonces es: ¿Qué concepción de la física y de su futuro expresa esta iniciativa?

La física contemporánea no es una disciplina aislada, ni científica ni geográficamente. Se encuentra en la frontera con la química, la biología, las matemáticas, la informática, la medicina y las ciencias de la Tierra. Está detrás de tecnologías fundamentales para la energía, las comunicaciones, los nuevos materiales, la medicina, la computación y la exploración del espacio. Las grandes instalaciones científicas son internacionales por su propia naturaleza y reúnen investigadores de numerosos países y disciplinas.

En este sentido, la fecha escogida no parece dar la señal deseada. En distintos países de América Latina esta clase de celebraciones de la física tienen lugar en fechas diferentes: Paraguay el 16 de mayo, Brasil el 19, Argentina el 7 de junio, Panamá el 13, Perú el 31 y México el 10 de diciembre. La elección de la fecha responde a criterios variados. Cuando son explicitados, esto indirectamente indica el rol y la valoración de la física en el país. Brasil, el país de mayor desarrollo, escogió recordar algo de alcance mundial: el annus mirabilis de Einstein y de la física moderna, 1904; Panamá recuerda el primer físico panameño, mientras Perú y República Dominicana han optado por recordar fechas organizativas, las de fundación del Colegio de los Físicos Peruanos y de la Sociedad Dominicana de Física, respectivamente.

La diversidad de fechas, más que revelar una voluntad de aislamiento, es indicativa también de la escasa integración científica latinoamericana. En una región en la que muchas comunidades científicas son relativamente pequeñas, resulta difícil alcanzar un acuerdo en una fecha significativa para todos y cada país desarrolla su iniciativa dentro de sus propias fronteras.

Aun así, celebrar la física como una profesión y una comunidad nacional está bien, pero no hay que olvidar que es una ciencia universal, interdisciplinaria y cooperativa. No son concepciones incompatibles, a menos que la primera sustituya a la segunda.

El desafío no consiste en sustituir la proyección nacional, sino en complementarla con una visión regional que permita compartir capacidades, programas de formación, infraestructuras y oportunidades para las nuevas generaciones. La física, como la ciencia en general, difícilmente puede desarrollarse plenamente en América Latina mediante esfuerzos nacionales aislados; requiere espacios de cooperación que permitan construir una comunidad científica regional.

El problema no es que una asociación nacional utilice el Día Nacional del Físico para fortalecer su imagen sino el mensaje implícito. El nacimiento de una sociedad científica nacional es un episodio importante para una comunidad profesional; pero es legitimo pensar que hay eventos internos al desarrollo de la ciencia que históricamente son más significativos.  El primer CURCCAF en República Dominicana pudiera haber sido un hito de mayor trascendencia para recordar, por ser un primer paso para la internacionalización de la incipiente física dominicana. Reconozco que esta consideración expresa una concepción diferente: la idea de que el desarrollo de la física dominicana es parte de un fenómeno científico latinoamericano.

Se trata de distinguir el rol de iniciativas de distinto alcance y de visión diferente sobre cómo un país desarrolla su ciencia. Una sociedad nacional de científicos contribuye a consolidar una comunidad profesional; una iniciativa regional contribuye a ampliar su horizonte, sus vínculos y su masa crítica.  Reconocer esos hitos es correcto, pero no transmiten necesariamente el mismo mensaje.

La experiencia reciente ofrece algunos motivos para preguntarnos si el riesgo de una visión excesivamente nacional de la física está más arraigado en nuestro país de lo que podría parecer.  Hace cinco años señalaba que en 2020 no se logró celebrar un Congreso Latinoamericano de Física. Aquella iniciativa habría ofrecido una oportunidad excepcional para insertar a los físicos dominicanos en una comunidad científica mucho más amplia. No se hubiera tratado solamente de participar en un congreso: estos espacios permiten establecer colaboraciones, conocer nuevas líneas de investigación, encontrar oportunidades de formación y poner en contacto a investigadores y estudiantes que difícilmente podrían encontrarse dentro de una comunidad aislada.

Algo semejante puede observarse en los espacios científicos de carácter interdisciplinario. Precisamente allí donde la física podría encontrar nuevas posibilidades de colaboración, su presencia en el congreso anual del MESCyT parece haberse reducido de manera preocupante. En un momento en que las fronteras entre disciplinas son cada vez más importantes, perder presencia en esos espacios significa también perder oportunidades.

La experiencia editorial ofrece otra señal. Hace algunos años se anunció la creación de una revista caribeña de física, una iniciativa que, por su propia vocación regional, habría requerido desde el principio una cooperación amplia entre las comunidades científicas del Caribe. En mi artículo de 2021 señalaba que, pese al anuncio realizado en 2019, el primer número todavía no había aparecido. En 2026 tampoco, ni mejor suerte tiene quien trate de acceder al portal de otra iniciativa editorial, la Revista Dominicana de Física

No se trata de cuestionar aquellas iniciativas, sino de extraer una lección más general. Una revista científica necesita autores, lectores, editores, árbitros y continuidad.  Si pretende ser regional, necesita una base regional real. Cuando la masa crítica es limitada, reproducir dentro de un país estructuras que funcionan en comunidades científicas mucho mayores puede ser extremadamente difícil.

La conclusión, obviamente, no es que la República Dominicana no pueda tener sus propias instituciones científicas. Sería absurdo. Las instituciones nacionales son indispensables. La cuestión es cómo integrarlas en un espacio científico más amplio. Una comunidad científica pequeña no se fortalece intentando reproducir dentro de sus fronteras todas las estructuras de una comunidad científica grande. Necesita, por el contrario, conectarse.

Aquí vuelven las dos preguntas que planteaba hace cinco años.

La primera no debería formularse como una elección entre lo dominicano y lo regional. Una física dominicana integrada regional e internacionalmente sigue siendo plenamente dominicana. La verdadera elección es entre una comunidad relativamente aislada y una que participe activamente en redes latinoamericanas, caribeñas y mundiales. La experiencia de la no participación en los doctorados regionales promovidos por el CSUCA en 2012, para perseguir una perspectiva nacional que solamente ahora empieza a concretarse (y no sin incertidumbres), debería ser objeto de reflexión

La segunda pregunta es igualmente importante. Consolidar las capacidades existentes es necesario, pero no suficiente. Si queremos atraer nuevas generaciones hacia la física, no podemos limitarnos a reproducir los campos que ya se cultivan en el país. Es necesario mostrar también las fronteras de la disciplina y abrir caminos hacia áreas que hoy apenas existen o no existen en la República Dominicana. Esto no se puede hacer solamente con doctorados nacionales. Habrá que seguir formando doctores en el exterior como manera eficaz de ampliar rápidamente las capacidades de un país que todavía no dispone de programas doctorales suficientemente amplios.

Esto lleva inevitablemente a una cuestión más de fondo: ¿qué política debe tener el país para formar y, sobre todo, para incorporar a los físicos que necesita para su futuro? Una política de formación avanzada solo tiene sentido si está acompañada por una política de absorción de esos recursos humanos por el propio sistema científico, universitario y tecnológico. Pero, si al regresar esos investigadores no encuentran plazas, grupos de investigación, laboratorios, equipamiento y posibilidades reales de desarrollar su trabajo, la inversión realizada en su formación puede terminar beneficiando principalmente a los sistemas científicos de otros países.

La cuestión, por tanto, no es simplemente cuántos doctores en física puede formar la República Dominicana, sino qué capacidades quiere construir y cómo piensa integrarlas en su propio sistema. Esto requiere una planificación que relacione la formación doctoral con las necesidades científicas y tecnológicas del país, con las nuevas áreas que se quieren desarrollar y con las instituciones capaces de acoger a los investigadores una vez formados.

Una política de este tipo permitiría además que la formación en el exterior dejara de ser una salida individual y se convirtiera en un instrumento de construcción de capacidades nacionales. Los jóvenes dominicanos podrían formarse en centros de excelencia de otros países, establecer redes internacionales y regresar con conocimientos y contactos que contribuyeran a desarrollar nuevas líneas de investigación en el país.

La física está cambiando rápidamente. Sus fronteras con los materiales, la biología, la medicina, la informática, la inteligencia artificial, la energía, el clima y las ciencias de la Tierra son cada vez más porosas. Para un país con una comunidad científica pequeña, participar en estas nuevas áreas y en las grandes redes internacionales no es un lujo: es una condición para ampliar la masa crítica y acceder a capacidades que difícilmente podrían desarrollarse exclusivamente dentro de las fronteras nacionales.

Por eso, la regionalización no debe entenderse como una alternativa a la construcción de capacidades nacionales, sino como uno de sus instrumentos. Una física dominicana integrada en redes latinoamericanas, caribeñas e internacionales puede ofrecer a sus estudiantes e investigadores oportunidades de formación, colaboración e investigación que una comunidad aislada difícilmente podría proporcionar. La cuestión no es escoger entre lo nacional y lo internacional, sino construir instituciones nacionales capaces de actuar en un espacio científico mucho más amplio.

El Día Nacional del Físico puede ser, precisamente, una ocasión para abrir esta discusión.

Ahí están, quizá, las luces y las sombras de la iniciativa. La luz está en reconocer la importancia de la física y de quienes la han desarrollado en el país. La sombra aparecería si ese reconocimiento se limitara a sugerir una concepción de la ciencia excesivamente encerrada dentro de las fronteras nacionales.

Hace cinco años hablaba de una encrucijada. Hoy, el Día Nacional del Físico ofrece una nueva oportunidad para volver a plantearla: ¿queremos simplemente consolidar una comunidad profesional nacional o queremos construir una física dominicana capaz de participar plenamente en la ciencia latinoamericana y mundial?

La verdadera celebración de la física dominicana no debería consistir solamente limitarse a dedicarle un día y conmemorar el pasado. Debería consistir en darle un futuro que la coloque a la par de os países latinoamericanos más avanzados.

Galileo Violini

Físico

Galileo Violini Maestría en Física de la Universidad de Roma (hoy Universidad La Sapienza). Ex profesor de Métodos Matemáticos de la Física en las Universidades de Roma y Calabria y en la Universidad de los Andes, Bogotá. Cofundador y Director emérito del Centro Internacional de Física de Bogotá. Premio John Wheatley y Premio Joseph A. Burton Forum Award de la American Physical Society (APS), Premio Spirit of Abdus Salam del Centro Internacional de Física Teórica "Abdus Salam". Reconocimiento Salvadoreño Destacado del Gobierno de El Salvador. Miembro Honorario de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Miembro de la Academia Mundial de Arte y Ciencia. Fellow de la Sociedad Americana de Física. Miembro de la Carrera del Investigador Dominicano. Ex Director de un programa de la Unión Europea para la Facultad de Ciencias de la Universidad de El Salvador. Ex Representante de la UNESCO en la República Islámica de Irán y Director de la Oficina de Teherán. Doctor Honoris Causa de la Universidad Ricardo Palma de Lima, Consultor de los Gobiernos de Guatemala y República Dominicana, de la UNESCO, CSUCA, ICTP y otros organismos nacionales e internacionales. Autor de unas 400 publicaciones, en Política Científica, Física, Enseñanza de las Ciencias, Epidemiología, Historia de la Ciencia. Copresidente del Comité Ejecutivo de la Iniciativa Lamistad (Fuente de Luz del Gran Caribe) para establecer un segundo Sincrotrón Latinoamericano en la región. Ha promovido la participación de Irán en el CERN, los doctorados regionales del CSUCA en Física y Matemáticas, la cooperación interregional entre América Latina y África, y, como miembro del Foro de Física Internacional Physics del APS, la colaboración entre el APS y América Latina. Ha organizado más de doscientos eventos científicos, en su mayoría en el CIF.

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