El PRM acaba de celebrar su onceavo aniversario de fundación oficial y entra en su sexto año de gestión gubernamental. Hacia adelante, enfrenta tres grandes retos que influirán de manera decisiva en sus perspectivas electorales en el 2028: 1) mantener la economía a flote, 2) evitar más escándalos de corrupción al estilo SENASA, y 3) mantener el partido unido.
La economía. A pesar de los vaivenes económicos y políticos del mundo, la República Dominicana ha logrado mantener durante los últimos 20 años relativa estabilidad macroeconómica; o sea, inflación y devaluación del peso moderadas y crecimiento económico aun reducido como el año pasado.
La población, de hecho, ha asumido de manera estoica la inflación pospandémica y no castigó electoralmente al PRM en las elecciones de 2024.
Las incertidumbres internacionales, paradójicamente, podrían jugar a favor del PRM porque la sociedad dominicana no demanda mucho en condiciones adversas que llegan de otros confines; siempre y cuando la situación económica no se deteriore significativamente.
Para el Gobierno es pues fundamental mantener por lo menos la relativa estabilidad macroeconómica.
La corrupción. Aunque se han registrado escándalos de corrupción desde el inicio del Gobierno del PRM, se vieron como percata minuta en un país de larga y extendida corrupción.
El caso SENASA, sin embargo, rompió esa percepción por la magnitud del monto que se atribuye a ese entramado y por la importancia de esa institución para la salud de la gente, que cada vez más ve incosteables los servicios médicos.
Además, no puede olvidarse que el PRM llegó al poder con la bandera anticorrupción. Todo lo que salga a la luz pública y manche esa bandera tiene algún costo político para el Gobierno, aunque no se vea inmediatamente, y aunque se argumente que ahora se envían los corruptos a la justicia.
Sucesión presidencial. Entre el 2026 y 2027 se desarrollará la lucha por la sucesión en la candidatura presidencial del PRM. Todos los partidos gobernantes en la República Dominicana (PRSC, PRD y PLD) han fracasado tarde o temprano en vencer el caudillismo y establecer mecanismos democráticos de selección, o en respetar los resultados de las contiendas internas. Han probado ser poco democráticos en la democracia en que compiten.
Las divisiones han llevado a la irrelevancia electoral del PRSC y del PRD, y a la persistente división del peledeísmo desde el 2019 que dificulta su competitividad electoral. En ese espejo de la debacle que traen las divisiones debe verse el PRM en la medida que se vayan haciendo más públicas las aspiraciones presidenciales.
Hay dos interrogantes cruciales: ¿qué papel jugará el presidente Luis Abinader: tomará partido a favor de algún o alguna aspirante o será moderador del proceso de selección de candidatura? ¿Aceptarán los perdedores de las primarias o convención los resultados de las votaciones?
Por la experiencia del pasado, sabemos que los presidentes dominicanos se resisten a abandonar su papel todopoderoso cuando les toca salir del poder. Por ejemplo, ni Leonel Fernández ni Danilo Medina sueltan la dirección de sus partidos. ¿Hará Abinader lo mismo o no?
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