Llegó el Día de Reyes, y con ello una retórica en evolución guiada por el mercado y el conflicto del individualismo. Tendrán que ser magos los reyes para afrontar el dilema de una sociedad que cada vez se divide más: por un lado, está el niño glotón, que lo quiere todo y se le da todo, y por ello hace lo que sea para alcanzarlo; por otro, el niño que en el Día de Reyes solo espera un regalo, lo valora y lo atesora como algo muy importante; y, por último, está aquel niño que no recibe regalo, el desposeído, quien mantiene siempre su esperanza en alto a pesar de no haber recibido en años anteriores.

Puede ser un error en el sistema GPS de los reyes; él no lo sabe. Y aunque se cuestiona, mantiene su felicidad intacta y vuelve a sonreír con lo único que posee: el amor de sus cercanos.

Desde los cimientos de la niñez se van creando las características que definen a una sociedad. La nuestra va madurando, arraigando una cultura peligrosa de excesos y degradación moral. El problema no es el dinero, sino lo que provoca y hasta dónde es capaz el hombre de comprometer cualquier código moral para alcanzarlo, como escribiera Shakespeare en uno de sus pasajes de Timón de Atenas:

¿Oro? ¿Oro precioso, rojo y fascinante?

Con él se torna blanco el negro y el feo, hermoso;

Virtuoso el malvado; el anciano, mancebo;

Valeroso el cobarde y noble el ruin.

El oro desplaza al sacerdote del altar

Y retira la almohada a quien yace enfermo.

Este esclavo dorado ata y desata vínculos consagrados;

Bendice al maldito, hace amable la lepra, honra al ladrón

Y le da rango, poder y preeminencia

En el consejo de los senadores; conquista pretendientes

A la viuda anciana y corcovada.

Es bálsamo que rejuvenece, pinta con colores la primavera

A los cuerpos cubiertos de llagas pútridas,

Arrojados con asco de los hospitales.

¡Oh, maldito metal,

Vil ramera de los hombres,

¡Qué enloquece a los pueblos!

La pregunta obligada es: ¿Hasta dónde es suficiente para ser feliz y hasta qué punto estamos dispuestos a sacrificar nuestra moral con el propósito de diferenciarnos de los demás en el ámbito material? Aquello que en el barrio, de manera coloquial, llaman “romper ojos”, y que el gran filósofo popular Don Míguelo entendió bien cuando dijo en una de sus canciones: “No es tener 100, es tener 50 y gozar mejor”.”

Como es sabido, nadie aprende en cabeza ajena, y es por ello que se precisa la autoridad pertinente para corregir: en las casas, nuestros padres; en la sociedad, el Estado. En primera instancia, urge cambiar el inicio de la sociedad, levantando la conciencia crítica a través del ABC de la educación. Este proceso puede resultar lento, pero es la base sólida sobre la cual se sostiene una convivencia sana y apegada a lo esencial. En segunda instancia, contar con un régimen de consecuencias que permita discernir el bien del mal, pero que también busque mitigar los actos de corrupción.

Para que los Reyes nos dejen a todos, debemos encaminar a nuestra sociedad por un rumbo diferente y sin excepciones. Que el glotón entienda que puede ser feliz con menos y no con todo. Que el indecoroso sepa, de buena o mala manera, que no debe incurrir en actos inmorales para llenar sus placeres, mucho menos cuando estos son a costa de voces inocentes.

Darwin dijo que descendíamos de los monos; la interrogante es si seguiremos descendiendo del mismo y nos comeremos cabeza con cabeza en una lucha por lo superficial. Redefinamos ya nuestra sociedad, cerremos los márgenes que nos diferencian y hagamos de nuestro entorno un lugar más agradable para que Melchor, Gaspar y Baltasar puedan llegar para todos.

José Rafael Vargas C. (hijo)

Tecnología

Formado enel Instituto Tecnológico Las Américas (ITLA), Culminó la carrera de Publicidad en la Universidad APEC. Post Grado en Comunicación Corporativa la Universidad de Barcelona. Desde el 2004 trabaja en el Banco Central.

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