"Mi hogar es donde está mi corazón" Josefina Báez

Una chica joven y llena de energía, luego una señora con el cabello largo y desparramado, luego un joven negro con la cabeza pelada casi a rape, luego otro medio blanquito que dice que es performero, luego una señora mayor que confiesa que esta es la primera vez que se lee un libro completo y luego otra persona y luego otra y otra, luego, luego, luego…

Es un grupo de más de 40 personas de todas las edades, pero predominan las más jóvenes. Y están haciendo lo que supuestamente no le gusta hacer a la gente: leer literatura. Y lo hacen, además, en voz alta y en público delante de gente conocida y de personas que recién acaban de conocer. Al principio lo hacen tímidamente, casi nadie se atreve. Pero poco a poco la lectura se hace comunal. Las gotas de la llave se van haciendo río. Nadie quiere quedarse sin leer su parte favorita del libro. Miro a mi alrededor y veo las sonrisas de complicidad mientras unos asienten y otras hacen sonidos de aprobación escuchando con los ojos cerrados como diciendo «ufff, sí, ¡ese también me encanta!»

El lugar fue el Taller Público Silvano Lora en la Zona Colonial de Santo Domingo. El día fue un jueves. La fecha fue el 15 de diciembre del 2011 y empezamos poco después de las 7 de la noche. El evento fue la puesta en circulación del libro Levente no. Yolayorkdominicanyork. La autora era la escritora y teatrista Josefina Báez y nos dijo desde el inicio que no iba a leer, que la invitación era a que leyéramos quienes estábamos. Hubo quienes habíamos llevado nuestro ejemplar y sabíamos lo que queríamos leer, hubo quienes compraron o tomaron prestado el libro y ahí mismo leyeron lo que más les llamó la atención. Lo que sé es que he visto pocos instantes así de mágicos y democráticos en torno a la literatura.

Otro momento similar y mucho más reciente fue la celebración de la adquisición de los archivos de Josefina por la Universidad de Columbia en octubre del 2023. Hubo un primer evento que les conté en una columna anterior y que incluyó un panel con las académicas que más han estudiado su trabajo: Lorgia García Peña, Sharina Maíllo-Pozo, Inmaculada Lara-Bonilla y Liamar Durán-Almarza. Pero la fiesta no podía estar completa si no celebrábamos con la comunidad dominicana en Nueva York como lo hicimos esa misma noche en Alianza Dominicana. Y la gente celebró a Josefina contando sus anécdotas sobre cómo les había impactado su trabajo y leyendo sus fragmentos favoritos de las diferentes obras de la Báez. Nuevamente vi las risas, la complicidad, la ternura del gesto y del abrazo.

Ahora tenemos otro motivo para celebrar. Ay Ombe Theater, el grupo que fundó y dirige Josefina, cumplió 40 años de existencia este mismo mes. Creado el 18 de abril de 1986, Ay Ombe no es un grupo tradicional. La primera vez que lo vi fue en una página de Facebook en el 2008 o 2009. Recuerdo lo mucho que me llamó la atención la mujer negra y poderosa que vi en las fotos llamada Josefina Báez y que me fascinó el nombre de su grupo: «Ay Ombe». Esa expresión tan dominicana y que puede tener tantos significados me pareció un ejemplo perfecto de curiosidad y de apertura.

En ese momento no podía imaginarme que conocería a Josefina de manos de mi amigo Arturo Victoriano ni mucho menos que entraría a Ay Ombe y ayudaría a organizar el 10.º aniversario y cierre de Dominicanish, su icónica obra que llegó a presentar en los cinco continentes. En ese momento tampoco sabía, como dijo Josefina en su entrevista con Natalia Algarín (y se refleja en el nombre de su editora autogestionada I Om Be Press), que el nombre también la conecta con el mantra Om y es «la forma en que practico mi espiritualidad. Para mí, es la máxima expresión de las múltiples comunidades de las que soy parte».

Ay Ombe es un grupo multidisciplinario y multifacético por definición. Cuando entré en Ay Ombe en el 2009 lo hice precisamente porque no está basado en dogmas sino en la apertura, la experimentación y la colaboración. Es una red de personas de diferentes ámbitos (el arte, la academia y el activismo) ubicadas en lugares distintos del planeta interesadas en colaborar con Josefina y entre nosotras y nosotros mismos. Desde Berlín hasta Santiago de Chile, desde Nueva York hasta La Romana, desde Los Ángeles hasta Santo Domingo y en otros lugares hay y ha habido (algunas han partido ya) gente de Ay Ombe. Lo que nos une es la invitación de Josefina a crear comunidad, no a pesar de la diferencia sino a partir de ella.

De hecho, Ay Ombe es una escuela internacional e itinerante que se reúne en celebraciones como las que les acabo de contar o en retiros organizados también en distintos lugares: desde el primero en Nueva Zelanda en el 2004 hasta el que hicimos en Jarabacoa en República Dominicana, desde el que tuvimos cerca de un pueblito en el norte del estado de Nueva York pasando por los que se hicieron en Chile o en la India hasta los de Carolina del Norte también en EE. UU. Incluso hemos tenido retiros en movimiento como cuando hicimos el último trecho de la peregrinación del famoso Camino de Santiago en España.

Son retiros porque ciertamente nos retiramos del mundo por varios días junto con las otras personas de distintos países que quieren ir, pero no tienen contenido religioso. Y esa es otra de las muchas razones por las que me encanta estar en Ay Ombe: cada quien sigue su religión, su tradición espiritual o su decisión de no tener ninguna. Nadie intenta adoctrinar a nadie. Todo el mundo se abre a aprender de las demás personas y de la diversidad de tradiciones, modalidades de entrenamiento y de cuidado de la salud en que Josefina basó su método Performance Autology ©. En palabras de Josefina, su sueño para los retiros era que fueran «una escuela para sanar y experimentar la alegría».

La Autología del Performance puede incluir el cultivo de la paciencia y la precisión haciendo caligrafía china o puede ser algo tan simple como cocinar, comer y fregar en grupo bailando y haciendo chistes. También puede ser meditar a primera hora de la mañana cuando todavía está tan frío que todo el mundo necesita llevar su manta, como nos pasó en el retiro camino a Manabao, o cada quien tomarse la tarde para escribir o caminar en el bosque como hacíamos en Carolina del Norte. Y es que Josefina creó la Autología del Performance para ir más allá del mito de que la creación implica sufrimiento, de que para escribir un libro o crear una obra de teatro hay que dejar la salud y el bienestar en el camino.

Por el contrario, en Ay Ombe Theater la Autología del Performance nos ayuda a crear de manera conjunta y, a la vez, cultivando la personalidad, la salud y la felicidad individual. Como dice Josefina, es «la devoción al estar alerta. La devoción al estar presente. La devoción a las pequeñas cosas…» Por eso, el trabajo siempre incluye la pausa para no trabajar. El diálogo tiene lugar con las otras personas, pero primero es con nosotras y nosotros mismos. Cada persona crea y recrea su propia autología prestando atención a su propia vida, creando y recreando el regalo que es su presente.

Esther Hernández-Medina

Doctora en sociología

Es una académica, experta en políticas públicas, activista y artista feminista apasionada por buscar alternativas para garantizar el ejercicio de los derechos de las mujeres y de los grupos marginados de todo tipo en la construcción de políticas públicas y sociedades más inclusivas. Es Doctora en Sociología de la Universidad de Brown, egresada de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad de Harvard y egresada de la Licenciatura en Economía (Summa Cum Laude) y de la Maestría en Género y Desarrollo del INTEC universidad donde también fue seleccionada como parte del Programa de Estudiantes Sobresalientes (PIES). Su interés en poner las instituciones y políticas públicas al servicio de la ciudadanía, la llevó a colaborar en procesos innovadores como el Diálogo Nacional, la II Consulta del Poder Judicial y el Programa de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres (PIOM) en la década de los ’90 y principios de la siguiente década. Años después la llevaría a los Estados Unidos a estudiar la participación ciudadana en políticas urbanas en la República Dominicana, México y Brasil y a continuar investigando la participación de las mujeres y otros grupos excluidos en la economía y la política dominicana y latinoamericana.

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