A menudo escuchamos decir que vivimos de forma acelerada y que eso afecta nuestra calidad de vida, así como nuestra salud física y mental. ¿Cómo saber cuándo debemos desarrollar nuestra mejor velocidad y cuándo administrar con inteligencia y prudencia nuestras capacidades?

Resulta oportuna esta reflexión porque estamos tan distraídos que se nos dificulta tomar decisiones, establecer prioridades, diferenciar nuestros propios objetivos de los ajenos y evitar confundir nuestras actividades accesorias con las del eje central de nuestra existencia.

A veces puede parecernos tentador tratar de “no pensar” y ciertamente puede ser relajante, y en algunos momentos, incluso necesario. La sabiduría consiste en saber cuándo sí y cuándo no.

En una carrera de 400 metros, desde que se hace el disparo, cada competidor sale haciendo su máximo esfuerzo y podemos notar que, pese a ser atletas olímpicos, al llegar al final están exhaustos.

En una carrera de maratón, de 42 kilómetros, si un atleta sale a toda velocidad, evidentemente será el primero al principio, solo para descubrir que, pocos kilómetros después, todos le pasan por el lado, mientras él ya no puede seguir.

Gran parte del sufrimiento humano proviene de confundir las carreras de velocidad con las carreras de resistencia.

Frente a un evento que ponga en peligro la vida, alejarse a toda velocidad podría ser en muchos casos la mejor decisión; en cambio, si vas a pasar todo el día haciendo turismo, el ritmo de desplazamiento deberá ser mucho más pausado.

Cuando al salir del trabajo para almorzar, un grupo de compañeros te pide que los acompañes a un restaurante cercano, no necesitas reflexionar mucho, pero si alguien de ellos te propone matrimonio o asociarse contigo en un proyecto de vida o de negocios, probablemente te interesará conocer su historial y obtener la mayor cantidad posible de referencias.

Vivimos en un mundo muy competitivo en el que se nos presiona para que seamos mejores, lo cual resulta bastante conveniente. Sin embargo, en algunas condiciones psicológicas, esto podría generar crisis importantes, en las que el afectado siente sus debilidades como un defecto, pudiendo generarle trastornos conductuales o somatizaciones a veces peligrosas.

A manera de ejemplo, al inicio de la carrera de medicina puede haber una tendencia obsesiva del estudiante a mostrar su superioridad frente a sus compañeros, lo que puede llevarlo a emplear todas sus energías en sus primeros retos, a veces sacrificando el sueño, lo cual normalmente termina pasando alguna factura a la salud.

El estudiante de medicina que confunde su carrera de la vida entera con una carrera de velocidad tiene un alto riesgo de presentar ansiedad, depresión, burnout, abuso de sustancias y trastornos de salud, lo cual podría explicar por qué algunos estudiantes brillantes al graduarse no ejercen la profesión.

En proyectos para toda la vida, en vez de esfuerzos exagerados en los primeros meses o años, conviene no explotarse más allá de sus posibilidades y planificar el progreso con sabiduría. No importa si parece que alguien nos supera; lo necesario es dar lo mejor que podamos hoy y notar que cada día algo avanzamos.

Al buscar pareja podría confundirse un instante con toda la vida. Hay encuentros que se pensaron pasajeros y terminaron marcando una existencia completa. Siendo uno de los terrenos en que el descontrol emocional puede pasar costosas facturas, de los cuales todos conocemos ejemplos.

Al ir a un gimnasio es muy conveniente llegar con humildad, sin querer impresionar a quienes habitualmente entrenan. Muchos esperan realizar desempeños impresionantes en sus primeros días y es común que terminen presentando lesiones evitables.

Los planes de transformación corporal no son recomendables cuando se pretende realizarlos en pocos días.

En la vida como en las carreras a veces tenemos que realizar algún “sprint”, pero es preciso analizar si el motivo para realizarlo realmente lo justifica.

Al comenzar a experimentar un deporte como golf, equitación o motociclismo, conviene hacerlo con prudencia y no hacer compras excesivas o innecesarias de equipos que se terminarán vendiendo apenas un año después.

Definitivamente, las decisiones que pueden afectar al resto de nuestras vidas, no deben ser tomadas a la ligera, de forma impulsiva o irracional, sino que ameritan ser gerenciadas desde los niveles superiores del cerebro y no simplemente desde el plano emocional.

Si en un momento en que se requería el máximo esfuerzo no lo dimos, puede convertirse en un motivo persistente de lamentación; de igual forma, tomar decisiones definitivas con precipitación nos obliga a pasar largos años reparando el error cometido.

Es preciso asegurarse de estar viviendo verdaderamente despiertos, para poder vivir de forma responsable y consciente.

A veces la vida nos exige correr con todas nuestras fuerzas. Pero la mayoría de las veces nos pide algo más difícil: constancia. Algunas metas se alcanzan corriendo; una vida plena se construye caminando.

Referencias:

Di Vincenzo, M., Arsenio, E., Della Rocca, B., Rosa, A., Tretola, L., Toricco, R., Boiano, A., Catapano, P., Cavaliere, S., Volpicelli, A., Sampogna, G., & Fiorillo, A. (2024). Is there a burnout epidemic among medical students? Results from a systematic review. Medicina, 60(4), 575. https://doi.org/10.3390/medicina60040575

Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio (A. Saratxaga Arregi, Trad.). Herder.

Skorski, S., & Abbiss, C. R. (2017). The manipulation of pace within endurance sport. Frontiers in Physiology, 8, Article 102. https://doi.org/10.3389/fphys.2017.00102

Luis Ortiz Hadad

Médico

El Dr. Luis Ortiz Hadad, nació en Santo Domingo, República Dominicana, el 17 de septiembre del 1958. Graduado de Doctor en Medicina en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en el 1983. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España (1984-1986). Se especializó como Cirujano General en el Hospital Central de las FFAA-Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) en (1988-1992). Haciendo la subespecialidad en Cirugía Colorrectal en Marsella, Francia (2000-2001). Es Psicólogo Clínico egresado con los máximos honores de la Universidad de la Tercera Edad (2022). Ha sido profesor de Anatomía y Cirugía por más de 20 años en la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Es miembro del Comité Editor de la Revista Archivos Médicos Dominicanos (AMED). Presidente de la Sociedad Dominicana de Coloproctología (2011-2013), Presidente de la Academia Dominicana de la Medicina (2016-2018) y Presidente de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores (2023-2025). Es miembro del Colegio Médico Dominicano, del Colegio Dominicano de Cirujanos, de la Sociedad Dominicana de Coloproctología, Asociación Latinoamericana de Coloproctología, Academia Dominicana de Medicina, del Colegio Dominicano de Psicólogos (CODOPSI) y de la Sociedad Dominicana de Médicos Escritores. Presta sus servicios como Cirujano Coloproctólogo y Coordinador del Internado de Cirugía de la Universidad Iberoamericana (UNIBE) en el Centro de Diagnóstico Medicina Avanzada y Telemedicina (CEDIMAT), donde también desarrolla desde el 2022 un programa de Meditación Terapéutica Racional Emotiva. Es escritor de artículos semanales en el periódico acento desde el 2020 y es autor de los libros: Cincuenta Reflexiones. Breve guía para el Homo sapiens y Piensa bien, Vive mejor: Una terapia racional emotiva social. Es reconocido por sus actividades a favor de un mayor desarrollo humano como estrategia prioritaria para el mundo de hoy y enseñanzas de autoayuda basadas en las neurociencias.

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