El gobierno del Partido revolucionario Moderno (PRM), presidido por el licenciado Luis Abinader Corona, viene dirigiendo el Estado dominicano como si a este país le sobraran los recursos económicos, como si no estuviera siendo afectado por una gran crisis económica, por una gran inflación; como si todos sus problemas sociales básicos estuvieran resueltos; como si no tuviéramos un histórico endeudamiento externo, una gran deuda social acumulada ni afectados por el alto costo de los productos básicos de la canasta familiar.
En cualquier país del mundo que esté pasando por momentos difíciles, por una gran crisis económica, cuando el precio de los productos básicos de la canasta familiar es inalcanzable para la clase de bajos ingresos, cuando la mayoría de los servicios públicos básicos han colapsado o se manejan de manera deficitaria; cuando los ingresos que recibe la mayoría de la población no le alcanza para cubrir medianamente sus necesidades, fruto del alto costo de los productos y de la inflación imperante, el Presidente de la República debe asumir una actitud responsable como jefe de Estado.
De inmediato, debe aplicar un plan de austeridad eficiente, efectivo, volcando gran parte de los recursos del presupuesto nacional en las áreas que son vitales para la supervivencia humana y tomar acciones emergentes que protejan y que beneficien a los sectores más empobrecidos, sobre todo, en las áreas prioritarias y vulnerables; disminuir los gastos corrientes, superfluos e innecesarios. En momentos en que el país atraviesa por una gran parálisis económica, de una gran inflación, falta de liquidez y de grandes escándalos de corrupción administrativa, no debe continuar tomando acciones improvisadas y dando palos a ciegas.
Ahora se destapa el escándalo de la Dirección de Asistencia Social y Alimentación Comunitaria (DASAC), anteriormente, Plan Social de la Presidencia, de incluir en su presupuesto para el año 2027, una licitación por la suma de 630 millones de pesos para la compra de habichuelas y de los ingredientes para la preparación de los kits de habichuelas con dulces que serán distribuidos a la militancia del PRM en la próxima Semana Santa.
Debido a los fuertes cuestionamientos públicos a que ha sido sometida dicha licitación, la misma ha sido modificada por la suma de 255 millones de pesos. ¿En qué contribuye esta decisión al crecimiento y al desarrollo del país? Prácticamente nada. Todo lo contrario, al igual que el aumento de los gastos corrientes en cosas improductivas, de los subsidios, esta decisión solo contribuye a generar más pobrezas y paternalismo, pues no es necesaria para la supervivencia humana.
Al mismo tiempo en que el país atraviesa por una de sus peores crisis económicas y de una estanflación, el gobierno del Presidente Abinader está aplicando prácticamente otra reforma fiscal oculta y soterrada, aumentando y creando nuevos impuestos, como el que acaba de aprobar al de la circulación de vehículos, conocido como “Marbetes”; impuestos a los paneles solares, que en vez de estimular la inversión en este tipo de energía renovable, la está penalizando; impuestos a los residuos sólidos, entre otros. Todos estos impuestos son adicionales a la reforma fiscal contemplada en la Ley 30-26, denominada, “Ley de Medidas Pro Crecimiento Económico, Simplificación Fiscal y Mitigación de la Crisis Internacional”, conocido como el Plan Anticrisis.
También, cuando a nivel internacional, los precios del petróleo West Texas y el Brent han comenzado a descender, el Presidente Abinader ha dispuesto el aumento de los precios a los combustibles de mayor consumo en las actividades económicas, como es el gasoil y la gasolina, los cuales tienen un peso específico en el transporte de las diferentes cargas. Cada vez que el gobierno aumenta el precio de los combustibles, automáticamente se produce un aumento en los precios de los productos de primera necesidad, en los medicamentos, en el precio de los pasajes y en los diferentes servicios básicos, los cuales ya se muestran inalcanzables para las personas de clase baja y depauperadas.
Con estas decisiones, el Presidente Luis Abinader parece ser que es insensible, que no le preocupa ni le interesa la situación de pobreza, calamitosa y de desgracia por la que atraviesan millones de dominicanos. ¡Que Dios nos coja confesados!
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