Con el correr de los años y los avances tecnológicos, nos estamos poniendo más cómodos y más brutos.

Es cierto que los descubrimientos y sus usos nos han simplificado la vida, pero lo que son los jóvenes saben menos y no se preocupan por aprender. Todo lo tienen a mano.

En mi época de adolescente y de juventud, era común estudiar mecanofrafía, se usaban máquinas de escribir “Remington”, “Olivetti” u otras marcas que funcionaban con unas cintas negras y rojas y que ensuciaban todos los dedos al cambiarlas o enderezarlas. Para borrar alguna letra mal escrita se usaban unos papelitos blancos en que uno tecleaba de nuevo sobre la letra y esta desaparecía, encima se escribía la letra correcta.

Estudiar secretariado era muy común. Entre las materias aprendidas estaba la taquigrafía, había que aprender caracteres que sustituían las letras o palabras, era una forma de tomar el dictado de una carta y como el jefe iba a mil, era necesario para captar la idea, hacerlo taquigráficamente, luego en la tranquilidad del escritorio se transcribía y se le presentaba al jefe para que leyera, aprobara y firmara.

Las secretarias estudiadas, desaparecieron. Actualmente aprenden a teclear una computadora, cuando el jefe quiere una carta, usan una grabadora y luego escriben. No es necesario saber ortografía, porque la computadora se encarga de ir corrigiendo.

Tampoco se necesita saber redacción, poque hay una cosa por ahí que dizque se llama “IA” que se le dice: Necesito una carta para tal o cual ocasión y ahí sale redactada.

Los estudiantes de ahora no leen, por lo que no saben escribir. No saben de redacción ni de signos de puntuación. Solo saben usar un celular y tienen un argot tan raro que hay que hacer un cursillo para entender lo que dicen. No saben de cálculo mental, tienen que usar calculadora para saber que dos más tres son cinco. Los diccionarios físicos no los conocen. Los que quieren saber cómo se escribe una palabra apelan a google si es que en algo les importa escribir bien.

De historia no saben nada, ni siquiera de la historia reciente de nuestro país. De geografía, ni hablar. Es más, no saben “de ná”.

Sería interesante crear “El museo del libro”, para que los jóvenes tengan noción de lo que fue un libro. Conjuntamente “El museo de autores”, para que de esta forma conozcan todas las personas que antaño e incluso los osados que escriben actualmente puedan ser conocidos y recordados como los exponentes de una costumbre olvidada.

Ya los escritores no son necesarios puesto que, aunque no sé cómo es eso, la “IA” está produciendo historias y cuentos que los tontos se deleitan pensando que han sido escritas por personas reales.

Las librerías y con ellas el interés por los libros han desaparecido a menos que no sea por nosotros los que nos quedamos “atrá” y no hemos avanzado con la época del celular, las redes sociales y los youtubers o creadores de contenido, generalmente inventados y sin fundamento.

Pero pensando yo, cuando aparecieron las máquinas de escribir, las personas acostumbradas a escribir con puño y letra, se habrán sentido igual que yo con esos progresos que vinieron a sustituir todo a lo que estaban acostumbrados.

Elsa Guzmán Rincón

Bibliotecóloga

Maestra y Bibliotecóloga, retirada.

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