El Partido Revolucionario Moderno (PRM) debe girar hacia las posiciones políticas de centro y no hacia los extremos, es decir, no puede ni debe caminar hacia la ultraderecha ni hacia la izquierda . Sus orígenes están sustentados sobre principios auténticamente democráticos y centristas. Si lo hiciera, cometería un error. Es pertinente conocer la historia.
En el PRM todavía perduran, como es normal en una organización política, las ideas del profesor Juan Bosch y el Dr. José Francisco Peña Goméz acerca del sistema democrático. Los núcleos familiares y la militancia política son trasmisores de esas ideas.
El PRM es el resultado de una coyuntura política muy singular en la que en una profunda crisis del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), un grupo de sus figuras más prestigiosas y de sus mejores cuadros políticos comprometidos se decidieron por la preservación de lo mejor del pasado de dicha organización.
La inmensa mayoría de los cuadros políticos de la vieja organización asumieron los desafíos que implicaba defender su historia y la lucha por la libertad y la democracia, encabezados por extraordinarias figuras de su alta dirección política, y de su estructura nacional, como el expresidente Hipólito Mejía, el Dr. Hugo Tolentino Dipp, el Dr. Tirso Mejía Ricart, la Dra. Ivelisse Prats Ramírez de Pérez, el Ing. Ramón Alburquerque y la Dra. Milagros Ortiz Bosch.
Los cuadros más orgánicos de todo el territorio nacional, asumieron la tarea de preservar lo mejor de la historia del viejo partido (PRD), creando las condiciones, para conformar una nueva organización política sin renunciar a sus principios fundacionales.
Es justo reconocer que, aunque el hoy presidente Luis Abinader no estaba entre las figuras históricas del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fue una pieza clave para garantizar el aspecto legal o jurídico para la fundación del PRM.
En el PRM hay elementos políticos, sociológicos, históricos y culturales que imposibilitan la transformación del PRM para convertirlo en una agrupación de la ultraderecha o de la izquierda.
En ese sentido, la organización debería tener serias dificultades a corto, mediano o largo plazos. No podemos negar que los tres partidos de mayor fuerza política y electoral del país tienen sus raíces en la lucha por la democracia dominicana, no tendiendo ellos vocación hacia corriente de política de extremo.
De hecho, podemos asegurar, por los elementos intrínsecos de la propia naturaleza de la política, que habrán de existir preocupaciones entre los miembros formados políticamente del PRM, quienes pudieran advertir que esa organización política tiene visibles ambigüedades en las grandes decisiones cuando éstas se enmarcan en los asuntos de la alta política, sea esta nacional o en el plano internacional.
Un giro del PRM hacia los extremos radicales, si ocurriese, sería un paso hacia una situación de crisis estructural, la cual se produciría en el proceso y no en forma explosiva. Esto implicaría, además, la pérdida de los sectores progresistas que son la base esencial desde donde provienen, como si fuera una cantera, sus miembros integrantes a nivel de todo el país y de la diáspora dominicana. Es imposible, históricamente, separar la historia del PRM del pasado glorioso del PRD.
En la publicación de este trabajo solo me animan, esencialmente, dos cosas: mi convicción democrática y mi condición de articulista. La primera, la forjé políticamente siendo dirigente juvenil en los tiempos de los años duros. Respecto a la segunda, diré que la he asumido como compromiso con la verdad.
Nunca he podido situarme en los extremos. Esa es mi naturaleza como ser humano y sujeto social. Cuando he estado cerca de los extremos, he caminado siempre hacia el centro para buscar el equilibrio.
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