Hace poco terminé de leer The Revenge of the Tipping Point, la más reciente obra de Malcolm Gladwell. En ella, Gladwell revisa una de sus obsesiones intelectuales: cómo pequeños cambios, en los lugares correctos, pueden desencadenar efectos desproporcionados. Esta vez lo hace desde una tragedia concreta: la epidemia de opioides en Estados Unidos. Con más de 100 000 muertes anuales por sobredosis —de las cuales cerca de tres cuartas partes involucran opioides—, el fenómeno ha mutado desde una dependencia inicialmente alimentada por medicamentos recetados hacia una crisis dominada por sustancias sintéticas de altísima letalidad como el fentanilo.

Lo que comenzó con la promoción agresiva de analgésicos como OxyContin, impulsada por actores como Purdue Pharma, derivó en una epidemia que hoy supera el millón de muertes acumuladas y genera un costo económico que excede el billón de dólares anuales. Más preocupante aún es su nueva fase: un mercado ilícito contaminado en el cual los consumidores muchas veces desconocen que están expuestos a opioides, lo que multiplica exponencialmente el riesgo de muerte. El resultado ha sido no solo una emergencia sanitaria, sino también una erosión profunda del tejido social, particularmente en territorios como West Virginia y Ohio, donde incluso la expectativa de vida ha registrado retrocesos. Esta crisis no solo interpela a Estados Unidos; advierte, con crudeza, sobre los riesgos de sistemas regulatorios débiles frente a incentivos económicos desalineados.

La tesis es difícil de ignorar: la crisis no fue simplemente el resultado de malas decisiones individuales o de una sustancia peligrosa. Fue, en gran medida, el producto de un sistema —de narrativas, incentivos y decisiones institucionales— que permitió, y en algunos casos promovió, su expansión. Gladwell introduce un concepto clave: las overstories, o narrativas dominantes que moldean el comportamiento colectivo. Durante años, la comunidad médica estadounidense operó bajo una idea ampliamente aceptada: el dolor estaba subtratado y los opioides, bien manejados, eran una solución segura. Esa narrativa no surgió espontáneamente. Fue reforzada por actores con capacidad de influencia —desde líderes de opinión hasta la industria farmacéutica— y terminó redefiniendo lo que se consideraba una práctica médica responsable.

Pero las ideas, por sí solas, no explican una epidemia. Gladwell pone el foco en otro elemento crítico: los superspreaders. Al igual que en las enfermedades infecciosas, no todos los actores tienen el mismo peso. Un pequeño grupo de médicos, con patrones de prescripción intensivos, fue responsable de una proporción descomunal de las recetas de opioides. La industria lo entendió rápidamente: no había que convencer a todos, sino a los más influyentes.

Así, la epidemia fue tomando forma no como un fenómeno difuso, sino como una cadena de decisiones altamente concentradas, amplificadas por un entorno regulatorio permisivo. Es aquí donde Gladwell introduce, quizás, su idea más poderosa: el counterfactual. ¿Qué hubiera pasado si Estados Unidos hubiera adoptado un enfoque distinto? Si, por ejemplo, hubiera replicado modelos regulatorios más estrictos en los que la prescripción de opioides estaba sujeta a mayores controles y monitoreo. La respuesta implícita es contundente: la crisis no era inevitable. Bajo un arreglo institucional distinto, su escala habría sido significativamente menor.

Este punto tiene implicaciones profundas para la política pública. Nos obliga a abandonar una visión fatalista de los problemas sociales —como si fueran inevitables— y a reconocer su carácter contingente. Según Gladwell, las crisis no solo ocurren; también se diseñan, a través de decisiones acumulativas que muchas veces parecen menores.

La historia de los opioides ofrece, además, una advertencia relevante: las soluciones técnicas pueden fallar —e incluso empeorar el problema— si no se entienden las dinámicas sistémicas. En un momento dado, Purdue Pharma reformuló el OxyContin para hacerlo menos susceptible de abuso —versión gomita en lugar de pastilla pulverizable e inhalable—, pero, contrario al objetivo inicial, con ello consiguió que muchos usuarios simplemente migraran hacia alternativas más peligrosas, como la heroína o el fentanilo. El problema no desapareció; se transformó.

Para países como la República Dominicana, en los que se discuten y diseñan políticas en sectores sensibles —violencia ciudadana, salud, transporte, seguridad—, la lección es clara. No basta con intervenir sobre el síntoma visible. Es imprescindible entender cuáles narrativas están guiando el comportamiento de los actores; quiénes son los verdaderos «multiplicadores» dentro del sistema y qué incentivos, explícitos o implícitos, están configurando las decisiones.

En última instancia, el aporte de Gladwell no es solo explicar una crisis pasada, sino ofrecernos una herramienta para pensar mejor las futuras. Si las epidemias sociales pueden ser diseñadas —como sugiere—, entonces también pueden ser prevenidas. La diferencia, como siempre, está en reconocer a tiempo dónde están los verdaderos puntos de inflexión (tipping points).

Roger G. Pujols Rodríguez

Abogado y politólogo

Roger G. Pujols se desempeña como viceministro de la Presidencia para Proyectos Especiales y Coordinación de Seguridad. Es abogado egresado de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y titular de la reválida del Estado de Nueva York (New York State Bar). Concentra su práctica en contratación, sectores regulados y asuntos públicos. Cuenta con: Master en Derecho de los Negocios de la Universidad de Nueva York (LL.M. Business and Corporation Law New York University -NYU-), para la fecha ubicada entre las cinco mejores escuelas de derecho de los Estados Unidos; Master en Ciencia Política para el Desarrollo, impartido por la Universidad de Salamanca y la Fundación Global, Democracia y Desarrollo; Master en Derecho Fiscal de la Universidad de Georgetown (LL.M. in Taxation-Georgetown University); Master en Derecho de la Administración del Estado, impartido por la Universidad de Salamanca y el IGlobal; Master en Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla. Ha sido manager legal de las filiales de InterEnergy Group y abogado asociado de la firma de abogados Squire Sanders & Dempsey (hoy Squire Patton Boggs). En tal sentido, ha participado en numerosas transacciones relacionadas con sectores regulados. Es miembro del Comité de Investigaciones del Instituto OMG. Ha sido profesor de Derecho de las obligaciones, de análisis de textos jurídicos y de Derecho del mercado de valores. Es autor de los libros ‘Régimen jurídico de la concesión para explotación de obra eléctrica’ y ‘Derechos fundamentales e integración europea: sistema de fuentes, pluralismo constitucional y diálogo entre cortes’. En la actualidad trabaja en publicaciones sobre (i) la compilación de sus artículos de opinión y (ii) fiscalidad verde (tributos ambientales).

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