Las grandes entrevistas no terminan cuando se apaga la grabadora.
Algunas continúan hablando durante décadas porque contienen ideas cuya fuerza supera las circunstancias que las vieron nacer.
Eso sucede con la larga conversación que sostuve con Juan Bosch en 1977 sobre la naturaleza del partido político, la formación de dirigentes, la violencia de aquellos años y el futuro de la democracia dominicana.

Hoy, cuando la política parece girar cada vez más alrededor de la comunicación instantánea, las redes sociales y las campañas electorales permanentes, volver a escuchar la voz de Bosch resulta un ejercicio indispensable para comprender qué entendía él por un partido político y por qué consideraba que una organización no podía sobrevivir si abandonaba su fundamento doctrinal.
Existe un aspecto de esa entrevista que pocos conocen y que explica el valor histórico de las citas que aquí se reproducen.
La conversación fue grabada originalmente en una pequeña grabadora de casete.
Posteriormente, las secretarias de Juan Bosch prepararon la transcripción.
Él la leyó cuidadosamente, corrigió el texto y dejó establecida la versión definitiva.
Ese mismo año de 1977 la entrevista fue publicada en mi primer libro, Entrevistas, análisis, reportajes, cuya puesta en circulación fue presidida por el propio Juan Bosch.
Antes de publicar el libro en 1977 volvimos a reunirnos para grabar nuevamente aquella conversación, leyendo ambos la versión ya corregida por Bosch mismo como si se tratara de un guion radiofónico.
Esa grabación fue conservada en casete, luego transferida a CD y finalmente reproducida en la edición de 2009 de mi libro Juan Bosch y García Márquez. Entrevistas.
Por esa razón, las palabras que aquí se citan no proceden de recuerdos personales ni de una transcripción improvisada; son las palabras que Juan Bosch revisó, corrigió y decidió dejar como expresión definitiva de su pensamiento.
Uno de los aspectos que más impresionan al releer aquella conversación es comprobar que Bosch no concebía el partido como una maquinaria electoral.
Para él, la organización política debía ser, antes que nada, una escuela permanente de formación.
Al explicar el origen de los Círculos de Estudios, afirmó que eran «indispensables para que los jóvenes del PRD aprendieran lo que debían aprender si querían dedicarse a la política y si aspiraban a llegar a posiciones de dirección en el PRD».
En esa sola frase se encuentra condensada una concepción completa del partido: no bastaba el entusiasmo, ni la lealtad emocional, ni el liderazgo carismático. Era necesario estudiar, comprender y prepararse.
Bosch insistía en que la política no podía descansar sobre la improvisación.
En nuestra conversación explicó que, después de la experiencia del gobierno de 1963, del golpe de Estado y de los acontecimientos posteriores, había llegado a la conclusión de que «no bastaban la buena voluntad ni el heroísmo».
Era indispensable estudiar científicamente la sociedad dominicana, conocer la composición de sus clases, entender la estructura económica y descubrir las causas profundas de los conflictos nacionales.
Sin ese conocimiento, sostenía, cualquier organización estaba condenada a actuar movida por impulsos momentáneos y no por una estrategia histórica.
Ese razonamiento explica por qué Bosch dedicó tanto esfuerzo a la formación doctrinal.
Para él, el dirigente político no podía limitarse a administrar una organización; debía comprender la sociedad que pretendía transformar.
No concebía un partido integrado únicamente por simpatizantes o por candidatos.
Aspiraba a construir una comunidad de cuadros con disciplina intelectual y sentido histórico.
En otro momento de la entrevista aparece una reflexión que conserva una extraordinaria actualidad.
Bosch distingue entre quienes hacen política para servir al pueblo y quienes la utilizan para proyectarse personalmente.
Dice textualmente que muchos aspiraban a «ser personajes nacionales o provinciales o municipales, no ser líderes políticos».
La diferencia era, para él, esencial. El personaje busca reconocimiento; el dirigente acepta sacrificios.
De inmediato subraya que toda una ética del compromiso público implica que para hacer sacrificios y mantener una lucha en favor del pueblo, no en beneficio propio, se necesita vocación.
Estas ideas no fueron pronunciadas pensando en la República Dominicana del siglo XXI.
Sería un error histórico atribuirle a Bosch juicios sobre acontecimientos que ocurrieron muchos años después de su muerte.
Él no conoció la evolución posterior al 2000 del Partido de la Liberación Dominicana ni el surgimiento de la Fuerza del Pueblo.
Tampoco vivió la transformación del sistema de partidos dominicano en las últimas décadas.
Sin embargo, precisamente porque sus reflexiones anteceden a esos acontecimientos, constituyen un excelente punto de referencia para analizar el presente.
La pregunta que surge naturalmente no es qué habría dicho Bosch sobre el PLD o sobre la Fuerza del Pueblo.
Nadie puede responder con seriedad a un interrogante semejante.
La cuestión verdaderamente importante es otra: ¿hasta qué punto las organizaciones que nacieron de la tradición boschista mantienen vigente la concepción del partido que él defendía?
La respuesta corresponde a los militantes, dirigentes, simpatizantes y estudiosos de esas organizaciones.
Pero la entrevista permite identificar con claridad los criterios que Bosch consideraba indispensables: formación política permanente, construcción de cuadros, disciplina orgánica, dirección colectiva, estudio sistemático de la realidad nacional y subordinación del interés personal al interés del partido y del país.
Durante aquella conversación, Bosch también abordó el clima de violencia que vivía la República Dominicana al regresar al país en 1970.
Explicó las razones de su retorno, analizó el terrorismo, reflexionó sobre el papel de los organismos de inteligencia, habló de la crisis del PRD y describió el proceso intelectual que lo llevó a estudiar el marxismo y a concebir una nueva organización política.
Pero aun cuando esos temas ocupan buena parte de la entrevista, todos terminan confluyendo en una misma preocupación: la necesidad de construir una organización capaz de sobrevivir a los hombres y a las coyunturas.
Al revisar recientemente los antiguos archivos que conservaban versiones preliminares de aquella entrevista, confirmé una vez más la importancia de preservar rigurosamente las fuentes documentales.
Sin embargo, el verdadero texto de referencia continúa siendo el que Juan Bosch revisó personalmente, corrigió y autorizó para su publicación.
Esa es la versión que está en mi libro y que hoy conserva plena autoridad histórica y la que sirve de base para cualquier análisis serio sobre su pensamiento político.
Vivimos una época en la que los partidos suelen medirse por sus resultados electorales, por sus estrategias de comunicación o por la popularidad de sus dirigentes.
Bosch proponía un criterio distinto.
Antes de preguntar cuántos votos obtenía un partido, preguntaba qué tipo de dirigentes formaba.
Antes de medir el éxito por las victorias electorales, lo medía por la calidad de su organización.
Y antes de confiar el destino de una colectividad al carisma de una persona, insistía en la necesidad de construir instituciones capaces de trascender a sus fundadores.
Quizá ahí resida la mayor actualidad de aquella conversación.
No porque ofrezca respuestas automáticas para los problemas de hoy, sino porque obliga a formular las preguntas correctas.
Si un partido deja de formar dirigentes, si sustituye el estudio por la improvisación, si convierte la doctrina en un simple recuerdo histórico y la organización en una maquinaria electoral, ¿sigue siendo el partido que soñó su fundador?
Esa pregunta no pertenece al pasado. Pertenece al presente y, sobre todo, al futuro de la democracia dominicana.
Fuentes: Víctor Grimaldi, Entrevistas, análisis, reportajes (1977), obra cuya puesta en circulación fue presidida por Juan Bosch; Víctor Grimaldi, Juan Bosch y García Márquez. Entrevistas (2009), que reproduce la grabación de la entrevista; entrevista realizada por el autor a Juan Bosch en 1977, cuya transcripción fue preparada por las secretarias de Bosch, revisada y corregida por el propio entrevistado antes de su publicación.

Compartir esta nota