CAPÍTULO 5
GEORGES MATTEI, UN PERSONAJE INOLVIDABLE

Los jóvenes revolucionarios dominicanos de la década de los 60 no olvidarán jamás la solidaridad de Georges Mattei, un francés militante de izquierda fuera de serie.

París, 1970.

El avión de la línea holandesa KLM que transportaba a Aurelio Javier aterrizó suavemente en el aeropuerto de Orly, exactamente a las 9 de la mañana, hora de París, Francia.

Había salido de Curazao, Antillas Holandesas a las 5 de la tarde del día anterior. Aurelio pasó migración sin ningún tipo de problema. En esos años, los dominicanos no necesitaban visa para ingresar a territorio francés. En el aeropuerto parisino, en un mostrador de ayuda y servicio del aeropuerto a los turistas, se le proporcionó la dirección y el nombre de un hotel. A la salida, los taxistas hacían cola para transportar a los pasajeros y uno de ellos, sin preguntarle nada, tomó en sus manos la dirección del hotel que le habían ofertado y rápidamente lo depositó en un pequeño hotel de seis plantas en el Barrio Latino: Le Phanteón.

En la recepción, una mujer, blanca, regordeta, de ojos inmensos, le hizo firmar la hoja de entrada. Detrás de ella, un mostrador exhibía una gran cantidad de llaves que colgaban al lado de números que llegaban al 12. Aurelio imaginó que los mismos correspondían a las habitaciones. La regordeta le entregó de inmediato una llave: la número 6. Se correspondía con una habitación situada en la sexta planta. No había ascensor. Acto seguido, Aurelio, con su maleta cogida de las manos subió los pisos, uno a uno, arrastrándola. Al llegar, introdujo la llave suavemente, giró el picaporte y entró. Frente a él había una pequeña habitación, en una esquina una cama arreglada con una almohada que cubría todo lo largo del espaldar, formando una especie de enorme cigarro blanco. A la derecha, un aparato raro de metal con estrías de arriba abajo pegado a la pared que nunca había visto en su vida. Era el artefacto que calentaba la habitación en época de invierno, pero que Aurelio desconocía su utilidad. A la izquierda, un pequeño lavabo. Sin embargo, remarcó que no había ducha. Después supo que en los pequeños hoteles del barrio latino los huéspedes no gozaban de duchas privadas. Habría que bañarse en baños públicos. Pero, en ese momento, tampoco lo sabía, lo conocería días después, cuando la necesidad de quitarse la mugre que traía encima le obligó preguntar para poder bañarse. Sin embargo, la habitación sí disponía de un pequeño retrete para las necesidades.

Aurelio dejó la maleta en el suelo, se quitó la ropa que llevaba puesta y se tiró a la cama. Al instante se quedó dormido. Eran las 2 de la tarde, hora de Santo Domingo.

Seis horas después despertó. Eran las 7 de la noche, hora de París.

“En ese mismo momento, a miles de kilómetros de distancia, Lucía Mendieta se preparaba para entrar a clase en el Instituto Escuela situado en la calle Hermanos Deligne”.

 

De súbito, comenzaron a desfilar por su mente los acontecimientos de los días anteriores. Su salida clandestina del país, la activista que arregló su figura, el maquillaje que desfiguraba su mandíbula, pero que se ajustaba perfectamente con la foto del pasaporte falso, la compra de un pasaje de vuelo en la línea aérea VIASA, el chequeo en el aeropuerto de Las Américas, su llegada a Curazao y la compra de un ticket de vuelo hacia París. Todo un mes que había sido una odisea. Disidente del gobierno de entonces, fue apresado y acusado judicialmente por un grave delito que no había cometido y enviado a la cárcel de La Victoria. Un aparatoso primer apresamiento, junto a su esposa Eloísa Jorge, tuvo lugar en el centro de la capital, pero la prensa captó el momento del apresamiento y lo dio a conocer en una foto histórica que influyó para que fuera liberado casi inmediatamente. Pero, después, a finales de mayo, un segundo apresamiento se produjo, una rueda de prensa de la Policía Nacional (PN), la acusación correspondiente y el confinamiento en la cárcel a la espera de juicio. Empero, distinto a otros presos políticos, tuvo suerte. Fue liberado meses después aprovechando un procedimiento de Habeas Corpus que un juez benigno, desafiando la acusación de la policía decidió acoger. Su condición de profesional conocido le otorgaba ciertos privilegios.

Años después, Aurelio fue a la oficina de ese juez, ya dedicado a su profesión de abogado, y le dio las gracias por esa valiente decisión tomada en un momento tan peligroso como fue el año 1970, al evacuar una sentencia absolutoria de un preso político acusado de actividades subversivas. Lo cierto era que después de su liberación, su vida corría un inmenso peligro, los derechos humanos no tenían vigencia y el poder de los servicios represivos no tenía contención jurídica, salvo casos especiales en los cuales las relaciones personales de poder jugaban un rol determinante. De común acuerdo con Eloísa solucionaron el problema: saldría clandestinamente del país. En todos estos acontecimientos, el papel de su esposa, Eloísa Jorge fue admirable. Aurelio contó en todo momento con su apoyo incondicional, sin vacilaciones. De hecho, eran en esa época militantes políticos con una moral revolucionaria muy alta dispuestos a jugarse el todo por el todo sin importar familia ni hijos. Era, sin duda, el espíritu que gobernaba la juventud rebelde de la época.

Esa misma noche buscó en su cartera el número de teléfono del contacto en París. Bajó a la recepción. Allí le explicaron cómo se utilizaban los teléfonos y procedió a marcar el número de la persona.

—Con Georges Mattei, por favor.

—Sí, es él quien habla, respondió una voz gruesa en un español con un fuerte acento francés.

—Soy Aurelio Javier, dominicano. Andrés me dio su teléfono. Estoy hospedado en el hotel Le Phanteón.

—Sí, lo conozco, respondió Mattei y sin pedir explicaciones le dijo, paso a buscarlo enseguida.

George Mattei era un militante de izquierda aguerrido. Por supuesto, en ese momento, Aurelio no lo sabía. Lo llegaría a conocer años después. Un libro escrito por Jean Luc-Einaudi y editado en el 2004, “Le Franc-tireur”, Georges Mattei de la guerre d’Algérie a la guerrilla” relata la historia de ese personaje inolvidable.

 

“En efecto, el contacto lideraba un grupo de franceses, vinculados a la resistencia argelina. Su nombre de combate era Jo. Inicialmente había recibido una medalla conmemorativa por haber participado en el ejército al servicio de Francia en el mantenimiento del orden en Argelia. Pero, en 1956, Jo se incorporó a una red oculta de sostén al Frente de Liberación de Argelia (FLN). Desde ese momento era perseguido por la policía francesa lo que lo obligó a pasar a la clandestinidad. En 1958, conoció a Henri Curiel, de origen egipcio, comunista y quien asesoraba algunas organizaciones egipcias. Curiel, posteriormente fue asesinado en el año 1978 por un comando de la Organización del Ejército Secreto (OAS) pro Argelia francesa que dirigía el general golpista Raoul Salam. Ya en 1957, Curiel se había integrado al núcleo de Jo quien tenía el trabajo clandestino de transportar dinero del FLN proveniente de las colectas realizadas en la inmigración argelina en territorio francés. Fue compañero de Pierre Hespel, también comunista, dirigente de la resistencia antinazi y parte de la red pro FLN. Hespel, inicialmente se afilió al Partido Comunista Francés (PCF), pero en 1950 fue expulsado por haberse opuesto a Maurice Thorez, quien en esos años llevaba a cabo, cumpliendo orden de Stalin, una campaña contra Tito, el dirigente yugoeslavo que se había apartado de la esfera de influencia de la Unión Soviética. En 1955 tomó partido a favor de la independencia de Argelia. Jo también era íntimo de Jean Jacques Porchez, presidente de la Asamblea General de la Unión Nacional de Estudiantes de Francia (UNEF). Jean Jacques, al principio, militó en el Partido Socialista Autónomo (PSA); este grupo, posteriormente, formó parte del Partido socialista Unificado (PSU) que dirigía Michel Rocard. Jean Jacques también sostenía al FLN y trabajó directamente con la red de Henri Curiel, al cual conocía con el seudónimo de Frederic. En 1970 Aurelio conocería a Jean Jacques a través de Georges Mattei.

Al producirse el triunfo de la revolución cubana en 1959, Georges Mattei establece lazos estrechos con los cubanos, conoce a Fidel y contacta a un soñador francés de nombre Regis Debray, quien años después se hizo famoso por haber sido apresado en 1967 en la guerrilla que quiso montar el Che Guevara en Bolivia. Para esos años, Mattei había roto ya su admiración por la Unión Soviética y el Partido Comunista Francés. Al final de la década de los sesenta, entra en contacto con los revolucionarios dominicanos a través de Gonzalo Pérez Cuevas, un militante comunista, con quien permanecería estrechamente ligado durante muchos años hasta la muerte de este último. La guerra civil en Santo Domingo y la Intervención Norteamericana de 1965 le permitió entrar en contacto con revolucionarios dominicanos que salían clandestinamente de la isla y a través de su grupo organizaba una red para prepararles documentaciones falsas para visitar Cuba, China y otros países socialistas. En 1966, Georges Mattei visitó por primera vez la República Dominicana y reeditó el libro de Juan Bosch, el ex presidente dominicano derrocado en 1963, “Santo Domingo, crisis de la Democracia en Santo Domingo”. En 1979, vuelve de nuevo a la isla para ver por última vez a Gonzalo Pérez Cuevas que estaba gravemente enfermo. En el 2000, Mattei muere en el hospital de La Pitie-Salpetriere y está enterrado en el cementerio de Montparnasse. El autor de su biografía termina su testimonio de su vida con un poema de Federico García Lorca que reza:

L ombre, de mon ame

s en fuit dans un cuchand

d alphabets,

bruoillards de livres et de paroles»

La sombra de mi alma huye hacia una cama de alfabetos, niebla de libros y palabras.

A la hora convenida, Aurelio bajó de su habitación. Un hombre gordo, de baja estatura con una pronunciada barba lo esperaba. Se saludaron. De inmediato, un detalle le llamó la atención: el asombroso parecido del tipo con George Brassens, el famoso cantante francés, cuya figura la había visto en los periódicos de la época.

—Un abrazo hermano, disfrutó del viaje? Le habló en un español con fuerte acento francés, tal y como Aurelio lo había advertido por teléfono.

—Cómo están por allá los compañeros? Se abrazaron.

—Muy bien, le respondió Aurelio, alejándose lo más que pudo de la dama regordeta de ojos grandes que horas antes le había dado entrada y que los miraba con ojos inquisidores.

—Ya comiste? Tienes hambre?

—Sí, hace algunas horas, en el avión se nos brindó un sándwich, respondió Aurelio.

—Uhm, vamos, pues, acompáñame, debes tener hambre. Ponte esto. Acto seguido le entregó una gabardina crema. Te protegerá contra el frío. Aurelio se la puso. Curiosamente, la vestimenta le ajustaba a su talla, como si George la conociera de antemano.

Por primera vez, Aurelio comenzó a conocer París. A la salida del hotel, el aire frío le golpeó la figura y le penetró hasta los huesos. Era ya noviembre y las señales de un fuerte invierno se hacían sentir. Percibiendo a su derecha una inmensa mole maciza, de color crema, le preguntó:

—Qué hay ahí dentro?

—Es El Phanteón, ahí reposan muchos de nuestros grandes héroes. Acto seguido, remontaron por pequeñas callejuelas del barrio latino, mientras Georges aprovechaba para bombardearle con innumerables preguntas sobre la situación en Santo Domingo, los nombres de los compañeros, cómo le había ido en prisión. Sin embargo, Aurelio intuía que las interrogantes estaban formuladas al socaire, con sutileza. Era una forma de comprobar si las respuestas procedían de un verdadero disidente o de un topo infiltrado por los organismos de seguridad de Balaguer.

Al fin llegaron a un restaurante de comida rápida, tipo self-service. Había de todo.

—Qué es esto? preguntó Aurelio señalando un plato multicolor.

—Se llama ratatouille, es típico francés. Es una mezcla de muchos vegetales sofritos.

Aurelio, tomó ese plato y agregó papas fritas y salchichas.

Mientras Aurelio almorzaba, Mattei le explicó:

—Debes comenzar a adaptarte a la vida cotidiana de París. Mientras menos te juntes con dominicanos, mayor posibilidad tendrás de que los servicios de inteligencia no detecten tu presencia en Francia. Por el momento, debes inscribirte en la Alianza Francesa para aprender el idioma y te llevaremos donde amigos del PSU que te buscaran donde alojarte porque debes salir del hotel. Es muy caro.

—PSU, qué es eso?

—El Partido Socialista Unificado, conformado por una alianza entre el Partido Socialista Autónomo y el grupo que dirige Michel Rocard, le explicó Mattei.

Mattei retornó con Aurelio al hotel. Se despidieron amigablemente y Mattei le dio cita para el día siguiente, al mediodía. Fue a su cuarto y se derrumbó de nuevo en la cama. Al otro día, al despertarse, eran las 11am, hora de París. Había dormido 13 horas. Comenzaba, pues, a adaptarse al cambio de horario.

 

“A esa hora, en la capital dominicana, Lucía Mendieta dormía plácidamente. Entre sábanas blancas y un osito de peluche como acompañante. Mientras Felicia Castro se acababa de despertar y al compás del ritmo de una canción haitiana preparaba su café matinal”.

Amaury Justo Duarte

Diplomático

Ex embajador en el Reino de Marruecos. Consultor Jurídico, escritor, dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) Santo Domingo, Republica Dominicana.

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