Soy una gran fanática del tenis. Bueno, sigo casi todos los deportes, pero el tenis me apasiona y todo lo que se refiere a él me atrae.
Otra de las fanáticas es mi amiga doña Carmen López vda. Somoza. Las dos nos comunicábamos por teléfono cuando jugaba Rafa Nadal; ahora estamos pendientes de Carlos Alcaraz. Mi hijo mayor hace muchos años me dijo: «Esto se jodió, mami, y doña Carmen hablando de tenis». Y es que ambas estamos disfrutando de los años que nos han dado de ñapa.
Ayer leía una entrevista de Toni Nadal, el tío de Rafa, quien fue su entrenador desde los catorce años. Hablaba de todos los sacrificios que hay que hacer para lograr el éxito; él piensa que fue muy exigente con su sobrino. Si llevamos eso a la vida diaria, para todo hay que hacer un gran esfuerzo y sacrificios si se quiere alcanzar la meta.
Hubo un concepto que me encantó: «Hacer las cosas bien no garantiza el éxito, pero hacerlas mal garantiza el fracaso».
También se refirió a que Rafa nunca rompió una raqueta; eso no se lo hubiera perdonado de haberlo hecho, porque forma parte de la educación y la formación.
El 17 de septiembre de 2022 escribí un artículo en este mismo medio titulado «¡Ha muerto el rey, ¡viva el rey!». Se trataba del anuncio del retiro de Federer y el surgimiento de Carlitos Alcaraz.
Alcaraz me tenía fascinada; es que lo suyo es algo único, pero como que se me cayó un santo del altar con él. Su entrenador desde los quince años y durante siete años fue Juan Carlos Ferrero, con quien consiguió 24 títulos: seis de Grand Slam, ocho Masters 1000, siete ATP 500 y tres ATP 250, hasta llegar a ser el número uno.
Sin tener en cuenta los triunfos y la relación existente entre ambos, fue «despachado» de su lado el pasado diciembre, y Carlos no dijo «ni quítame esta paja». Al contrario, cuando ganó Australia, ni siquiera lo recordó; y, si ganó, fue con las directrices que le había trazado su cancelado entrenador.
Como he seguido ese evento, Juan Carlos dijo que fue porque no se pusieron de acuerdo con algo del contrato. Incluso, dicho contrato se lo enviaron un viernes por la tarde para que lo entregara firmado el lunes bien temprano. No le dieron tiempo ni para estudiarlo, aunque, según comentó, la ruptura no tuvo que ver con el salario.
La historia es larga, por lo que solo diré que sentí mucha pena por esa decisión tomada por el padre del tenista, porque entre Alcaraz y Juan Carlos había una conexión dentro y fuera de la cancha que trascendía.
En España ha surgido otro tenista muy prometedor: otro Rafa, de apellido Jódar. Me ha llamado la atención porque, apenas con 19 años, se está destacando mucho. Pero ¡qué va!, en sus pocas apariciones ya se ha dado a conocer: en una oportunidad, al dirigirse a los camerinos, le dio un empujón a una jovencita recogepelotas y, hace apenas una semana, le dijo a un niño, al pedirle la toalla: «Dame la put. toalla, co…».
Los recogepelotas son niños o jóvenes que se dedican a jugar tenis y que van a los torneos a ayudar para ver de cerca a sus ídolos, sin cobrar ni un solo centavo.
En los jugadores de tenis se ven muchas cosas. Dice Toni Nadal que hay que aprender a controlar las emociones.
Ver jugar a Federer era ver al caballero elegante, educado y con una postura envidiable ante cualquier circunstancia. Rafa Nadal era la educación y el respeto en persona.
Djokovic siempre fue una persona engreída, un creído. Nunca se me olvidará el día en que fue número uno y llegó al siguiente partido con un estuche que parecía una maleta, pero que le resultó tan incómodo que no lo pudo volver a usar, a pesar de esa ostentación.
Actualmente hay un australiano irreverente, Nick Kyrgios, talentoso, pero, al estar en una cancha, hay que esperar una extravagancia de la que es capaz.
En enero de 2025, Jannik Sinner, el gran tenista italiano, actual número uno, fue sancionado por tres meses por dopaje. Se probó que se trató del uso de una sustancia tópica por parte de su preparador para aliviar un dolor en una pierna. Esa vez, el australiano Kyrgios fue implacable con él, un verdadero verdugo, pues decía que había que aplicar una sanción más severa porque no se podía permitir el dopaje en el tenis.
Pero, como dice un refrán, «no se debe escupir para arriba porque le cae la saliva en la cara». Eso le pasó a Kyrgios: en junio de este mismo año fue suspendido por el uso de sustancias prohibidas. Aunque se sometió a rehabilitación, no dejó de tener un látigo en la mano a la hora de juzgar.
Uno de mis tenistas favoritos fue el argentino Juan Martín del Potro. Recuerdo que siempre que ganaba un partido se santiguaba y señalaba al cielo. Djokovic, quien era muy amigo suyo, lo quiso imitar, pero no le salía porque no se sabía santiguar; resultaba gracioso verle. Delpo tuvo que retirarse por una lesión igual a la que ha sufrido Carlitos Alcaraz en su muñeca.
De momento, no quedan torneos de tenis relevantes, pero, gracias a Dios, estamos «en pelota». Los que, por salud y edad, ya no podemos ir al estadio nos recreamos con los partidos por televisión y…
¡Que viva el Licey!
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