Según conoce la neuropsicología, el estrés es la respuesta del cuerpo humano a cualquier demanda fisiológica y mental. Al registrar la demanda en cuestión, el cerebro le envía un mensaje en milésimas de segundo al organismo humano para que este se prepare para luchar o huir.

Por su parte, el doctor Hans Selye considera que «el estrés es un mecanismo de protección física y mental que experimentan los seres vivos, atendiendo a los factores fisiológicos, psicológicos y ambientales presentes en el contexto».

Además, el doctor Selye refiere que el estrés es «la acumulación de presiones normales y anormales de la vida diaria que ponen a prueba la habilidad psicoemocional que posee una persona para enfrentarlas».

Por otro lado, el doctor Daniel X. Friedman refiere que «el estrés es una acción conjunta del cuerpo y la mente, que involucra la evaluación de una amenaza y una regulación instantánea, acción que puede ser modificada por el temperamento y la experiencia de vida de la persona».

Asimismo, el doctor Friedman indica que cada persona responde a las amenazas externas a su manera, dependiendo del nivel previo de excitación y de la habilidad que dicha persona tenga para adaptarse a cada circunstancia en particular.

En tal sentido, el doctor Daniel X. Friedman agrega que el estrés bueno ayuda a la persona a adaptarse, por un lado; mientras que, por el otro, el estrés inapropiado podría causarle a la persona un trastorno psicológico, emocional o conductual que impacta desfavorablemente su salud física y mental.

De su lado, la neuropsicología sabe que los factores principales que producen estrés son, entre otros, un divorcio mal manejado, la muerte de un ser querido, la quiebra de una empresa o negocio, el despido de un empleo, un accidente de tránsito o laboral catastrófico o el diagnóstico de una enfermedad catastrófica.

También, la neuropsicología refiere que existen otros estresores que producen estrés, como el miedo al divorcio, el miedo a perder a un ser querido, el miedo a la quiebra de un negocio o una actividad comercial, el miedo a un diagnóstico de una enfermedad catastrófica y el miedo a perder el empleo.

Asimismo, la neuropsicología sabe que existen patrones de conducta humana que combinan una reacción estresora del cuerpo y la mente, patrones que producen cambios bioquímicos y hormonales que desencadenan estrés, así como alteraciones de las glándulas suprarrenales que se encuentran en el abdomen superior, justo encima de cada riñón.

Según se sabe, las glándulas suprarrenales segregan el cortisol como respuesta a una amplia variedad de sucesos que producen estrés. Por ejemplo: una persona que va a ser sometida a una intervención quirúrgica ve dispararse la hormona del cortisol en sangre como anticipación a los resultados de la cirugía en cuestión, y esto genera estrés inapropiado.

Asimismo, existen otras hormonas cuyos niveles se elevan en circunstancias de estrés, como es el caso de la epinefrina, la norepinefrina y la prolactina, hormonas que se apoyan sincrónicamente según resulte el contexto y el medioambiente en el que se encuentre la persona estresada.

Según lo descrito en el párrafo anterior, el estrés inapropiado tiene una conexión psicofisiológica, ya que cuando una persona está estresada se activa un grupo de hormonas que producen cambios significativos en el metabolismo y en la fisiología del organismo humano en sentido general.

En tal sentido, cuando una persona percibe señales de una amenaza, ya sea real o irreal, el cerebro las registra y les manda señales a las hormonas que sirven de mensajeras para que todos los órganos del organismo humano trabajen y produzcan, en milésimas de segundo, una respuesta vigorosa para enfrentar la amenaza percibida.

Por otro lado, los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) refieren que el estrés también provoca hipertensión arterial y úlceras, e indican que hay úlceras que no son el resultado de los alimentos que consumen las personas, sino que el estrés se está comiendo a dichas personas, en sentido figurado.

En ese mismo contexto, los investigadores de la OMS refieren que la reacción del organismo humano frente al estrés puede resultar letal, ya que el estrés inapropiado deprime el sistema inmunológico, incluyendo la inhibición de la producción de las células de los linfocitos T y macrófagos o glóbulos blancos que detectan y destruyen patógenos, células muertas y residuos celulares.

Como se sabe, las células de los linfocitos T y macrófagos son las responsables de pelear contra todas las infecciones, especialmente cuando aparecen infecciones producidas por el cáncer, la neumonía y otras enfermedades catastróficas.

Como hemos visto en el cuerpo de este artículo, una persona que padece de estrés inapropiado con frecuencia debe revisar y ralentizar su estilo de vida, decirse a sí misma en voz alta que todo va a salir bien y, a su vez, poner en armonía sus pensamientos, su cuerpo y su mente.

Finalmente, la neuropsicología sabe que el cerebro de una persona estresada bloquea el pensamiento racional y, como tal, la persona no está en capacidad de manejar y controlar sus emociones y sus impulsos.

«Todo lo que pensamos, hacemos, sentimos, decimos y creemos tiene un impacto en nuestro bienestar físico y mental» (Anónimo).

Telésforo González Mercado

Psicología Social

Telesforo Gonzalez Mercado es Especialista en Psicología Social, Dr. en Planificación Estratégica, académico e investigador. Profesor y tutor para estudiantes de Maestrías y Doctorados en Ciencia para estudiantes de los USA y Canada. Es Conferencista y articulista sobre temas relacionados con el medio ambiente y el cambio climático, resiliencia, construcción de ciudadanía, planificación estratégica, inteligencia emocional y liderazgo. Es Experto en Cooperación Internacional para el Desarrollo. Fue Rector de la Universidad Agroforestal Fernando Arturo de Meriño (UAFAM).

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