Mala o buena costumbre, pero tiendo a descartar el accionar inmediato de las grandes personalidades para concentrarme en su trayectoria; en lo que traen consigo. Me refiero a figuras relevantes; esas que de una u otra forma podrían influir en nosotros. En principio, aparto las particularidades de su comportamiento y paso a preguntarme de dónde vienen, cuáles son sus creencias, y en qué proyectos trabajan.

El comportamiento externo de los plenipotenciarios es solo una señal, una distracción de la música que traen por dentro. “Leer” esos personajes requiere fijarse en su pasado; con quien anduvieron y las teorías que profesan. Es la única forma de llegar a conocerlos y ser objetivos con ellos. De lo contrario, se toma uno el riesgo de valorarlos “ad hominem”, igual que a personas comunes y corrientes; de esas que tontean, chismean, o nos envían un afectuoso arroz con leche para el almuerzo.

La embajadora estadounidense, desde que pisó estas tierras, inició sin tapujos una agenda e impuso su presencia. No quiere pasar desapercibida. De ahí, que lluevan a diario críticas y halagos por igual acerca de su inusual desenvolvimiento; por lo demás, controversial y sin precedentes. Pero no es brincándola, bailándola, ni paseándola por los medios de comunicación, como podemos descifrar tan original forma de ejercer la diplomacia.

Para entender a esa mensajera del Departamento de Estado, debemos aceptar que ella no es ella sino quien la manda; a paso seguido, buscar el ABC del culto que profesa y el catecismo que la inspira. En otras palabras: si queremos entender las razones del ir y venir de la contundente diplomática, es obligatorio estudiar la secta y al líder que representa.

Esas fuerzas tutelares que la mueven explican el origen de tan desenfadado esfuerzo por dirigir y planificar la vida de este país. ¿Por qué le interesa tanto el merengue, la bachata, y la forma como se trata el autismo en Santiago?  No se limita- como manda la diplomacia- a representar, observar, anotar y negociar. De ninguna manera: se mete y opina hasta de las sazones del sancocho.

Días atrás, anunció el propósito de dictarnos nuestra agenda sanitaria, bajo las directrices de MAHA (Haga América Saludable Nuevamente). Ya antes había certificado como científico investigador, a un médico de cuestionable reputación. ¡Cuándo y dónde se ha visto semejante actuación de una embajadora o embajador!

Sin rodeos, pretende imponernos absurdas políticas de salud creadas por el controversial Robert F. Kennedy- graduado en salud pública de la universidad Google-, enemigo jurado de la ciencia y la medicina tradicional.

Esos despliegues proconsulares de la pizpireta enviada, solamente se entienden tomando en cuenta su fervor y lealtad a Donald Trump, y al Proyecto 2025 (plan ultraconservador de la Heritage Foundation). En ese contexto, no es de sorprender que haya traído debajo del brazo una agenda propia del Washington extremista del presente.  Cumple una misión específica: imperar.

Escogida por sus virtudes personales, experiencia profesional, adhesión y lealtad incondicional al presidente Trump, es colocada como cabeza de puente de una invasión ultraderechista, que actualmente desembarca en diferentes playas del planeta.

Basta estudiar la historia de los imperios para entender a que ha venido. Cada imperio aplica pragmáticas combinaciones de fuerza militar, diplomacia y asimilación gradual, en los pueblos conquistados para convertirlos a su imagen y semejanza. De eso se trata.

La pasión por someternos a las políticas MAGA, demostrada por la distinguida embajadora- ¡y vaya si se distingue! -, seguirá aumentando en la medida en que logre someter al gobierno y asentarse en su papel de conquistadora. El quehacer de esa joven señora trasciende su persona; proviene de “órdenes superiores”. Dejemos de fijarnos en la inédita conducta de la enviada y preocupémonos del poder que la determina.

En realidad, todo esto es un juego imperial de burda diplomacia que no podremos ganar: un forcejeo desigual de antemano perdido. Solo queda mantener la dignidad y evadir el mayor número posible de humillaciones.

Segundo Imbert Brugal

Médico psiquiatra

Psiquiatra, observador socio- político, opinador. Aficionado a las artes y disciplinas intrascendentes de trascendencia intelectual.

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