El chofer de la patana cargada de tubos de cemento gigantes no pudo maniobrar para cruzar el trillo empinado en el tramo que bordea el municipio costero La Ciénaga, 20 kilómetros al suroeste de la ciudad Santa Cruz de Barahona, camino a Pedernales. El vehículo se cansó y él apenas pudo atravesarlo para evitar la caída al mar Caribe.

Quedaba paralizado una vez más el tránsito en la única vía entre las provincias que representan el extremo del suroeste, un polo turístico en desarrollo por iniciativa gubernamental. Era miércoles 18 de febrero de 2026.

El Derrumbao de la vergüenza

Los provincianos viven en zozobra, esperando la tragedia. No se ve solución en marcha; apenas algún tractor enllantado para despejar tierra y peñascos que se desprenden en cualquier momento de la montaña de Sierra de Baoruco, al norte, y bloquean el paso.

Cruzar “El Derrumbao” petrifica. Un alud de piedras gigantes podría ocurrir en cualquier momento, con lluvia o sin lluvia. La infiltración de arroyos vuelve más vulnerable la montaña. No hay rejuego porque la opción es el precipicio, hacia el mar. Y cuando el derrumbe llega, el congestionamiento es insufrible; largas las horas de espera. Las autoridades de Obras Públicas callan.

La carretera Barahona-Pedernales mide 124 kilómetros y ha sido asignada por el Gobierno para una reconstrucción que debió ser en tiempo récord, salvo que se fuera indolente con los usuarios, especialmente las comunidades de la zona.

El primer tramo de 50 kilómetros, desde Barahona hasta su municipio Enriquillo, colindante con el distrito municipal pedernalense Juancho. Y el segundo, 74 kilómetros, desde Enriquillo hasta la ciudad Pedernales, capital de la provincia centro del proyecto de desarrollo turístico.

Pero es la de la de nunca acabar, pese a que la intervención debió correr al menos a la misma velocidad que la construcción del acueducto, el alcantarillado, la planta de tratamiento, los hoteles, el puerto turístico, subestación eléctrica y el aeropuerto internacional. Infraestructura básica, terminada; tres de diez hoteles, a término; terminal turística y servicio de electricidad, funcionando; aeropuerto, dicen, será terminado este año.

Raya en lo ofensivo para las comunidades que serían impactadas, donde ya dicen que su último residuo de esperanza sería una presión del poderoso Consorcio Cabo Rojo/Grupo Rainieri (Puntacana de los Rainieri) al Gobierno para la terminación de la vital obra, dada su nueva condición de socio estratégico con el 49% de participación en el proyecto de desarrollo turístico de Pedernales (Complejo de hoteles, aeropuerto internacional en Tres Charcos).

Hasta ese extremo llega el conformismo del colectivo frente a la transgresión de sus derechos a servicios básicos para la vida digna.

El Derrumbao, entretanto, sigue allí, llamando la atención, como símbolo de irresponsabilidad e indolencia oficial. Unos 20 minutos en auto desde la salida de la ciudad Santa Cruz de Barahona, representa para pueblanos, visitantes, negociantes y turistas la puerta de entrada a una vía con alto riesgo de siniestralidad en cada metro de su trayectoria hasta llegar al municipio capital de la provincia Pedernales, en la frontera con la depauperado Anse -a- Pitre, Haití.

Esa angosta vía, plagada de curvas sin peraltes y bajadas súbitas, sin señales, es el mejor abono al desencanto y a la sepultura de las posibilidades del turismo interno, que debería ser más apetecible para la gente nativa porque tendría más permanencia y mayor consumo en los municipios que el de resort y cruceros.

El Derrumbao de la vergüenza

Baste ver las velocidades de vehículos pesados y livianos sin autoridades que controlen y fiscalicen, sin importar los tramos intervenidos desde hace cinco años y nada que advierta sobre su peligro. Ni hablar sobre la proliferación de vacas de pasto libre circulando o cruzando la carretera.

Si apostamos a construir en el imaginario del turista interno una experiencia memorable que le haga propagar la calidad de nuestros atractivos naturales y la hospitalidad de los pedernalenses y regresar al pueblo con los suyos para repetir el disfrute, entonces, estamos en el camino del fracaso.

La curiosidad de ir a conocer provocada por la difusión mediática ha inducido una significativa asistencia desde todos los puntos del territorio nacional. Plausible.

Pero ganas de volver a recorrer, mínimo, 307 kilómetros desde el DN y desafiar el persistente riesgo de siniestro vial… tal vez, no. Sí volverían los extranjeros en los cruceros que desde comienzo de 2024 anclan en la terminal turística “Port Cabo Rojo”, parida a partir del muelle de exportación de bauxita de la Alcoa Exploration Company (1959). O pudientes, como los funcionarios, en pequeños jets que aterricen en el aeródromo de Cabo Rojo, también hecho por la minera estadounidense.

El trayecto Oviedo-Pedernales, 51 kilómetros, del tramo Enriquillo-Pedernales, el más difícil por la cantidad de cuestas, debió intervenirse primero. En el camino, paraje Tres Charcos, construyen el aeropuerto internacional.

El presidente Luis Abinader dispuso que la reconstrucción incluyera la eliminación de al menos 70 curvas peligrosas en los 74 kilómetros contratados. Allí, sin embargo, se nota el gran retraso que hace pensar en un final lejano.

En el primer mes y siete días de 2026 en ejecución presupuestaria gubernamental -resalta una nota bajo la firma del periodista Ubaldo Guzmán Molina, de la sección económica del rotativo Hoy- Pedernales fue la provincia que recibió el mayor monto de asignación para proyectos de invención con RD$1,276.6 millones (23%).

Él observa, sin embargo, que, de 13 proyectos, solo dos se llevaron el total del monto: tramo Enriquillo-Pedernales, RD$1,276.6 millones; investigación sobre el potencial de tierras raras, RD$10 millones.

En Pedernales no sabemos a los cuántos millones tendríamos una carretera digna para seres humanos. Ni cuántos años faltan para la entrega e inauguración. Aunque la promesa fue para 2024, por lo visto, con suerte de lotería sería al final de 2027, si hay voluntad y trabajos 24/7 en varios frentes. Mientras, El Derrumbao sigue allí, como símbolo vergonzante de la indolencia y el silencio despectivo.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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