En la primera entrega de este trabajo como marco de la Economía Holística se presentó la economía como un sistema complejo donde interactúan las variables económicas, sociales, institucionales, ecológicas, tecnológicas y geopolíticas. También mostramos a través de ello cómo el enfoque "Más allá del PIB" ha ayudado a subrayar la insuficiencia del PIB como indicador principal del desempeño económico.
Con esta segunda entrega, abordamos un punto mucho más relevante afirmando que una economía puede crecer y, sin embargo, seguir socavando el suelo de su propio desarrollo.
- Crecimiento económico y sus limitaciones
Durante décadas, el crecimiento del PIB se ha visto en términos de progreso. Pero también surgieron evidencias de como se producen crecimiento mientras se soporta desigualdad, destrucción ambiental, captura institucional, inseguridad laboral y precariedad financiera.
El PIB aprecia el valor de lo que se produce en términos monetarios, pero no diferencia las acciones que mejoran el bienestar y aquellas que lo debilitan.
Aumentar los gastos de seguridad como resultado de la violencia, un desastre ambiental que debe ser reconstruido, o el aumento del PIB a partir de la deuda pueden elevar el PIB sin mejorar la vida humana.
La Economía Holística comienza con otra condición, a saber, la creencia de que el desempeño de una economía debe medirse por su capacidad para desarrollar su potencial humano, apoyar instituciones, defender la base ecológica y reducir el riesgo sistémico.
Un segundo punto interesante a encontrar en la perspectiva holística es que el beneficio más tangible de este enfoque es su para identificar los tipos de riesgos que las estadísticas convencionales pueden pasar por alto o ignorar. Eso incluye, por ejemplo, riesgos climáticos, que pueden dañar la agricultura, la infraestructura, la salud pública y la estabilidad financiera. También riesgos institucionales, como la corrupción sofisticada, la captura regulatoria y la erosión del estado de derecho.
Es necesario reconocer otras categorías de riesgo, los problemas de riesgo social como la desigualdad, la desconfianza, el conflicto y la desintegración, así como otros riesgos importantes, como el riesgo financiero, los ciclos de crédito, la alta deuda y la vulnerabilidad externa, sin mencionar los riesgos geopolíticos y su implicación sobre las cadenas de valor, la seguridad económica y la estabilidad democrática. Cuando estos riesgos son inmanejables, conducen a crisis que el PIB realmente no conoce.
- Construyendo resiliencia institucional y resiliencia basada en la confianza: activos invisibles
En línea con la economía holística, notamos estudios comparativos que argumentan que los países más resilientes, no necesariamente son los que tienen el crecimiento más rápido. Más bien, las instituciones, la confianza social común de la comunidad y la capacidad del grupo cooperativo para coordinar recursos son los determinantes.
Desde una perspectiva económica, la CEPAL afirma que "no solo las tasas de crecimiento conducen a la resiliencia de una nación, sino también la fortaleza de sus instituciones, el nivel de confianza social y su capacidad de coordinación colectiva". Destaca los activos intangibles que disminuyen los costos de transacción, promueven la cooperación y estabilizan un sistema durante las crisis, y por lo tanto pueden proporcionar estabilidad a largo plazo.
En Europa, investigaciones significativas muestran una correlación positiva entre la confianza social y el desempeño económico. La Comisión Europea desarrolló algunos indicadores para llegar a esta conclusión, como el llamado Índice Europeo de Confianza Social.
- PIB per cápita, ocultando, no revelando
El PIB per cápita es una buena medida para comparaciones, pero no una de medición del bienestar general, la equidad o la sostenibilidad. Según Amartya Sen, el PIB per cápita pasa por alto la desigualdad, la salud, la libertad, la dignidad humana. El informe Más allá del PIB, Stiglitz-Sen-Fitoussi deja claro que el PIB per cápita no refleja el bienestar, la equidad o la sostenibilidad.
Consistente con estas perspectivas, la Economía Holística añade a estas dimensiones las facetas de distribución, seguridad laboral, acceso a servicios, sostenibilidad ambiental y riesgo sistémico.
- Hacia un nuevo tablero de indicadores
Hay algo en lo que está de acuerdo la agenda internacional, por ejemplo, la OCDE y la Comisión Stiglitz–Sen–Fitoussi, afirman que es muy relevante entender que "lo que medimos condiciona lo que hacemos". Así que si medimos mal, haremos exactamente lo contrario de lo que deberíamos estar haciendo.
Si nuestra única métrica de producción es la medición, priorizamos la producción. A medida que medimos el bienestar, la equidad, la sostenibilidad, también orientamos nuestras políticas en torno a esos objetivos.
Algunos países ya han integrado tableros de bienestar en sus procesos de planificación, presupuestación y evaluación. Por ejemplo, en Nueva Zelanda, desde 2019 el gobierno ha implementado el Presupuesto de Bienestar y las asignaciones presupuestarias se realizan con el uso de un tablero de bienestar multidimensional, que consta de aspectos como la salud física y mental, la educación, la cohesión social, el medio ambiente, el capital humano, social, natural y financiero.
En Escocia, según el modelo del Marco Nacional de Desempeño, la visión de bienestar está integrada en dimensiones que incluyen la desigualdad, la salud, la confianza institucional, la sostenibilidad ambiental y la participación democrática.
Islandia añadió indicadores de bienestar en su generación e implementación presupuestaria para la salud mental, la vivienda, la cohesión social y la transición ecológica, y Canadá y Finlandia operan en áreas similares. Varios países de América Latina lo estaban adoptando. Por ejemplo, Uruguay, Chile, México, Colombia, Brasil y Ecuador.
En la República Dominicana, el bienestar ya está integrado en varias dimensiones sociales que se miden regularmente, como la salud, la educación, la pobreza, el empleo y el desarrollo humano. Pero estas medidas están tan fragmentadas y aún no forman parte de un tablero de bienestar común que proporcione un enfoque sistemático para la planificación, presupuestación y revisión de políticas públicas.
El desafío del país no es conceptual ni estadístico, sino institucional: pasar de medir el bienestar a decidir en función del bienestar.
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