"Nada ni nadie puede impedir que sufran

que las agujas avancen en el reloj

que decidan por ellos, que se equivoquen

que crezcan y que un día nos digan adiós"

Joan Manuel Serrat   

Un año, que sorprendentemente termina en positivo, nos lleva a una frase de sobra conocida y repetida hasta el cansancio: las cosas no son como empiezan, sino como terminan. Este último, que recién ha concluido, comenzó para mí en déficit total y en algún momento llegué a pensar que todos los malos designios se habían puesto de acuerdo para que al final no quisiera recordar ni uno solo de los trescientos sesenta y cinco días transcurridos. Pero las fichas, por fortuna, se fueron recolocando poco a poco de manera misteriosa e increíble.

Tengo, de acuerdo a familiares y amigos, una resiliencia a prueba de bombas que acepto sin falso triunfalismo. En ciertos momentos, en los que los astros me fueron adversos, no sé de qué modo logré sacar fuerzas de mi interior siendo capaz de revertir fulminantes derrotas en sorprendentes e inesperadas victorias. No tengo recetas que puedan explicar tal actitud, sin embargo pienso que ésta – como cualquier otra planta-  se cultiva y se abona cada día, se riega pacientemente hasta que el tronco sea lo suficientemente fuerte como para resistir el evento más traumático que podamos vivir.

Si me permitiera aventurar una clave básica, que arroje luz sobre el tipo de fuerza interior que logra vencer los instantes aciagos de una vida, yo diría que es el sentido del humor. Quienes lo practican saben de qué les hablo. Entre mis amigos se cuenta, casi como algo insólito, como en medio de un profundo  mar revuelto he sabido sacarles una ligera sonrisa o la más entusiasta carcajada. Personalmente he pasado por situaciones económicas de mucho aprieto y aun así no he perdido el armazón que me protege de dichos vaivenes del destino. Hace unos años, estando muy apretado, un grupo de tres amigos decidimos prestar servicios de reparación de bombas de agua residenciales y la intervención para el uso y utilización de cualquier artefacto eléctrico a domicilio. En realidad, mi papel se circunscribía a cargar con las herramientas y subirlas en el ascensor hasta el piso donde se iban a realizar dichas tareas. Lo cierto es que no constituía esta – por sencilla – una labor que no tuviera yo en alta estima y que no  disfrutara plenamente cada momento. Las ganancias eran muy pequeñas, casi inexistentes, pero para mí todo aquel proceso y lograr ejecutar cada uno de los encargos, no tenía precio.

Si algo me ha acompañado desde siempre es una falta absoluta de complejos a la hora de asumir cualquier reto a nivel laboral, sin importar la naturaleza del mismo. He tenido siempre muy claro que una cosa es el modo en el que me gano la vida y el sustento y otra, muy distinta, mantener al margen mi espacio y mi actividad intelectual. Sin embargo, no voy por la vida apegado a una etiqueta pretenciosa que indique que solo puedo realizar este último tipo de empresa. Todo lo contrario, desde el mismo instante en el que llevo unas herramientas en la mano, voy añadiendo nuevas anécdotas a mi currículum personal y gozando lo que hago junto a cada compañero de aventuras. Y tanto es así que no existe episodio en mi vida que no haya enfrentado con idéntico talante.

Recuerdo que ante una situación de salud muy delicada y cuando todos en mi familia suponían que podía sentirme atribulado, yo de manera tozuda me dediqué a enviarles música  y canciones que no hablaban precisamente de tristeza y que desde luego no delataban que yo estuviera atravesando un tramo de la vida sumamente complicado. La música tiene para mí un elemento reparador y emocional único, y es así como inicié mi manifiesto musical de rebeldía para no aceptar el difícil instante que atravesaba. Uno de mis hermanos me dijo con cierta chanza y jocosidad -" ustedes los intelectuales son irreductibles.

Vivir de este modo ha sido desde la infancia mi tabla de salvación. Uno de esos amigos que saben graficar con enorme acierto los estados de ánimo de la gente me dijo 'que donde se enchiva un greda yo cruzo sin ningún problema" Y me gustaría decir que nada de esto lo hago con la intención de querer aparentar que soy indestructible, sino por la sana intención de no entregarme jamas. Por más complicadas que sean las circunstancias llevo conmigo como lema unas palabras de Agostino Casaroli, Cardenal italiano de la Santa Sede: "en la esperanza aun contra la corriente, cuando toda esperanza parece inútil". 

No

Retomando las líneas iniciales de este breve artículo en el que señalaba que el año que hace tres días finalizó había arrancado con el pie izquierdo y que lo importante era ver como concluía finalmente, debo decir que todas las expectativas negativas fueron superadas de una manera digna de admiración. Lo que no estaba dentro del calendario, para cerrar el mismo con broche de oro, era que en las últimas horas del 2025 yo iba a ser abuelo de una de las niñas más hermosas del mundo, hija de mi primogénito Aarón y de su esposa Diana Flores, a la que  dieron por nombre María Elena. Una bendición que confirma el dicho de que las cosas no son como se inician sino como terminan.

 

 

 

 

 

 

 

David Pérez Núñez

Escritor

Poeta, narrador y ensayista. El autor está situado desde siempre al margen de movimientos literarios. De difícil ubicación nunca formó parte de ningún taller de literatura y poesía, no se unió a grupos ni a corriente alguna. Independiente, escritor desde la periferia, se le puede describir como un punto tangencial en el universo de las letras de su país.

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