En la madrugada de este sábado, 3 de enero del año que recién se inicia, los Estados Unidos de Norteamérica, como regalo de año nuevo, cumpliendo con los planes anexionistas y hegemónicos anexionistas del presidente hegemónicos Donald Trump, invadió con ataques de misiles a distintos puntos estratégicos de la República Bolivariana de Venezuela, secuestrando, no capturando, como se ha querido señalar, para confundir a la opinión pública presidente, al presidente de ese país, Nicolás Maduro, y a su esposa, trasladándolos a un lugar, hasta ahora desconocido.

El argumento y el pretexto que se han puesto a circular, s que ha sido con la finalidad de perseguir y para enfrentar los grandes cargamentos de drogas que entran y salen desde Venezuela hacia los Estados Unidos. Pero muy pocos creen lo mismo, pues no hay que ser un genio ni un experto en geopolítica para comprender que esta no es la realidad que se ha querido presentar.

Lo que está en juego son las grandes riquezas de los recursos naturales que posee este país, como son sus reservas petroleras, unas de las más grandes del mundo; el oro, el hierro y las llamadas tierras raras, ricas en minerales muy apreciados para la fabricación de artefactos de altas tecnologías.

Esta invasión a Venezuela, que viola sus derechos constitucionales, su soberanía y los tratados internacionales de no intervención lo,, traerá graves consecuencias políticas para los países del área del Caribe Insular, para los Estados Unidos y para el propio presidente Donald Trump, pues ya no existe un mundo unipolar, dominado por una sola potencia; ya existen varias, con grandes intereses encontrados. Podemos tener grandes diferencias políticas e ideológicas con el gobierno de Nicolás Maduro, que las tenemos, por los errores cometidos, pero solo ese país tiene la libertad, el libre albedrío y el derecho de luchar por sus reivindicaciones económicas, políticas y sociales; ningún país del mundo, por más poderoso que sea, tiene derecho para abusar e invadir a otros más débiles, pura y simplemente por intereses económicos y hegemónicos.

Este golpe de Estado le produjo a nuestro país un retroceso de más de cincuenta años, en lo económico, en lo político, en lo social e institucional, del cual no nos hemos podido recuperar aún.

El gobierno dominicano, encabezado  por el presidente Luis Abinader Corona, es también corresponsable de este adefesio, por ceder nuestros principales aeropuertos, como el Internacional de Las Américas Dr. José Francisco Peña Gómez y el de la Base Aérea de San Isidro, para que los Estados Unidos realizaran operaciones militares desde nuestro territorio, con el objetivo de presionar políticamente, amenazar e invadir a países hermanos, como a la República Bolivariana de Venezuela y a Colombia, que ya era un secreto a voces, que era con los fines de invadir y derrocar al presidente Maduro, no para perseguir los cargamentos de drogas.

Nuestro país jamás debe aplaudir, ni mucho menos contribuir a la invasión y al derrocamiento de gobiernos de países hermanos, porque desgraciadamente ha sufrido en carne propia dos infaustas invasiones en el siglo pasado por los propios Estados Unidos. La primera, en el año 1916 hasta 1924, en cuyo periodo todas nuestras aduanas fueron intervenidas, con el único propósito de cobrarse la deuda externa de nuestro país con ese imperio.

La segunda ocurrió en abril del año 1965, con el objetivo de aplastar el levantamiento cívico-militar que surgió con el propósito de reponer el gobierno legítimo y constitucional del presidente Juan Bosch Gaviño, el cual fue derrocado por un golpe de Estado el 25 de septiembre de 1963, auspiciado por la cúpula militar y eclesiástica de la Iglesia católica de la época, por la oligarquía empresarial y por la propia embajada norteamericana.

Este golpe de Estado le produjo a nuestro país un retroceso de más de cincuenta años, en lo económico, en lo político, en lo social e institucional, del cual no nos hemos podido recuperar aún.

Los Estados Unidos siempre propiciaron y apoyaron las más férreas dictaduras en nuestros países, para apoderarse de sus riquezas y sus recursos naturales más valiosos, a través de sus empresas multinacionales.

Alfredo Cruz Polanco

Contador Público Autorizado, CPA

El autor es Contador Público Autorizado y Máster en Relaciones Internacionales. Ex diputado al Congreso Nacional y ex miembro de la Cámara de Cuentas de la República 2010-2016.

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