Como el discurso historiográfico se explica mediante la diversidad de la producción histórica, historial e historicista, conviene para su investigación, conocimiento y el reconocimiento de los indicios las diversas fases de las formaciones epocales:
- Fase colonial
- Fase poscolonial
- Fase preindepentista
- Fase post-independentista
- Fase liberal
- Fase dictatorial
- Fase nacionalista o neonacionalista
- Fase democrática o de apertura
Cada fase o temporalidad determinada por prácticas, argumentos históricos pone desde el punto de vista de la acumulación de datos y de la metodología de la búsqueda empírica su documentación:
- Civil
- Militar
- Religiosa
- Histórica
- Cultural
- Filosófica
- Literaria
- Artística
Cada tipo discursivo documental o bibliológico se justifica en una relación de textos funcionales que pretende dar cuenta de la vida pública y privada de una comunidad cultural en su globalidad. Si la documentación falta en los archivos del país, institución o comunidad, se debe buscar [apoyarse] en archivos extranjeros o verificarse cualquier tipo de procedencia, información, indicio escrito, que pueda conocerse mediante pistas textuales.
El discurso historiográfico dominicano posee una:
- Información antecedente (escrita)
- Información consecuente (escrita)
- Información oral (habla y hablar)
La primera manifiesta las formas y redes de una crónica escrita epocal y narrada por autores [locales o extranjeros].
La segunda muestra la réplica o aceptación de la primera y su relación de verdad en contextos históricamente determinados.
La tercera es admitida por una tradición de la palabra no fijada textualmente, pero sí sostenida por los sujetos de dicha comunitarios.
El verdadero discurso historiográfico dominicano comienza con un relato historial intitulado Historia de Santo Domingo de Antonio del Monte y Tejada, escrito en Cuba, en base a materiales y suposiciones históricas diversas. Aunque publicado y titulado por varias instituciones, no se ha estudiado suficientemente su recorrido historiológico en el país dominicano.
La literatura dominicana no se estudia en todos los casos en el movimiento crítico, lingüístico, policultural, documental y filosófico de la vertiente histórica, historial e historiográfica moderna.
Un tanto dispersa y no siempre organizada, la historiografía literaria dominicana pretende ser una visión versión de aspectos y materiales para la posición y la práctica de los diversos escritos históricos y literarios. Asimilando las herencias y razones de un modo hispánico de escribir la historia de la literatura. Nuestros historiadores e historiógrafos pretenden justificar una ideología de la producción de sentido en el vasto campo de la historia dominicana.
A partir de 1844 se empieza a constituir una historiografía fundamentada en el concepto de independencia nacional, donde poetas, narradores, relatores, ensayistas, novelistas y toman el motivo histórico en tanto que pretexto y materia literaria para la realización de sus obras.
Estas se constituyen como textos-mensajes dirigidos a una comunidad lingüística, histórica, religiosa, económica, y otras en cuya dinámica se ha desarrollado una idea nacional posible en su unidad histórica y separatista corta. De ahí que las condiciones de producción teórica e histórica, pretenden reconstruir todo hecho cultural y literario (entendido como texto), a partir de los autores, producciones y todos aquellos escritos que fundamentan la idea de nación como eje de articulación de la nacionalidad.
De esta manera la producción histórico-literaria dominicana de cuño, romántico-liberal parte de relaciones nucleares que se unifican en una visión del mundo y de los acontecimientos, que a su vez han hecho variar la relación discurso de poder / discurso oprimido. Cabe expresar que lo histórico se ha revelado en textos críticos de escasa circulación y cuyo contacto es realmente difícil en el marco de la interpretación histórico-literaria. Nos referimos a algunos textos de Félix Ma. Del Monte, Rafael Deligne, Salomé Ureña, José Joaquín Pérez, Eugenio Ma. De Hostos, César Nicolás Penson, y otros que también instituyeron y reprodujeron el discurso historiológico e historiográfico dominicano en el período 1844-1900.
Todos los avatares, confluencias y contradicciones continúan en la etapa de puesta a prueba de los documentos históricos y literarios (José Gabriel García, Emiliano Tejera, Máximo Coiscou Henríquez, Marino J. Incháustegui, Vetilio Alfau Durán, Emilio Rodríguez Demorizi, Federico Henríquez y Carvajal), Pedro Henríquez Ureña y algunos representantes liberales, se podrían justificar en tanto que modo historicista de desarrollo de las categorías que hasta hoy operan en el estudio de los valores históricos, los textos literarios y culturales.
Podemos decir que el discurso historiográfico-literario dominicano se ha formado mediante las siguientes fases:
- Reseña historiológica desde la escritura poética épica
- Recopilación de materiales nacionales
- Recopilación-reseña biográfica
- Crítica de base histórico-polémica
- Crítica de base teleológica
- Relato institucional de cuño jurídico-económico o financiero
- Crítica de las ideas y las memorias culturales
- Crítica teórico-tendncial activa o periodística
Estas fases promueven el compromiso y la tradición de los signos históricos y literarios que han logrado configurar las estructuras del conocimiento y la significación histórica en la República Dominicana (siglo XX).
Las primeras producciones de nativos y criollos se localizan en periódicos y archivos de instituciones oficiales y culturales, pues la historia editorial de los siglos XVII, XVIII, XIX y XX aún está por realizarse (Demorizi: La imprenta y los primeros periódicos de Santo Domingo, Ciudad Trujillo, Imprenta San Francisco, 1944; Sociedades, cofradías, escuelas, premios y otras corporaciones dominicanas, Santo Domingo Academia Dominicana de la Historia, 1975).
Encontramos en Alejandro Angulo Guridi (Temas políticos, ONAP, 1988), y otras publicaciones extranjeras), noticias e informaciones histórico-literarias; también en César Nicolás Penson: Reseña histórico-crítica de la poesía, Ed. Taller, Santo Domingo, 1980), y en otras publicaciones periodísticas no recogidas en libro. Ver, además, para la historia institucional de la colonia y el período independentista, Pedro Henríquez Ureña: La cultura y las letras coloniales en Santo Domingo, 1936) y, además, Máximo Coiscou Henríquez: Historia de Santo Domingo, Vol. I (1938), Vol. II, (1943), Pedro Henríquez Ureña: Obra crítica, Ed. F. C. E., México, 1960; Hostos: Páginas dominicanas, Ed. De Emilio Rodríguez Demorizi, S. D. (1979) y Eds. De 1939, 1942, Vol. I, Vol. II, Ed. Taller, (Ed. Montalvo, Ciudad Trujillo).
La literatura del Período 1844-1924 se estudió en Pedro Henríquez Ureña: Literatura Dominicana, en Renue Hispanique, París, 1917. Además, Apolinar Tejera, Rectificaciones Históricas, S. D., Eds. Biblioteca Nacional, 1976; Antología de la Literatura Dominicana, Ed. A cargo de Manuel A. Peña Batlle, colaboradores, Pedro René Contin Aybar, Héctor Incháustegui Cabral y Llorens Torres, Ed. Trujillo, Quinto Centenario, Col. Trujillo, Santiago, (1944). Otros: Abigail Mejía: Historia de la literatura dominicana, S. D. (1937); Joaquín Balaguer: Historia de la literatura dominicana, Eds. (1969); Max Henríquez Ureña: Panorama histórico de la literatura dominicana, Ed. Librería Dominicana, S. D., Vol. I, Vol. II (1966).
Para el estudio de la intelectualidad liberal dominicana, ver, Fabio Fiallo: La comisión nacionalista dominicana, en Washington, Imprenta La Opinión, Ciudad Trujillo, R. D., 1939, (1920, 1921); Bernardo Vega; Manuel Arturo Peña Batlle, Obras, Vol. II, La etapa liberal, escritos varios que arrojan datos sobre ideología, intelectualidad, poder y producción ideológica en la R. D. (1900-1924), 1924-1950, Héctor Incháustegui Cabral en un libro que reflexiona sobre la historia y la literatura dominicana en sus autores, ideas y estructuras conformativas (De Literatura Dominicana, siglo XX, Ed. UCMM, Santiago (1968); Héctor Incháustegui Cabral: Escritores y autores dominicanos, UCMM, Santiago de Los Caballeros, 1978), plantea problemas históricos, historiales y textuales que deben retomarse y, mediante estudio crítico documental, ponen en el marco de transparencia histórica las estructuras literarias e historiográficas producidas en el período 1930-1965.
Algunos aspectos y caracterizaciones sobre la producción literaria e histórica dominicana se destacan en Marcio Veloz Maggiolo: Cultura, Relato, Historia en Santo Domingo, Ed. UCMM, Santiago, (1972). Para una formación literaria de transición, ver, Ramón Francisco: Literatura Dominicana 60, Ed. UCMM, Santiago, (1969). Ambos textos se componen de ensayos que reflexionan sobre la literatura en el proceso de producción textual, cultural y sobre la determinabilidad impuesta por la relación escritor-lector.
Hay un aspecto que es importante destacar en el estudio de la productividad textual dominicana. Se trata de una ausencia en los estadios críticos e histórico-literarios de la documentación, archivos, fuentes bibliográficas y textuales adecuadas que constituyen un perfil y un aspecto bastante particular y cuestionable desde el discurso crítico.
El alcance de las fuentes y las determinaciones documentales, fichero, registro electrónico, organización de fuentes por universos micro y macroestructurales, y otros datos constitutivos y configurantes, que permiten interpretar los diversos reconocimientos por información contextualizada. De ahí que el estudioso literario sea también un conocedor de la técnica de recopilación de datos factibles, o sea, localizables.
Los elementos (macroelementos o microelementos) que constituyen la búsqueda documental en literatura e historia, son necesariamente particularizantes y existen en un proceso literario, crítico o filológico en tanto que materialidad textual.
El recorrido de la investigación literaria es una dinámica abierta desde el primer signo constitutivo fechable y legible en el proceso interpretativo. La tabulación, determinación, discriminación y posición de un texto literario en el contexto de lectura-interpretación, plantea la necesidad de codificar varias lecturas en el mismo movimiento de observabilidad. Si el texto se registra como tal en la tradición escrita y crítico-editorial, su posibilidad de articulación interpretativa se hará más viable en el conjunto de la producción ideológica. Por el contrario, si el texto no tiene posición o registro, se considerará, previo al registro, como un no-texto, o sea un interpretante cultural. Se procede en este caso como en la legibilidad jurídica: todo signo debe poseer su propia inscripción y diferencia en el contexto de confirmación y verificación.
Las técnicas documentales admiten elecciones procesuales cuando hay:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
En los estudios literarios los géneros discursivos son evidentemente “atractores” expresivos y estéticos que admiten también las elecciones o discriminaciones técnicas y documentales. Así:
- El cuento:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- La novela:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- La poesía:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- El ensayo:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- El drama:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- La crónica:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
- El testimonio:
- Texto
- Situación
- Circulación
- Efecto
- Intercambio
Estas cualidades o interpretantes poseen un significado que remite a focos determinados de conocimiento e información acerca de estructuras de la productividad textual y su situación en la legibilidad cultural de los signos y sistemas de pensamiento.
En la perspectiva crítico-filosófica e historiográfico-documental, los interpretantes o cualificadores de cada género discursivo se explican de la siguiente manera.
- Texto o sustema de signos en el orden sintáctico, semántico y pragmático. La noción de texto se articula a partir de la unidad de cada tipo dialéctico. El texto se manifiesta en la dinámica de signos o unidades lingüísticas que significan en el marco sintagmático y paradigmático. Significación y necesidad pronuncian documentalmente las informaciones ya procesadas en el mismo Tx.
- La situación es propiamente el contexto significativo del tejido L, puesto en posición comunicativa. La situación admite: a) universo, b) función, c) clase, d) especie, e) finitud, g) espacio, h) tiempo. Estos elementos construyen el contexto o situación en la perspectiva denominada R/opacidad-transparencia.
- Luego de procesar palabras y elaborar los repertorios semánticos, lexemáticos y figurativos, el texto o escrito adquiere su movimiento mediante la presentación y la circulación; proceso éste sociolingüístico y socioliterario cuya inscripción que se destaca en el discurso histórico. La circulación es la dinámica, el movimiento de una lectura que justifica, o se sitúa a favor o en contra de la documentación como tipo primario de textualidad. La circulación o registro es entonces el proceso material e informativo de reconocimiento textual.
- Lo que permite desde esa misma instancia de reconocimiento que se operen transformaciones de lecturas, comprensión o situación, es el efecto producido por el acto mismo de interpretación. De ahí que todo texto produzca un efecto-Tx o manipulación lingüística, social y psicológica.
Elementos de proceso diasincrónico
- Texto
- Capacidad significativa
- Márgenes culturales (cultura: signos, funciones, significados, temas, símbolos)
- Márgenes discursivos (texto: signo, unidad, (orden) significación, significado, uso)
- Receptor-memoria (lingüístico)
- Emisor-memoria (básica)
- Semiosis / cultura / texto
- Registro semiótico / registro documental
- El intercambio habrá de producir varios efectos mediante la interpretación. Existe un proceso de constitución económica y cibernética de los signos. El intercambio es lo que legitima la recepción, la interacción sígnica y cultural. El intercambio es, por lo tanto, el proceso cualitativo, a través del cual los géneros discursivos actualizan su valor y significado.
Así pues, los géneros discursivos a, b, c, d, e, f, g, admiten los cerebros o memorias técnicas para la descripción, discriminación y procesamiento autosignificativo, pues cada texto se inscribe en un quantum de energía comunicativa creando su propio ecosistema.
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