Con mucha fanfarria cada 27 de febrero conmemoramos los sucesos de 1844 por medio de los cuales logramos nuestra independencia política. Pero, mientras dependamos mucho de comida importada y, sobre todo de energía importada, realmente no seremos realmente independientes. Lo que acaba de ocurrir a Cuba, y el impacto sobre nuestra economía de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, evidencian esa falta de independencia.
Aunque Cuba genera con sus pozos un 40% del consumo de su gasolina, bastó con que Estados Unidos bloqueara el acceso de gasolina venezolana y de otros países para que Cuba se “apagara”. En su auxilio China está ahora enviándole mini paneles solares. Cuando dependíamos del petróleo venezolano, en una ocasión un huracán imposibilitó la llegada desde allí de barcos petroleros debido a que el mar estaba muy revuelto, y la falta de combustible hizo que surgieran entre nosotros largas filas de automóviles y una crisis nacional. El país todavía apenas tiene capacidad de almacenamiento equivalente a solo un mes de consumo.
Mientras Brasil tiene como objetivo que un 50% de su energía dependa de la energía solar, en el caso dominicano esa proporción es solo de un 12%, que se complementa con un 7% de energía de viento (eólica) y, apenas, un 6% de energía hídrica para un limitado 20% de dependencia en energía no renovable. Nuestra población no sentirá el extraordinario impacto sobre nuestra economía del alza en los precios de la gasolina y el gas natural, resultante del bloqueo del Estrecho de Ormuz y la reducción de la producción en todo Medio Oriente, sencillamente porque el gobierno dominicano desde hace muchos años ha establecido controles de precios a la gasolina, al gas propano y al fuel oil, al tiempo que también establece controles de precios a la tarifa eléctrica que pagan todos los consumidores.
Consecuentemente, el Estado opta por no traspasar los aumentos en los precios internacionales, sino que los absorbe a través de enmiendas presupuestales que disminuyen aún más la proporción de nuestro presupuesto que se dedica a inversiones públicas. Precisamente en estos días tanto nuestro presidente como nuestro ministro de Hacienda han hablado sobre planes para aumentar la inversión pública, pero esta nueva guerra echa para atrás los mismos. Al mismo tiempo, los aumentos en los precios incrementan nuestras importaciones lo que debilita nuestra balanza de pagos y, tal vez, a nuestro peso y eso que, gracias a Dios, dependemos esencialmente de Estados Unidos para nuestras importaciones energéticas y no de Venezuela o México, como antes.
Un objetivo a nivel nacional que deben de apoyar todos nuestros partidos políticos, es lograr que un 50% de nuestra energía provenga del sol. Esto se puede lograr debido a la extraordinaria reducción, que ha llegado a un 70%, en el costo de los paneles solares, los cuales se originan mayormente en China, junto con una reducción paralela en el costo de las baterías que desde hace pocos años permiten resolver el problema de la inestabilidad en la oferta de energía solar que tan solo es generada durante el día. Con las baterías se puede almacenar parte de ella y transmitirla durante la noche.
Grandes “fincas” de paneles solares requieren de mucha tierra llana y eso lo tiene en abundancia el Estado dominicano en tierras del antiguo Consejo Estatal del Azúcar (CEA), que no producen alimentos, así como en la Sabana de Guabatico. Esas tierras podría aportarlas el Estado como capital accionario para proyectos público-privados de energía solar, aportando el inversionista privado el costo de los paneles y baterías y su conexión con las redes eléctricas. La Unión Europea, como parte del cumplimiento de sus obligaciones bajo el Acuerdo de París sobre medioambiente, está dando subsidios a las empresas de esa zona que inviertan en proyectos solares en el tercer mundo.
Siendo eso así, necesitamos un “FITUR” energético bajo el cual los principales bancos dominicanos acudan a ferias en Europa para ofrecer financiamiento a empresas que inviertan en paneles solares en nuestro país. El turismo vía FITUR genera divisas, pero la generación solar ahorra divisas y, en grandes cantidades y una inversión en esos paneles solares probablemente es más segura desde el punto de vista crediticio, que un financiamiento de un hotel.
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