Margaret Mead señaló: “Recuerda siempre que eres absolutamente único. Como todo el mundo”. Nos sentimos únicos y verdaderamente lo somos, pero debemos recordar que todos los demás también lo son. Necesitamos reflexionar y asimilar ese concepto, para disfrutar de salud mental y tener una vida social satisfactoria.
No importa cuán diferentes seamos, todos coincidimos en algo: queremos sentirnos bien y ser felices. Hoy en día hemos podido estudiar la felicidad física, mental, social y espiritualmente, lo que hemos descubierto podría contribuir a mejorar nuestra calidad de vida, siempre que lo apliquemos.
En una entrevista radial reciente, una presentadora me preguntó sobre los aportes de la neurociencia para nuestro bienestar o felicidad. Respondí en el modo escueto que permite un programa de radio con limitaciones de tiempo, pero pensé, que valía la pena dar una respuesta más detallada.
En nuestro desarrollo psicológico, nuestro primer nivel de felicidad es puramente físico. El bebé se siente dichoso si le dan de comer, beber, protección y seguridad afectiva, lo que manifestará con sonrisas, gorjeos y juegos.
Como adultos, el nivel físico sigue siendo importante y para algunos es lo principal. Algunos adultos no logran evolucionar de ese nivel psicosocial y entienden que ser felices es simplemente poder disfrutar de placeres corporales constantes (comer, beber, tener sexo o divertirse). Los que se mantienen estancados en esta etapa, tienen serias deficiencias de adaptación, por la misma razón que un niño no puede estar comiendo dulces durante todo el día, aunque mucho les gusten.
Tenemos necesidades físicas, pero sabemos que, si nos integramos adecuadamente a la sociedad, podremos mejorar la posibilidad de que no nos falte lo que necesitamos para satisfacerlas. Es lo que normalmente logra el adulto al madurar.
Psicológicamente puedo estar tranquilo y satisfecho, si puedo aceptarme a mí mismo, si entiendo quién soy, qué quiero, cuáles son mis fortalezas y debilidades, convivo con personas que me aman y necesitan, a la vez que yo las amo y necesito. Me siento parte de algún colectivo humano y puedo entender mi valor en la sociedad.
Hemos llegado a conocer bastante la relación de nuestros estados anímicos con nuestro funcionamiento biológico, de manera que, para algunos, la definición de la felicidad podría ser simplemente un incremento importante de serotonina en nuestras sinapsis neuronales.
Ese reduccionismo, al limitar nuestros estados anímicos a simples fluctuaciones de neurotransmisores, nos dejaría sin argumentos sólidos para enfrentar la drogadicción. En casos de vidas humanas destruidas por el consumo de drogas, solamente parecería pertinente evaluar si pese a todo se sienten felices.
En nuestros procesos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales, existe una simultaneidad o interacción bidireccional que no nos permite establecer un flujo lineal de qué viene primero y qué viene después. ¿Si somos felices se incrementan algunos neurotransmisores, o primero se incrementan y luego somos felices?
Las evidencias conocidas parecen indicarnos que los procesos o fenómenos tienden a desarrollarse al mismo tiempo en diferentes niveles.
En vista de esa simultaneidad en nuestros procesos existenciales es necesario, para que seamos felices, que presentemos un desarrollo sostenible y un desenvolvimiento social funcional, productivo y armónico. Y no menos importante, debes siempre tener una idea de por qué tu vida vale la pena.
La psicología conductual nos ha enseñado que no siempre debemos esperar a sentirnos bien para comenzar a actuar. En ocasiones, adoptar conductas compatibles con la vida que deseamos, puede contribuir a modificar progresivamente nuestro estado emocional.
Cuando sabes lo que necesitas, pero no eres capaz de ponerte en movimiento para alcanzarlo, necesitas ayuda y preferiblemente profesional.
A veces tenemos limitaciones físicas y en otras ocasiones pueden ser psicológicas (que podrían ser peores), en esas condiciones disponemos de la ayuda de médicos y psicólogos.
Nuestra inteligencia es de vital importancia, porque es el instrumento que puede servirnos para encontrar las opciones o estrategias posibles para superar los retos u obstáculos que la vida nos pueda presentar, o para ayudar a adaptarnos a lo que no podamos cambiar. La queja constante no constituye una solución efectiva.
Gran parte de la felicidad consiste en la decisión consciente de ser feliz. Cuando la decisión no basta, ya sea por depresión, duelo patológico o trastorno de ansiedad, la decisión consistiría en buscar ayuda a tiempo.
Posiblemente te enseñaron que eres frágil, que has recibido muchos traumas en la vida que te limitan sin saberlo y que por tus limitaciones tal vez no lograrás tener una vida agradable.
Lamentablemente tal vez no te dijeron que tienes muchas facultades que te pueden ayudar a encauzar tu vida de forma más favorable, que no importa lo que te esté afectando, normalmente hay opciones o estrategias para enfrentarlo, que podrías no estar utilizando correctamente.
Para poder hacer cambios en tu vida, debes hacer una pausa aquí y ahora, establecer un contacto efectivo con tu yo interior, identificar tu realidad y tus verdaderas metas, y finalmente organizar tus pensamientos, para dirigir tus pasos desde funciones ejecutivas como las del lóbulo prefrontal, adaptándote al estilo de vida que deseas y necesitas.
Referencias:
Fredrickson, B. L. (2001). The role of positive emotions in positive psychology: The broaden-and-build theory of positive emotions. American Psychologist, 56(3), 218–226. https://doi.org/10.1037/0003-066X.56.3.218 (doi.org in Bing)
Rojas, M. (2014). La felicidad en la economía: Una aproximación desde América Latina. México: Fondo de Cultura Económica.
Seligman, M. E. P. (2011). Flourish: A visionary new understanding of happiness and well-being. New York: Free Press.
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