La integración de las naciones centroamericanas se da de diferentes maneras: la política, la económica, cultural, y por qué no en el área deportiva, que es una de las formas más cercanas y netamente integradora del ser humano, en específico, de la juventud de la región. Y éstos 25vo. Juegos Centroamericanos y de El Caribe, Santo Domingo 2026, es la mejor manera y más cercana de ponerla en práctica.
Si se mira en retrospectiva, ya hace 100 años que empezó esta aventura del músculo y del espíritu competitivo de estos países que, emulando otros países y continentes, que aparte de la competencia económica, militar, tecnológica, científica, educativa, también hacen músculos en la competencia de la resistencia y las artes del deporte en sus más variadas formas de manifestaciones. 100 años se dice fácil, pero hay que ver el agua que ha corrido bajo el puente de la historia para que hoy se pueda contar esta narrativa de un sueño que se fue haciendo realidad a golpe de sacrificio, sudor y lágrimas de una juventud que para poder competir lo ha sacrificado todo, además de su época dorada: los años antes de los llamados pasados los treinta.
Y decimos sacrificios, porque aquí en esta parte del mundo no se regala nada, y mucho menos, a los que vienen de las zonas más depauperadas y que se entregan al sueño de ver coronado sus sacrificios para erigirse en el pódium de la dignidad, la historia y la trascendencia por generaciones. Porque los laudos, trofeos, reconocimientos, una vez ganados, pasan a la posesión y memoria colectiva, pero el silencio del sacrificio individual nadie lo mide, y mucho menos, las noches en vigilia y todo lo que se deja atrás, aunque no es tiempo perdido. Al final llegan los réditos y la sonrisa del deber cumplido con su país, la familia, la historia y uno mismo. Ese es el verdadero mérito de los deportistas en esta parte olvidada del mundo. (Todos los dominicanos que han puesto sus nombres en el portal de la historia son el mejor ejemplo: la Paulino, la Arrender, el Sánchez, y muchos más, en el deporte no profesional, sino olímpico de aficionados) Mas allá de que se recuerde que todo en la vida es lloro y sacrificio.
Desde la antigua Grecia, donde empezó todo el deporte para agradar a los dioses. Desde el camino de Maraton en que se dejaba la sangre en el suelo adornado con la piel lacerada de las extremidades por el camino arduo de soñar despierto, desde uno mismo que miraba hacia la eternidad silente que guardaba los trofeos que nunca se consiguieron, desde ahí el hombre ha soñado con la eternidad del músculo y los cuerpos perfectos en la reciedumbre física del ejercicio y el sacrificio. Y aquí, en esta parte del mundo, que la baña el sol eterno del mar más mar, y sol que existe para que los cuerpos rindan y lo den todo antes del extenuante cansancio y la pronunciación de la frase” ya no puedo”, aquí, por estos caminos, nadie se rinde, nadie se cansa, porque estamos hechos para que nunca se pronuncie la palabra nunca y mucho menos final, a no ser para celebrar la meta, para lograr lo que nos hemos prometido con el cielo de testigo en frente de los sueños.
Así somos, así seguiremos siendo, invencible ante los retos, batalladores antes lo que parece incierto. Hagamos un poco de historia de como estos juegos se convirtieron en una perfecta apuesta de integración para unos países que siempre vivieron de espaldas unos a otros, aun y a sabiendas, que los padres fundadores dejaron el pellejo en cada pedazo de tierra del Istmo para que sucediera la tan anhelada integración política, económica y cultural en todas sus vertientes.
Como ya saben, hace 100 años que empezó esta hermosa aventura de unirnos en la alegría del deporte y la competencia sana. Si, 100 años un 12 de octubre de 1926 en Ciudad México con solo tres países participantes: México, Cuba y Guatemala. Después vinieron más ediciones, más esperanzas puestas en los músculos joven de cada uno de los atletas que con sus esfuerzos y sueños fueron tejiendo ese manto de la integración amplia de los países, que unidos en el deporte y la solidaridad, han hecho historia a lo largo de una centuria y contando para empezar otros 100 años de una historia que comenzó para unirnos cada vez más en los que somos: una sola nación amplia como la soñaron los que nos legaron nuestras independencias.
Y la historia en esta aventura deportiva e integradora para la República Dominicana comenzó en la V edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrada en Barranquilla, Colombia, en 1946. En ese debut histórico, la delegación dominicana obtuvo un total de 7 medallas (4 de oro, 2 de plata y 1 de bronce). Luego vinieron más ediciones, más competiciones, más retos, hasta que en el 1974, hace ya 52 años, en los gobiernos del Dr. Joaquin Balaguer se celebró la ya famosa edición de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, juegos que marcaron un antes y un después en las competiciones internacionales del país, por ser anfitrión, por la preparación de los atletas, por toda la infraestructura que se tuvo que diseñar para llevarlos a cabo y por la brillantez con que se desarrollaron, aun y en un momento de muchas tensiones políticas internas y externas a nivel mundial y de la región centroamericana.
Estos juegos siempre fueron y lo seguirán siendo la fiesta cultural, la prueba de que los jóvenes de la región están al mismo nivel de otros deportistas de cualquier país y región del mundo, y porque, a pesar de las tensiones políticas que pudiesen existir entre países y gobiernos, el deporte unifica los sueños de nación y de integración que siempre han coexistido con todos los demás problemas, y que siempre hay la manera se subsanarlos para que vuelva la fiesta de la competición sana a intégranos como un solo cuerpo, como un solo sueño.
Y volvimos con los juegos de Santiago 86, esta vez en el gobierno ce salvador Jorge Blanco y otra vez el país se lucio delante de sus invitados y fuimos los anfitriones que siempre hemos sido en una de las ciudades más hermosas y cálidas para recibir visitantes en las Américas. En los XV Juegos Centroamericanos y del Caribe de Santiago de los Caballeros 1986 participaron 26 países, y el país ganador del medallero fue Cuba. Celebrados del 24 de junio al 5 de julio de 1986. Con la participación de 2,100 atletas y 25 deportes disputados. Cuba se alzó con 299 medallas en total (174 de oro), en segundo lugar, quedó México, con 133 medallas. Y en tercer lugar Venezuela, con 120 medallas.
Pero por encima del medallero obtenido estuvo siempre el medallero de la solidaridad y la integración de todos los países en un solo bloque: la amistad como norte en el deporte. Para ese entonces, era Cuba la que ostentaba la supremacía deportiva de la región al conjunto de México, pero en estos juegos Cuba dictaba el camino, sobre todo en boxeo y atletismo. Y siguiendo con la historia, ¿cuándo se integraron como tal los países del caribe insular a las competiciones? Los primeros países del Caribe insular no hispano en competir en los Juegos Centroamericanos y del Caribe fueron Jamaica y Trinidad y Tobago (entonces bajo administración británica), los cuales debutaron en los II Juegos celebrados en La Habana, Cuba, en 1930.
Luego se incorporaron de manera masiva y progresiva entre los años 1960 y 1980 (como en los juegos de Kingston 1966, San Juan 1970 y Santiago de los Caballeros 1986), ampliando la diversidad lingüística y cultural del bloque caribeño dentro de la organización (ahora regida por Centro Caribe Sports). La antigua Guayana Británica ingresó formalmente a competir en las décadas siguientes, sumándose con delegaciones mayores hacia los juegos de 1962 (Caracas) y consolidándose en ediciones posteriores. La incorporación de las naciones e islas de habla inglesa (anglófono) y francesa (francófono) del Caribe a este evento regional ocurrió de manera gradual a lo largo de varias décadas, expandiéndose fuertemente desde mediados del siglo XX en adelante.
Pero la importancia de este hecho histórico y deportivo es que, por lo menos en el deporte, no hemos vivido de espalda unos a otros como sucede en lo político, ya que para las Antillas mayores, con excepción de Cuba, le ha sido harto difícil conseguir la tan anhelada integración, sino pregúntenle al presidente Leonel Fernández con todo el trabajo hecho en su primer gobierno para que estos países por lo menos dejar entrar al país al CARICOM y demás organismos de cooperación multilateral. Hasta hoy ha sido un trabajo a medias, nunca miran a los de habla castellana, su norte es mirar a Europa y las madres patrias según ellos, Inglaterra y Francia y Holanda en última instancia.
Pero hoy inaugurado estos 25vo. Juegos Centroamericanos y del Caribe, Santo Domingo 2026, bajo la egida de Centro Caribe Sports, que más parece un nombre de una casa de apuesta, que un ente regente del deporte en la región, vemos cómo toma más fuerza el concepto de integración porque a decir verdad, han sido unos juegos bien organizados, bien promocionados y donde el gobierno nacional dominicano, se puso los pantalones largos a fin de ser el mejor anfitrión posible, gracias al remozamiento de los espacios deportivos de competición que muchas veces fueron descuidados y dejaban mucho que desear de lo que legaron en su tiempo los gobiernos anteriores.
Y sobre ese tema voy a hacer unas reflexiones que podrían ser vista con resquemos por algunos puristas e historiadores del deporte dominicano: veamos. Desde siempre el espacio del Centro Olímpico Juan Pablo Duarte, ha sido el protagonista de la historia del deporte olímpico del país, un campo deportivo que, si lo vemos históricamente, su nombre fue: PARQUE METROPOLITANO. Un parque creado para convertirse en un pulmón central de la ciudad de Santo Domingo. El gobierno del doctor Joaquin Balaguer, como todos saben, para la celebración de los XII Juegos Centroamericanos y del Caribe, 1974. Se el cambió por el nombre de: Centro Olímpico Juan Pablo Duarte. Dicen que Balaguer nunca la inauguro, porque pensó que no la hizo el, así que tenemos dos instalaciones en una y por eso proponemos y pensamos que debe mantenerse el nombre de: PARQUE METROPOLITANO: Juan Ulisés García Saleta (WICHE), que alberga el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte.
Si nos fijamos, el día en que arribo la antorcha olímpica al recinto sagrado del deporte, fue emocionante ver como los hijos, sobrinos, hermanos de los tres grandes del olimpismo y el deporte aficionado del país abrazaron el momento como si fueron ellos partes de la eternidad. Así vimos cómo, Juan Ulises García Saleta (Wiche), Virgilio, Travieso Soto, Enrique Antonio Ripley Marín y Roque Napoleón Muñoz. Todos inmortalizados en ese momento. Por eso, creemos que volver a ver esa posibilidad es hacerle justicia a la historia del deporte dominicano en honor a estos hombres, sin dejar detrás al Dr. José Joaquin Puello Herrera, el verdadero titan del olimpismo nacional dominicano.
Estos es lo que creemos y lo decimos sin rubor: con los años se han ido sumando las dependencias restantes y las Antillas Menores de habla neerlandesa y francesa (como Guadalupe y Martinica).
En los actuales Juegos de Santo Domingo 2026, la cuenca del Caribe cuenta con una representación total de 37 delegaciones, consolidando la participación de prácticamente todo el caribe anglófono y francófono. Nunca como ahora había habido más participación en unos juegos de esta naturaleza. Felicitaciones José Monegro, Director Ejecutivo de los Juegos, mi alumno de los viejos tiempos en la Universidad Católica de Santo Domingo, UCSD, un gran alumno aventajado.
Hay que decir otra cosa: lo político ha incidido de manera profunda y constante en el desarrollo, expansión e integración de los países participantes en los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Al ser el evento regional más antiguo del mundo, ha reflejado las tensiones de la Guerra Fría, los procesos de descolonización del Caribe y el uso del deporte como herramienta de propaganda o diplomacia internacional.
Las principales formas en que la política ha impactado este evento se estructuran en los siguientes aspectos:1. El reflejo de la Guerra Fría y tensiones ideológicas
El caso de Cuba y el barco "Cerro Pelado" (San Juan 1966). El gobierno de Puerto Rico (alineado con la política exterior de EE. UU.) intentó impedir la participación de la delegación de Cuba tras el triunfo de la revolución socialista. Al negarles visados y transporte regular, los atletas cubanos viajaron en un barco mercante llamado “Cerro Pelado”, desembarcaron en lanchas en las costas puertorriqueñas amparados por las leyes del Comité Olímpico Internacional y lograron competir.
Boicots y ausencias forzadas: Gobiernos con marcadas diferencias ideológicas llegaron a romper relaciones deportivas. Por ejemplo, Cuba no asistió a los Juegos de San Salvador 2002 y Mayagüez 2010 (Puerto Rico) alegando "falta de garantías de seguridad" para sus atletas en territorios estrechamente vinculados a la política estadounidense.
La descolonización y la integración del Caribe Insular
Reconocimiento de soberanía deportiva: Para las pequeñas islas británicas, neerlandesas o francesas del Caribe, unirse a los juegos entre 1960 y 1980, no fue solo un asunto atlético, sino un acto de afirmación política internacional.
Diplomacia a través del deporte: Organizaciones como Centro Caribe Sports (antes ODECABE) permitieron la participación de islas que aún son territorios dependientes (como las Islas Vírgenes o Bermudas), dándoles un estatus de igualdad soberana en la cancha que políticamente aún no tenían ante la ONU.
El deporte como "Marca País" y legitimación gubernamental
Uso político de las sedes: Los gobiernos locales suelen financiar masivamente estos juegos para desviar la atención de crisis internas o proyectar estabilidad y modernismo hacia el exterior. El Salvador asumió la sede de San Salvador 2023 en tiempo récord tras la renuncia de Panamá. El gobierno salvadoreño utilizó el éxito del evento para consolidar internacionalmente su narrativa de país seguro y transformado.
La actual edición de Santo Domingo 2026 ha sido tomada por el gobierno dominicano como un proyecto insignia del Estado para potenciar su diplomacia pública, el turismo y el desarrollo de infraestructura urbana.
Sanciones a Comités Olímpicos Nacionales
El caso de Guatemala (2023), debido a disputas legales e interferencia del gobierno e instituciones locales en los estatutos del Comité Olímpico Guatemalteco, el Comité Olímpico Internacional (COI) suspendió al país. Esto obligó a los atletas guatemaltecos a competir en San Salvador 2023 bajo una bandera neutral y el nombre de "Centro Caribe Sports", demostrando cómo la política interna de un país puede afectar directamente el desempeño de su delegación.
Pero sea como sea, estos juegos que se están celebrando en la República Dominicana, van a servir, a parte de romper e implantar nuevos récord y nuevas historias deportivas, para reafirmar una vez más que el deporte, como la política, en tiempos de globalización y mundialización, y siempre, ha servido para reafirmar la hegemonía de las naciones, el caso del nazismo en los años 30 del siglo pasado en las Olimpiadas y la entronización de la narrativa de la superioridad de la raza Aria. Pero también, ha servido y sirve, para unir naciones en propósitos muy nobles como la solidaridad, la lucha contra el racismo, las desigualdades, la discriminación por sexo, religión y demás.
Hoy asistimos a unos juegos, que nos van a ayudar a que la Integración de los países del SICA, el Gran Caribe y los del Caribe Insular, por fin, tenga un propósito noble: ver que todos, aun sin tener el mismo idioma, van para un sendero y un horizonte común, y tienen un mismo enemigo: la desunión, y saber que mientras más desunidos están, más difícil será conseguir la tan anhelada emancipación.
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