Desde múltiples aciertos hasta chepas y estrepitosos fracasos se han registrado en las encuestas electorales a partir del 20 de octubre de 1935 cuando la firma de George Gallup inauguró las primeras mediciones  y  predijo la reelección al año siguiente del demócrata Franklin Delano Roosevelt frente a su adversario republicano, el gobernador de Kansas, Alf Landon, en Estados Unidos. La revista Literary Digest, de la competencia, había favorecido a Landon, basándose en millones de votos enviados por correo.

Con el tiempo, empresarios y políticos en el mundo han descubierto que apelar, aun sea como discurso, a tal tipo de estudio es buen negocio.

Los primeros, como dueños de las empresas, para ganar buen dinero. O como interesados en invertir en probables ganadores para cobrar con creces a posteriori a través de onerosos contratos, exoneraciones y colocaciones en puestos clave del Estado.

Los segundos, porque -a lo interno de sus organizaciones- los insumos, si resultado del rigor científico, sirven para analizar el comportamiento de las opiniones de los electores y las probabilidades de conversión en actitudes (sufragios en las urnas) los días de votaciones. Los datos son necesarios para construir estrategias fiables orientadas a solventar debilidades y consolidar fortalezas.

El trípode empresarios-política-encuestas luce hoy imprescindible para alcanzar el poder.

El problema está en que muchos estudios son trajes hechos en oficinas a la medida de los financiadores, y, para la mayoría de la población, es difícil desmarcarlos de aquellos regidos por la ciencia.

Un crimen imperdonable, porque sustraen a la sociedad el derecho fundamental a ser informada de manera oportuna con veracidad y erosionan más las bases de la democracia de papel que vivimos y a la vulnerable institucionalidad que tanto malestar crea.

Es justo ahí donde debe entrar el periodismo dominicano, por aquello de la responsabilidad social de informar con la verdad en la mano para que la gente pueda adoptar decisiones oportunas en su cotidianeidad.

En general, sin embargo, la profesión se diluye en la superficialidad y da la impresión de que, a partir de cifras inventadas, es parte de la estrategia de manipulación de la mente colectiva para posicionar intereses particulares.

La discusión en ausencia de cálculo estadístico se agota en pregonar con adobo de amarillismo quién aparece arriba y quién abajo, quién sube y quién baja, quién no ganará por alta tasa de rechazo y quién sí por bajo rechazo del electorado. No hay diferencia entre un ciudadano de a pie desprovisto de herramientas para el análisis y la mayoría de los analistas mediáticos del día a día, incluyendo asesores extranjeros de piel clara y ojos azules.

Engaño total hechura de malas relaciones públicas que nadie regula, pese a que se trata de un ejercicio de manipulación socialmente letal desde la A hasta la Z. Desde la supuesta muestra hasta la presentación de cuadros y gráficos multicolores. Un ejemplo de cómo mentir con estadísticas para tirar como ganado al electorado.

En Rep. Dom. hacen encuestas desde el primer lustro de los años 70 del siglo XX con la contratación del  Centro de Investigación y Mercadeo Social (Cimers), de Luis Augusto Caminero, bajo la contratación del vespertino tabloide La Noticia. Predijo la victoria del candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano y aliados frente al reformista Joaquín Balaguer.

Medio siglo es tiempo suficiente como para que predomine la sujeción a la ética entre los actores involucrados, directa e indirectamente, en el proceso investigativo, análisis, conclusiones y presentación de resultados al público.

En cuanto al periodismo, es un deber determinar, con fórmulas a mano, la validez de los estudios de opinión electoral para, de entrada, separar el macho del arroz, los reales de los ficticios, salvo que quiera ser cómplice de la perversidad contra la sociedad y la democracia.

Y ese esfuerzo de transparencia implica: determinar la veracidad del universo, la muestra y su distribución, la proporcionalidad, el factor de representación, intervalo de confianza y margen de error, calidad del cuestionario y aplicación, el financiador de la investigación y su papel en la construcción del cuestionario, los indecisos reales y su prorrateo, manejo periodístico correcto de los resultados en función de las probabilidades, validez de la ficha técnica completa.

Al periodismo no le luce sembrar especulación, y menos con tema tan delicado. Es parte de su responsabilidad profesional servir información conforme a la verdad. Así que la verificación permanente, la contrastación de fuentes, el rigor, el dudar de todas, como aconseja la ética periodística, deben acompañarle siempre como el zumbido al moscardón.   

Lo otro es cháchara, pura engañifa y ruido para manipular a la sociedad; vocería mediática de candidatos con encomienda de empresarios y políticos promotores.

Tony Pérez

Periodista

Periodista y locutor, catedrático de comunicación. Fue director y locutor de Radio Mil Informando y de Noticiario Popular.

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