Terminamos un 2025 cargado de asombros e incertidumbres. Asombros e incertidumbres en lo internacional como en lo local. Viejas y ancestrales maneras a pesar de los avances en las investigaciones y el conocimiento de nuestras conductas y los factores con los cuales se asocian.
Quizás son esas “sombras junguianas” que se niegan a hacerse conscientes, permaneciendo reprimidas en nuestra psique por nuestros propios miedos o las presiones sociales originadas por un inconsciente colectivo que se mantiene aún como un “lado oscuro” que nos impide ser y construir una vida plena.
Un mundo cargado de conflictos que no parecen tener otra manera de enfrentarse que mediante el conflicto bélico y la muerte. Rusia y Ucrania, Israel y Palestina, como el Oriente Medio. Sudán, Myanmar, Sahel (África), Haití, las crisis continuas en el Mar Rojo, Siria, Colombia y México, entre otros.
La violencia generada por la exclusión social y la pobreza generalizada como consecuencia conlleva que millones de personas carezcan de los elementos más mínimos para la vida, agua y comida. Se trata de una violencia cotidiana que niega la vida.
Nos iniciamos un nuevo año con la imposición de la violencia como “única solución” a la situación generada en un país vecino, enfrascado él mismo en los conflictos internos y en su riqueza apetecida por muchos otros en el mundo. Todo ello, a pesar de los organismos internacionales que surgieron para preservar la paz.
Aquella tragedia provocada por la inoperancia de las instituciones reguladoras y los deseos insatisfechos de algunos que se llevó 236 vidas en pleno gozo iniciando casi el 2025, dejando en el dolor, el desconsuelo y el sufrimiento a muchos, parece ir desvaneciéndose en el tiempo que borra emociones y solo deja recuerdos lejanos.
En el trascurrir de ése mismo año el asesinato de mujeres no cesa, como tampoco la muerte de jóvenes que solo encuentran en el delinquir la salida a su situación de vida iniciada por un sistema educativo que no les brindó oportunidades de desarrollo de las habilidades para una vida digna, muy a pesar de los millones gastados en él.
Y ése mismo año se corona con el bochornoso acto de corrupción, perpetrado por ricos, que despojó a cientos y, cuidado, si a miles de tener acceso a los recursos necesarios para su salud, por la simple satisfacción de “unos cuantos” por ver crecer sus cuentas y sus lujos como único adorno de sus egos personales y colectivos.
Cuánta ironía.
Vivimos como en un profundo vacío de sentido de vida enmarcado en propósitos pasajeros que solo llevan a la apatía, la desmotivación, la insatisfacción vital y la crisis existencial, a final de cuentas. Quizás eso es lo que explica que la depresión es la principal causa de muerte según dice la Organización Mundial de la Salud.
Un estilo de vida centrado únicamente en el yo que termina generando cansancio solitario y agotador por no poder cumplir con todas las autoexigencias impuestas, como diría Byung Chul Han en La sociedad del cansancio y que solo nos lleva a ser víctima de nosotros mismos y de una sociedad agotada en el lucro sin sentido.
Quizás es tiempo de recuperar el sosiego y hasta el aburrimiento por contraposición a este estilo de vida que nos atrapa en los atajos por alcanzar el éxito a cualquier precio y sin importar consecuencias. Estilo de vida claustrofóbico y privado sin límites que nos ha desconectado de nuestra propia esencia, hacia un futuro sin alma.
¿Hará falta repensar nuestro estado de ánimo como predecesor de nuestra disponibilidad para la vida? No disponemos de él por nuestra propia voluntad, pues él nos sobreviene; pero sí puede ser objeto de contemplación como seres que vivimos en el mundo por un propósito más allá de lo personal e ilusorio.
Quizás nos haga falta empezar a ver despojados de todo prejuicio que solo nos hace ver lo que queremos ver, condicionados por un mundo demasiado centrado en el tener, abriéndonos hacia lo nuevo por nacer en nosotros mismos en comunión con los demás.
Es por eso por lo que en vez de proponerte cosas para el 2026, te invito a que vivamos la vida con sentido y propósito.
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