Este viernes 3 de julio se cumple exactamente un semestre desde que los militares de Estados Unidos capturaron a Nicolás Maduro, y nueve días desde que el doble terremoto del 24 de junio sepultó a miles bajo los escombros, principalmente en La Guaira, desde donde se sube a Caracas.

Venezuela ni nadie puede elegir el terremoto, pero sí la forma en que se levantará de sus ruinas.

La esperanza de encontrar gente con vida son ya muy remotas, pero no imposible, como lo demuestra en este video don Hernán, un símbolo de que con ayuda se puede salir de entre los escombros. Él lo hizo este jueves.

Don Hernán fue rescatado este jueves 2 de julio de 2026

Venezuela acumula dos tragedias simultáneas: la del colapso político, social y económico prolongado, que con la extracción de Maduro y su esposa añadió un ingrediente más, y la de la catástrofe sísmica que no hace más que evidenciar que el planeta está vivo y que sus retortijones dejan una secuela que se minimiza o se amplifica según la solidez o debilidad de la institucionalidad de la zona impactada.

En medio del caos, de la esperanza y las pesadillas, resuena la voz de Donald Trump diciendo que los venezolanos lo aman y que él quiere a Venezuela como el "estado 51″.

Exhaustos, agotados, los venezolanos empiezan a preguntarse si esa fantasía del republicano podría ser, paradójicamente, su tabla de salvación.

El piso que nadie quería pisar

Hay imágenes que resumen. La del abuelo con las manos en alto empolvadas de cemento gritando nombres de familiares sobre los escombros del edificio donde vivía, esperanzado en encontrar alguno vivo, o la del joven que sí lo encontró, pero cuando ya no había nada más que hacer que cubrir su cuerpo con una sábana.

Búsqueda entre los escombros de personas en La Guaira.

Nueve días después del doble sismo —uno de magnitud 7,2 y otro 7,5— y más de 700 réplicas, Venezuela sigue entre escombros buscando vida, ayudados por medio mundo solidario.

Enero rompió el molde y junio lo pulverizó

El 3 de enero de 2026 —hace hoy seis meses exactos— las Fuerzas Especiales de Estados Unidos ejecutaron la Operación Resolución Absoluta, capturando a Maduro y a su esposa Cilia Flores, quienes enfrentan cargos de narcoterrorismo en Nueva York.

El Tribunal Supremo de Justicia venezolano ordenó que Delcy Rodríguez, la vicepresidenta del chavismo madurista, asumiera como presidenta encargada. Un cambio sin cambio de régimen: el poder se mantuvo intacto, pero las bases empezaron a moverse y siguen haciéndolo, con Trump repitiendo que él está al mando. Al balance del primer trimestre solo le faltaban los terremotos geológicos.

Durante estos seis meses, Rodríguez intentó proyectar una imagen de gestión sobria —reuniones más cortas, discursos sin los maratones propios de Maduro heredados de Hugo Chávez, encuentros en el Palacio de Miraflores con los enviados de Trump para ajecutar sus órdenes— mientras negociaba en silencio con Washington el ritmo de una transición que nadie se atrevía a llamar por su nombre y que arrancaba con una primera reunión con la opositora Dinorah Figuera, el 18 de junio.

Luego llegó el 24 de junio. Y todo lo que era frágil se volvió escombro.

El doble terremoto ha dejado, hasta ahora más de 2500 muertos y más de 12 mil heridos, y las Naciones Unidas estiman que podría haber hasta 50 mil desaparecidos. El gobierno de Rodríguez habla de 30 mil afectados solo en La Guaira.

No se observó la presencia de efectivos militares u otras formas de asistencia del Estado sino hasta después de las primeras 48 horas, cuando llegaron las brigadas internacionales, con los socorristas dominicanos en el grupo inicial que, de inmediato y codo a codo, se sumaron con equipos a los vecinos que cavaban solo con las manos.

Pero Delcy Rodríguez lo niega. Este jueves dijo que es "miserable" que se diga que no hubo el despliegue de la fuerza pública para atender las consecuencias de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que afectaron la zona norte del país.

"Es miserable, desalmado, desconsiderado a un pueblo bajo angustia", dijo Rodríguez tras ser preguntada sobre una falta de actuación de la fuerza pública y aseguró que se trata de "laboratorios y matrices creadas para politizar la situación de emergencia".

Pero lo cierto es que el sistema de salud, ya devastado por años de desinversión y salida de profesionales al exterior, nada puede hacer y el sistema militar hace de las suyas.

Algunos militares y policías, según denuncias, cobraban entre 50 y 100 dólares para dejar pasar ayuda humanitaria a las zonas afectadas. Algunos fueron insultados por daminificados indignados que les arrebataron los dólares y los rompieron en sus caras, pero otros "no han dormido ni un minuto desde que hemos tenido el objetivo vital de rescatar a estas personas", señaló la presidenta encargada.

Machado quiso volver, Trump dijo que no

En medio del caos, la figura de María Corina Machado —Premio Nobel de la Paz, líder opositora en el exilio— intentó convertirse en el símbolo del regreso. Desde Panamá, anunció que volvería a Venezuela para "acompañar a su pueblo en estas horas desgarradoras".

El régimen de Rodríguez cerró el espacio aéreo comercial para impedírselo, declaró Machado. Pero la respuesta más reveladora no vino de Caracas, sino de Washington.

La administración Trump, según el New York Times, rechazó varias veces las peticiones de Machado y le hizo saber que "se había convertido en una distracción". Luego subió el tono y la señaló de practicar un censurable "oportunismo grotesco".

La ruptura entre la líder opositora más popular de Venezuela y la administración que derrocó a Maduro quedó expuesta ante el mundo y deja trascender que ya no está claro cuál es su rol en el esquema que Washington tiene para Venezuela. ¿A quién le conviene que Machado no vuelva?

Trump, el petróleo y el "estado 51″

La respuesta, al menos parcialmente, puede estar en lo que Donald Trump dijo en privado —y luego en público, sin pudor— sobre el futuro de Venezuela.

Según una reseña del libro Regime Change, Trump planteó a colaboradores cercanos que "Venezuela podría ser el estado 51 y yo elegiría al gobernador".

No se trata de una declaración novedosa. Trump ya había dicho públicamente, el 11 de mayo, que estaba "considerando seriamente" la idea, motivado por los "40 billones de dólares en petróleo" que tiene Venezuela y por el hecho de que los venezolanos "le aman" desde la captura de Maduro.

Pero el republicano es el republicano y dos días después de los sismos, el 26 de junio, entonces con casi mil muertos ya confirmados, describió a Venezuela como "un país feliz" donde la gente "está bailando en las calles".

La disonancia fue brutal. Pero la lógica detrás del discurso es consistente: Trump necesita que Venezuela sea un éxito visible de su política exterior, y para eso necesita que la reconstrucción sea rápida y atribuible a su gestión.

Eso, paradójicamente, podría ser la mejor noticia que tiene Venezuela en este momento. Trump ni siquiera quiere habla de terremotos.

La reconstrucción como geopolítica

Trump sabe que Venezuela tiene que estar bajo su zona de influencia, al igual que toda América Latina, y para ello debería controlar y apoyar la reconstrucción, en primer lugar.

El terremoto, en esa lectura, no es solo una tragedia humanitaria: es una oportunidad geopolítica que Washington no puede desperdiciar.

El 80% de la población venezolana vive en zonas de alta vulnerabilidad sísmica. Las fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar llevan décadas activas. La infraestructura del país, deteriorada por 25 años de chavismo madurista y por la desinversión sistemática, no estaba preparada para absorber un golpe de esta magnitud. Reconstruir Venezuela no es solo levantar edificios: es refundar un Estado.

Si Trump quiere que Venezuela sea su vitrina latinoamericana tendrá que poner dinero, ingeniería y voluntad política sobre la mesa. Y eso, para un país que lleva décadas esperando que alguien haga exactamente eso, suena a algo que se parece, aunque sea de lejos, a una oportunidad real.

Encuestas difundidas en redes sociales, sin sustento aunque citadas como válidas por analistas clásicos, sugieren que más del 85% de los venezolanos se pronuncian a favor de algún tipo de integración con Estados Unidos. No es adhesión ideológica: es el grito desesperado de una sociedad que ya no confía en sus propias instituciones para buscar muertos, peor para reconstruirse.

El fondo, el rebote y el limbo

Venezuela lleva años en caída libre. La captura de Maduro, hace hoy seis meses exactos, fue el fin de una era, pero no el comienzo de otra. Ha sido el inicio de un limbo.

Delcy Rodríguez administra una transición sin nombre, bajo la tutela de Washington, con el chavismo madurista desarticulado, pero no disuelto, y con una oposición que el propio Trump mantiene a distancia prudente. María Corina Machado ya lo sabe.

El terremoto del 24 de junio agregó una capa de destrucción física a la destrucción institucional que ya existía. Nueve días después, los escombros y las familias siguen cavando junto a los socorrsitas. Los hospitales siguen desbordados y el Estado sigue… sin cambio.

Pero hay algo que no estaba hace seis meses: la mirada del mundo sobre Venezuela ya no es la de un régimen al que hay que combatir, al que hay que aislar, sino la de un país al que hay que ayudar a que se reconstruya. Esta diferencia, pequeña en apariencia, puede ser enorme en la práctica.

Venezuela tocó fondo y este 3 de julio, que marca dos fechas a la vez, lleva a preguntarse si el rebote será real, o si el fondo tiene otro fondo debajo, porque un terremoto derrumba edificios, pero también obliga a quienes sobreviven a aprender cómo se habita un país después de verlo partirse en mil pedazos.

Venezuela tocó fondo: seis meses sin Maduro y nueve días entre escombros

El regreso de los migrantes: sin talento no habrá reconstrucción

La reconstrucción enfrenta un obstáculo que no aparece en las estadísticas petroleras: la falta de capital humano. De casi nueve millones de venezolanos que emigraron durante estos años, miles son ingenieros, técnicos, operadores y especialistas que durante décadas sostuvieron la industria energética, minera y de infraestructura.

Hasta el presidente chileno, el pinochetista José Antonio Kast, olvidó ideologías y habló con la presidenta encargada de Venezuela para transmitirle su solidaridad. Por el momento, anunció no les pedirá a los venezolanos tener documentos vigentes para salir de Chile y ayudar a la reconstrucción de su país.

Una vista general muestra apartamentos en un edificio dañado tras un terremoto en Catia La Mar, estado de La Guaira, a unos 30 km al noroeste de Caracas, el 25 de junio de 2026.
Federico PARRA/AFP via Getty Images La magnitud de los daños se ha hecho cada vez más evidente

Aldo Rodríguez Villouta

Radicado en República Dominicana desde 2017, donde trabaja en Acento (www.acento.com.do) y dirige la oficina dominicana de GlobeArt de Chile, su país natal. Previamente, corresponsal de Inter Press Service (IPS), Agencia EFE, Latin American New Service (Lans, EEUU), Associated Press (AP) y BBC en Ecuador, Brasil, Italia y Venezuela. Paralelamente, corresponsal en Venezuela y Ecuador de Monitor de Radio Red de México y colaborador de la Agencia France Press (AFP) y en varios medios de prensa nacionales de esos y otros países, entre ellos Ecuadoradio y Diario Meridiano, de Ecuador, y Gazeta Mercantil, versión Mercosul en Río de Janeiro.

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