Este lunes 1 de junio, especialistas consultados por el Wall Street Journal advirtieron que el reporte del último examen físico del presidente Donald Trump carece de información esencial sobre su salud cardíaca.
La crítica se suma a una semana de creciente controversia médica que incluye la declaración de 36 especialistas que lo consideran mentalmente incapaz de gobernar y su propio alarde de madrugada sobre un test de detección de demencia.

El lunes 1 de junio de 2026, médicos consultados por el Wall Street Journal señalaron que el memorando emitido por el médico de la Casa Blanca sobre el último examen físico del presidente Donald Trump omite información cardiovascular que normalmente acompaña ese tipo de pruebas.
El cuestionamiento llega días después de que Trump se sometiera a tres horas de exámenes en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed y se apresurara a presumir públicamente de los resultados.
"Si estuviera creando un informe para enviar a otro médico, habría mencionado un poco más sobre la ecografía de la carótida", dijo el Dr. William Shutze, cirujano vascular de Texas, al Wall Street Journal. "Qué cantidad de placa habrá, porque casi todos nosotros vamos a tener alguna acumulación allí".
Lo que el informe dice y lo que omite
El médico de la Casa Blanca, el capitán de la Marina Sean P. Barbabella, firmó el informe del viernes 30 de mayo afirmando que Trump "sigue en excelente estado de salud, demostrando una fuerte función cardíaca, pulmonar, neurológica y física en general" y que es "plenamente apto para cumplir todas las funciones de Comandante en Jefe".
Entre las pruebas realizadas figuran una angiografía coronaria por TC —para verificar si hay arterias estrechadas o bloqueadas en el corazón—, un ecocardiograma —que usa ondas sonoras para crear una imagen del corazón— y una ecografía de las arterias carótidas, cuyos resultados Barbabella describió como normales.
El informe también citó un análisis de electrocardiograma mejorado con inteligencia artificial que estimó la edad cardíaca del presidente —que cumplirá 80 años a finales de junio— en 65 años.
Sin embargo, los médicos consultados por el Journal señalaron que el informe no incluye datos que típicamente acompañan esas pruebas: una puntuación de calcio, una descripción de la placa en las arterias y una puntuación CAD-RADS para evaluar el estrechamiento arterial.
Tampoco aparece la fracción de eyección —el porcentaje de sangre bombeada con cada contracción cardíaca—, un dato que sí fue incluido en el informe de salud de Trump de 2018.
El informe se limita a afirmar que "no hay obstrucción arterial o anomalías estructurales" en el corazón ni en los principales vasos sanguíneos, lo que los médicos advirtieron podría significar simplemente que no hay un bloqueo total, sin decir nada sobre el estado general de las arterias.

La respuesta de la Casa Blanca
El director de comunicaciones de la Casa Blanca, Steven Cheung, defendió el informe en una declaración escrita: "El presidente Trump ha publicado información más detallada sobre su salud que cualquier otro presidente en la historia, lo que demuestra que está en excelente estado de salud".
Cheung criticó a los médicos que especulan sobre un paciente que no está bajo su cuidado y aclaró que la ausencia de ciertos resultados debe interpretarse como confirmación de que no se identificaron anomalías clínicamente significativas.
No existe ningún requisito legal para que los presidentes compartan datos de salud, recordó.
Tres "anuales" en 13 meses
El análisis publicado este lunes por MSNBC identificó tres problemas centrales con el examen. El primero: fue el tercer examen "anual" de Trump en apenas 13 meses, un ritmo inusual para cualquier paciente.
El segundo: los resultados se divulgaron un viernes por la noche, el horario que las administraciones suelen elegir para enterrar noticias incómodas.
El tercero, y más significativo: el informe no incluyó ninguna evaluación de salud mental, precisamente el aspecto que más preguntas genera en amplios sectores de la comunidad médica.

El alarde de madrugada y la respuesta médica
A las 12:35 a.m. del 1 de junio, Trump publicó en Truth Social un mensaje en el que interpretó su puntaje en el test cognitivo como evidencia de su genio e inteligencia: "A diferencia de otros presidentes de EE.UU., ninguno de los cuales ha tomado jamás un test cognitivo aprobado y de alta dificultad, obtuve un puntaje perfecto de 30 sobre 30, considerado 'inteligencia extrema'".

El problema, señalaron de inmediato varios especialistas, es que Trump confundió —deliberada o involuntariamente— lo que ese test mide. El MoCA (Montreal Cognitive Assessment) es una herramienta de detección diseñada para identificar señales tempranas de deterioro cognitivo, como la demencia. No mide inteligencia. Sacar 30 de 30 significa únicamente que no se detectaron señales de deterioro.
"El MoCA no es un test de inteligencia. Es una herramienta de detección de deterioro cognitivo", explicó el Dr. Jonathan Reiner, cardiólogo y profesor de medicina en la Universidad George Washington, en declaraciones a CNN.
Múltiples médicos coincidieron en que la afirmación de Trump representa una tergiversación de lo que el examen evalúa.
El Dr. Vin Gupta, médico y analista de MSNBC, añadió una advertencia más profunda: administrar el MoCA de forma repetida —Trump lo ha tomado al menos cuatro veces— es en sí mismo una señal de alerta clínica, porque ese protocolo se reserva generalmente para pacientes a quienes los médicos están monitoreando por una preocupación específica.
El comunicado de los 36 especialistas
El trasfondo de esta semana es aún más grave. El 30 de abril de 2026, un grupo de 36 especialistas en neurología, psiquiatría y salud mental —entre ellos dos ganadores del Premio Nobel de la Paz— firmaron una declaración pública en la que afirmaron que Trump es mentalmente incapaz de ejercer la presidencia y representa "un peligro claro e inmediato" para la seguridad mundial.
El documento fue emitido por la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear (IPPNW), organización ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1985, e ingresado formalmente al Registro del Congreso de Estados Unidos por los senadores demócratas Sheldon Whitehouse y Jack Reed.
Los firmantes señalaron que Trump ha exhibido públicamente conductas asociadas con impulsividad extrema, narcisismo patológico, incapacidad para tolerar críticas, tendencias autoritarias y una propensión sistemática a la confrontación.
Para los especialistas, estos rasgos adquieren una dimensión crítica cuando quien los exhibe controla el arsenal nuclear más poderoso del planeta.
La impulsora principal del comunicado fue la Dra. Bandy X. Lee, ex profesora de la Escuela de Medicina de Yale, quien señaló que "el deterioro mental de Trump es alarmante" y que los 36 firmantes están pidiendo una intervención formal.
La psiquiatra añadió que el médico de la Casa Blanca tiene "una responsabilidad ética con el pueblo estadounidense" de informar sobre la salud mental del presidente, aunque no exista obligación legal de hacerlo.
El silencio de los grandes medios
Llamativamente, los principales medios de comunicación de Estados Unidos ignoraron en gran medida el comunicado de los 36 especialistas cuando fue publicado.
Fue cubierto principalmente por medios internacionales y publicaciones especializadas. La controversia sobre el examen físico de esta semana sí logró penetrar la agenda mediática, aunque, según los propios médicos, sin la profundidad que el tema requiere.
La pregunta que varios especialistas dejan abierta es si el sistema político e institucional de Estados Unidos tiene los mecanismos —y la voluntad— para evaluar de forma independiente y transparente la salud mental de quien tiene acceso a los códigos nucleares.
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