Colombia definirá su próximo presidente en una segunda vuelta. Este domingo 31 de mayo, los colombianos acudieron a las urnas en la primera ronda de las elecciones presidenciales y ninguno de los candidatos logró superar el 50% de los votos requerido para ganar en primera instancia. El balotaje está fijado para el 21 de junio.
Con el 98% de las mesas contabilizadas por la Registraduría Nacional, el abogado penalista Abelardo De La Espriella se consolidó como el candidato más votado, con más de 10,2 millones de votos, equivalentes a cerca del 44% del total. Lo sigue de cerca Iván Cepeda, senador y candidato respaldado por el presidente Gustavo Petro, con aproximadamente 9,5 millones de apoyos, alrededor del 41%.
Una primera vuelta más polarizada de lo esperado
El resultado sorprendió a analistas y encuestadoras, que anticipaban una contienda más fragmentada. La gran sorpresa de la jornada fue el derrumbe de Paloma Valencia, candidata del expresidente Álvaro Uribe, quien no logró capitalizar el respaldo que le auguraban los sondeos y quedó fuera de la carrera.
El escenario que se configura para el 21 de junio es el de una Colombia profundamente dividida entre dos proyectos antagónicos: la derecha radical de De La Espriella y la izquierda oficialista de Cepeda.
Seguridad versus continuidad del proyecto Petro
Durante la campaña, De La Espriella construyó su propuesta alrededor del fortalecimiento de la fuerza pública, el endurecimiento de las políticas contra el crimen organizado y una reducción del tamaño del Estado. También planteó revisar instituciones surgidas del acuerdo de paz con la extinta guerrilla de las FARC y endurecer la lucha contra el narcotráfico.
Cepeda, por su parte, representa la continuidad del proyecto político de Petro, apostando por las reformas sociales impulsadas en el actual gobierno y la profundización del proceso de paz.
Lo que viene
La segunda vuelta del 21 de junio se perfila como una de las más reñidas de la historia reciente de Colombia. Con más de 40 millones de ciudadanos habilitados para votar, la elección definitiva pondrá a prueba la capacidad de ambos candidatos para ampliar sus bases más allá de sus electorados naturales y capturar el voto de los sectores que apoyaron a candidatos eliminados en primera vuelta.
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