Elon Musk le dijo a su biógrafo, Walter Isaacson, que su padre tenía una personalidad al estilo de Jekyll y Hyde. Las llamas del fuego de la cocina del restaurante que casi me rozan sugieren al Sr. Hyde, pero la figura alta y afable, de aspecto paternal que me estrecha la mano y me dedica una sonrisa blanca con dentadura perfecta evoca al Dr. Jekyll. Errol Musk me dice más tarde que el libro de Isaacson es "muy, muy malo" y está lleno de errores.
Elon también dijo sobre su padre, en una entrevista de 2017 con la revista Rolling Stone: "Casi todas las maldades que te puedas imaginar, él las ha cometido". Esto se produjo tras descubrir que Errol había tenido un hijo con su propia hijastra, una mujer unos 40 años menor que él.
Sin embargo, cuando Errol entra al restaurante — Pearly’s, en Langebaan, en la ventosa costa oeste de Sudáfrica, donde hemos quedado para almorzar — tiene una presencia hipnótica. Es cortés y me mira fijamente con sus ojos azules. A lo largo de nuestra conversación, sus largas divagaciones verbales, ya sean ligeras u oscuras, se ven marcadas regularmente por una muestra de su dentadura perfecta, que ilumina un rostro de 80 años aún apuesto, aunque profundamente surcado por las arrugas.
La mayor parte de lo que yo había leído sobre Errol era bastante oscuro. Elon había descrito una infancia traumática. La primera esposa de Errol, Maye Haldeman, una reina de belleza, dijo que había descubierto su verdadera naturaleza durante su luna de miel en Europa, de la cual regresó "magullada y embarazada". Se divorciaron cuando Elon tenía ocho años; para entonces ya habían nacido su hermano menor, Kimbal, y su hermana, Tosca.
Recientemente, Errol se ha convertido en un defensor tanto de Vladimir Putin como del activista británico de extrema derecha Tommy Robinson. En julio de este año, pagó para que Robinson — "tan cortés y modesto" — asistiera a un foro ruso en contra de Davos. El año pasado, The New York Times (NYT) publicó un extenso reportaje de investigación en el que se alegaba que Errol había sido acusado de abusar sexualmente de cinco de sus hijos e hijastros. El artículo, que citaba expedientes judiciales, correspondencia personal y entrevistas con familiares, indicaba que las acusaciones se remontaban a 1993 y que Elon en ocasiones había intervenido después de que sus familiares se pusieran en contacto con él en busca de ayuda. Según el NYT, se abrieron tres investigaciones policiales distintas, aunque al menos dos de ellas ya han concluido. Errol, quien nunca ha sido condenado por ningún delito, rechaza rotundamente las acusaciones. También niega haberle pegado alguna vez a Maye.
Más de una vez pensé que yo no debería estar aquí. Si Errol no fuera el papá de Elon, sería un entrevistado poco digno de atención: un excomerciante de esmeraldas con tres exesposas y opiniones muy mordaces. Pero Errol — entusiasta de los cohetes, partidario de la disciplina, fabulista, explorador de los laberintos de Internet — es una figura prominente en la vida de Elon.
Parte del genio rebelde de Elon, incluyendo su temprano interés por las computadoras y su afán por asumir riesgos, se remonta a su padre, un hombre a quien Elon ha calificado tanto de empresario legítimo como de mercachifle. Aunque los dos han estado distanciados — ya no, dice Errol — sus opiniones han convergido recientemente en una serie de temas, entre ellos los supuestos méritos de la extrema derecha europea y la supuesta distopía en la que ha caído el Reino Unido como consecuencia de la inmigración.
Errol afirma que aún se envían mensajes, y ambos se despiden con "lief vir jou", que significa "te quiero" en afrikáans.
Al ser el padre de Elon, su primer hijo, Errol literalmente cambió el mundo. Como para recalcar eso, apenas unas horas antes de que nos reuniéramos y casi 56 años después de la luna de miel de Errol, uno de los cohetes Falcon 9 de SpaceX, de Elon, se estrelló contra la Luna.
Hubo varios momentos durante nuestra conversación de cuatro horas en los que me quedé con la boca abierta. Pero dejando de lado todas mis aprensiones — y fueron muchas — el hombre que entra con paso firme es, sin duda, carismático. "Ah, el famoso periodista", dice. Mientras nos acomodamos en una mesa, pide una cerveza Castle Lite y yo una cerveza stout local.
"Somos muy afortunados en Sudáfrica; tenemos comida de muy buena calidad y es muy económica. De hecho, es lo que ha permitido que toda la población, incluyendo la población de raza negra, crezca de forma astronómica", dice con su timbre de actor. "Ahora bien, no se crece así a menos que se cuente con condiciones extremadamente buenas, buena comida, buen tratamiento médico y demás".
Dejo pasar por ahora la defensa implícita del apartheid. Además, Errol sufre de una ligera sordera, lo que lo hace inmune a las interrupciones.
"Crecí en una Sudáfrica muy dura". Las palizas formaban parte del día a día", dice, y añade que los métodos disciplinarios de su papá, Walter, no eran la excepción. "Simplemente era un entorno más primitivo".
Había leído que su madre — quien había llegado a Sudáfrica desde Liverpool — se había separado por un tiempo del papá de Errol, criptógrafo durante la Segunda Guerra Mundial, y había regresado a Inglaterra con sus dos hijos.
"Él no hablaba mucho. Quedó bastante destrozado después de la guerra. Temblaba todo el tiempo, especialmente de una mano", dice Errol, mientras toma un pequeño sorbo de cerveza. "No podía mantener un trabajo. Era propenso al alcoholismo".
Convencieron a su madre para que regresara de Inglaterra, trayendo consigo a Errol y a su hermano, después de que Walter ganó £3,500 apostando en una carrera de caballos. Con ese dinero, compró una casa en "la peor zona posible" de Pretoria.
Su madre, que había dejado la escuela a los 14 años, mantuvo a la familia, trabajando como costurera en una peletería. "Tenía manos fuertes. Elon te puede decir que ella fue una figura fundamental en su vida, la mujer más fuerte que ha conocido".
Maye, la madre de Elon, había llegado a Sudáfrica proveniente de Canadá con sus padres en 1950, cuando tenía dos años. Joshua Haldeman, papá de Maye y abuelo de Elon, perdió su granja en Saskatchewan durante la Gran Depresión. Se involucró activamente en el movimiento canadiense del Crédito Social, que abogaba por los vales de crédito gratuitos, una extraña premonición del programa de ingreso básico propuesto que, según Elon, será necesario cuando la inteligencia artificial (IA) acabe con los empleos de la mayoría de las personas. Además de antisemita, también formó parte del movimiento de la Tecnocracia, el cual, en otro indicio del futuro de Elon, creía que el gobierno debía estar a cargo de tecnócratas.
Como padre, Errol no era de los que mimaban a sus hijos. Cuando Elon tenía 12 años, un niño de la escuela lo golpeó brutalmente, lo cual lo dejó hospitalizado durante una semana. Errol no se mostró compasivo. "Soy su papá, no su amigo", me dice. Errol cuenta que Elon, al enterarse de que el papá del niño se había suicidado, lo había llamado "estúpido". Elon solía llamar estúpidos a los adultos, dice Errol. "Estúpido", me doy cuenta, es también una palabra que Errol usa con frecuencia.
Tras el divorcio, Elon terminó estableciéndose con Errol en Pretoria, algo de lo que luego se arrepintió.
Mientras saboreo la stout con sabor a malta, le pregunto: ¿por qué Elon te llamó mercachifle? "El decano de la Universidad [de Witwatersrand] me describió como un fenómeno", dice Errol, eludiendo la pregunta, y añade que, nada más salir de la universidad, ya estaba programando las primeras computadoras de IBM y redactando patentes complejas.
A Errol le iba bien económicamente como ingeniero y, más tarde, como comerciante de esmeraldas. A Elon, cuenta, lo llevaban a la escuela en un Rolls-Royce. Los fines de semana iban a la granja de Errol, donde Elon y Kimbal montaban a caballo y en motocicleta. "Elon era muy feliz. Tenía todo lo que un niño podría desear".
Elon devoraba las enciclopedias de su papá. Descubrió un libro en la oficina de Errol que ilustraba inventos futuristas, incluyendo un cohete propulsado por un propulsor iónico. Lanzaba sus propios cohetes, usando cloro de piscina como combustible. Errol dice que tenían una de las mejores casas de Pretoria. "Los primeros años de la década de 1980 fueron una época dorada".
Errol ha dicho en entrevistas recientes — por algunas de las cuales le pagan — que nunca vio indicios de opresión durante el apartheid. Habría que hacer la vista gorda, como lo hacían la mayoría de los sudafricanos de raza blanca, para no darse cuenta de un sistema que expulsó por la fuerza a millones de personas de raza negra de sus hogares, impuso leyes de pases y prohibió los matrimonios interraciales. Cuando lo cuestiono, él responde: "Yo no estaba a favor del apartheid. Nunca practicamos ningún tipo de apartheid en casa con nuestro personal".
Unos amigos en EEUU hicieron pasar un mal rato a Alexandra, la hija de Errol de su tercer matrimonio y media hermana de Elon, por su ascendencia sudafricana. Errol dice que le aconsejó: "La próxima vez que te pregunten sobre el apartheid, pregúntales dónde están los indios americanos. Diles que quieres ver una de sus aldeas. No volverán a molestarte porque saben muy bien que se deshicieron de 26 millones de indios".
Dejando de lado su descripción poco precisa de los nativos americanos, tiene algo de razón. Pasamos a su reciente fascinación por Rusia, un tema que abre una avalancha de comentarios.
"Rusia es increíble. Rusia es un secreto que se nos oculta", dice. El año pasado fue invitado al Foro del Futuro en Moscú para debatir temas como los valores familiares tradicionales y el descenso de la población. Errol, quien tiene 23 nietos, ha hecho su parte para frenar esto último, aunque no tanto para promover los primeros.
"Moscú es, por mucho, la capital más hermosa del mundo", dice. "Parece que tienen una ventaja genética. No existen las mujeres rusas feas. A la mayoría les doy una puntuación de 7 sobre 10 y a muchas hasta nueve o diez".
Haciendo caso omiso de su incursión en el concurso de Miss Mundo allá por 1960, le pregunto si le molesta que Putin sea un dictador y un belicista. "Todo el mundo es autoritario", replica, y añade que Rusia tenía razón al invadir Ucrania, la cual — según él — atacó primero el Donbás.
"En Rusia no hay delincuencia. No hay policía. Y todos los puentes sobre el río Moskva están cubiertos de flores", dice, una tríada de afirmaciones que sorprenderían a Alexander Pushkin. En una valoración inusual, afirma que Putin es "un tipo muy humilde, sencillo y honesto".
Ya que estamos entrados en el tema, supongo que más vale seguir profundizando. Tanto Errol como Elon, a través de X, la plataforma de redes sociales que compró por US$44 mil millones en 2022, han usado su influencia para apoyar a la extrema derecha europea. El año pasado, antes de las elecciones anticipadas en Alemania, en un debate transmitido en vivo por X con Alice Weidel, líder de Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán), Elon dijo: "Sólo la AfD puede salvar a Alemania. Fin".
Tanto el padre como el hijo también han expresado su apoyo a Marine Le Pen. Errol me dice que la prohibición que recibió inicialmente para postularse en las elecciones presidenciales de Francia de 2027, tras su condena en 2025 por malversación de fondos europeos, era prueba de que Emmanuel Macron era el enemigo.
¿Por qué Errol apoya a Tommy Robinson, un hombre que aparentemente está decidido a fomentar el vigilantismo antimusulmán en Gran Bretaña, y le paga el vuelo a Rusia? "Estoy completamente de acuerdo con él. Creo que ustedes, los ingleses, son muy miopes al regalar su capital. Londres tiene una historia tan maravillosa y ahora tres cuartas partes de los londinenses son de otros lugares. Hay que estar realmente loco para hacer eso".
Al parecer, Robinson había escuchado una entrevista en televisión en la que Errol lo había proclamado futuro primer ministro británico. "Me llamó desde su celda para darme las gracias. Luego, Elon se encargó de inmediato de que se pagaran todos sus honorarios legales".
¿Pero no es Robinson simplemente un delincuente, un matón? "Eres la última persona a la que llamaría delincuente", dice, sonriéndome amablemente. "Pero comparado con él, tú sí eres un delincuente. Así que saca tus propias conclusiones".
Mientras pedimos café al final del almuerzo, Errol opina sobre el declive de Gran Bretaña, un país que recuerda como un idilio. Ahora, percibe "un aire general de abandono, bordes de calles descuidados, maleza creciendo por todas partes", y familiares que constantemente buscan comida gratis. "Todos están tan necesitados".
"He hecho muchos viajes por el océano en yates", dice Errol de repente. "Si Keir Starmer estuviera a bordo, lo empujaría por la borda. Es un tipo realmente nefasto. Es gay".
Starmer no es gay, me oigo decir refiriéndome al exprimer ministro. Desconcertado, me olvido de agregar: ¿y qué pasaría si lo fuera?
"No estoy en contra de los gays", se adelanta Errol. Su objeción se centra en la supuesta negligencia de Starmer, en su calidad de director de la Fiscalía, durante el escándalo de las bandas de explotación sexual de menores, en el que hombres, en su mayoría de origen pakistaní, abusaron sistemáticamente de mujeres jóvenes y niñas, "con el fin de ganarse el favor de los musulmanes".
Menciono la entrevista que Elon concedió el mes pasado a Zanny Minton Beddoes, editora de The Economist, en la que Elon defendió muchas de las mismas causas que su padre. ¿Qué pensó él?
"Es una mujer estúpida. Adoptó una actitud arrogante. Y con Elon eso es un error muy grave. Cuando dijo que la gente lo detesta, eso le debe haber dolido a Elon. Conozco a Elon muy, muy bien. Es un poco infantil. Y con los muchachos hay que tener cuidado con lo que se dice". Elon tiene 55 años, le respondo. "Sí, pero se comporta como un muchacho".
Talulah Riley, quien se casó y se divorció de Elon dos veces, le dijo a Walter Isaacson algo muy parecido. "En el fondo, sigue siendo un niño parado frente a su papá".
Errol aplaudió la réplica de Elon cuando le dijo a Minton Beddoes que más gente la detestaba a ella como representante de los medios de comunicación. "Eso fue brillante… le dio justo en el corazón".
Ahora hemos entrado en el mundo de la fantasía y de las teorías conspirativas. Errol pasa a hablar de Anthony Fauci, exasesor médico principal del presidente de EEUU, quien Errol está convencido de que irá a la cárcel; el Covid fue una estafa, inofensiva y parte de un complot para reducir la población mundial. Me ahorro sus opiniones sobre Jeffrey Epstein (quien, según Errol, sigue vivo). Claro, Michelle Obama es un hombre, dice, poniendo los ojos en blanco como si yo fuera la última persona en la Tierra en darme cuenta de eso.
A lo largo de la entrevista, Errol apenas muestra enojo, y desde luego ninguno hacia mí. De hecho, muestra lo que parece ser una preocupación genuina porque me he puesto la dosis de refuerzo contra el Covid, algo que él alguna vez predijo que provocaría la muerte súbita. "De hecho, te ves bastante saludable", dice con esperanza.
Se levanta para irse. "Me gustó esto", dice. "No me crucifiques".
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