Ha sido un año convulso para la industria alimentaria mundial. Las perturbaciones en el transporte marítimo en el estrecho de Ormuz han provocado un fuerte aumento de los precios de los fertilizantes, el combustible y el aceite de cocina. La guerra de Ucrania ha seguido afectando a las exportaciones de cereales a través del mar Negro, y las sequías e incendios forestales, vinculados al calentamiento global, han arrasado cultivos desde Australia hasta Europa. Ahora, la intensificación de El Niño — un patrón climático originado en el Pacífico tropical que libera calor del océano a la atmósfera — amenaza con agravar las tensiones en la producción y el comercio de alimentos.
Este fenómeno que eleva las temperaturas y aumenta el riesgo de fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo con una frecuencia promedio de entre dos y siete años, puede prolongarse hasta 18 meses. El ciclo actual comenzó en junio, pero las alarmantes previsiones publicadas la semana pasada por la Oficina Meteorológica del Reino Unido apuntan a un aumento excepcional de la temperatura del agua a finales de este año, lo cual podría resultar en El Niño más intenso "en memoria reciente". Se prevé que la consiguiente mayor inestabilidad meteorológica perjudique la producción de café y cacao en África Occidental y América del Sur, mientras que en Asia el cultivo de arroz está en riesgo debido a la debilidad de las lluvias monzónicas.
El transporte de alimentos e insumos agrícolas también podría verse obstaculizado por el descenso del nivel del agua en rutas marítimas clave. La semana pasada, la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) anunció planes para limitar el número de tránsitos diarios por la vía navegable debido a la falta de precipitación asociada a la intensificación de El Niño. Las sequías también amenazan con reducir la generación de energía hidroeléctrica y nuclear, lo que podría ejercer presión sobre los precios de la energía.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha advertido preocupantemente que el número de personas que padecen inseguridad alimentaria aguda en las naciones más vulnerables podría aumentar una quinta parte, hasta alcanzar los 274 millones, para finales de 2027. Los economistas también prevén que la elevada inflación se mantenga más persistente. Los analistas de JPMorgan estiman que un episodio grave de El Niño podría, por sí solo, elevar la inflación mundial de los alimentos en unos 0.7 puntos porcentuales en su punto álgido. Esto afectará de manera desproporcionada a los habitantes de los países en desarrollo, donde el gasto en alimentos representa una mayor proporción del consumo total.
No obstante, el sistema alimentario mundial ha logrado a menudo superar las peores previsiones asociadas a El Niño. De hecho, en algunas regiones, la alteración temporal del clima contribuye a diversificar los rendimientos agrícolas. Las cadenas de suministro han demostrado ser más ágiles de lo previsto, y las nuevas tecnologías agrícolas también han contribuido a ello. Sin embargo, la amenaza que representa El Niño va en aumento.
En primer lugar, como se ha hecho evidente este año, el cambio climático y las crecientes tensiones geopolíticas están ejerciendo presión sobre el suministro de alimentos entre un ciclo y otro. En segundo lugar, el calentamiento global puede agravar la volatilidad meteorológica cuando se produce este fenómeno. Por último, cada vez hay más estudios que sugieren que el mismo aumento general de las temperaturas globales a lo largo del tiempo podría estar intensificando esta oscilación climática.
A su vez, la combinación del cambio climático y El Niño exige que el mundo esté mejor preparado para afrontar perturbaciones recurrentes y significativas en el suministro de alimentos. La industria alimentaria se beneficiaría de una mayor inversión en sistemas de alerta temprana, tecnologías de agricultura inteligente — como sensores de humedad del suelo — y cultivos resilientes al clima. Asimismo, los gobiernos deberán mantener y supervisar más estrechamente las reservas de alimentos y garantizar que las cadenas de suministro nacionales estén suficientemente diversificadas. Será igualmente importante la cooperación internacional para compartir datos meteorológicos y limitar el riesgo de restricciones comerciales perjudiciales para los alimentos y los insumos agrícolas. Los responsables de los bancos centrales deberán estar más atentos al riesgo de que el aumento de los precios de los alimentos se arraigue en las expectativas de inflación.
No obstante, la anticipación y la adaptación tienen sus límites. Mitigar la amenaza que plantea El Niño para el sistema alimentario mundial en el futuro también requerirá una aceleración de la transición ecológica.
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