En los días que siguieron al operativo del 3 de enero en Venezuela, el presidente estadounidense y miembros de su administración han multiplicado las declaraciones que apuntan a otros posibles países fijados como objetivo, ya sea bajo el argumento del narcotráfico, la seguridad nacional o la supuesta influencia de actores hostiles a Washington.

Entre los países más directamente señalados figuran Colombia, Groenlandia, Cuba y México. Trump ha acusado sin evidencias y en repetidas ocasiones a los gobiernos de varias de estas naciones de no hacer lo suficiente para frenar el narcotráfico y ha insinuado que Estados Unidos podría actuar de forma más contundente si no hay un cambio de rumbo.

En el caso colombiano, las críticas se han dirigido contra el presidente Gustavo Petro, a quien Trump reprocha su política antidrogas, además de ser su oponente a nivel ideológico. Aunque no se ha anunciado de manera formal una acción militar, el tono ha generado una fuerte inquietud en Bogotá.

El lunes 5 de enero, Petro respondió con dureza y escribió en la red social X que estaba dispuesto a “retomar las armas” si fuera necesario. “Había jurado no volver a tocar un arma desde el acuerdo de paz de 1989, pero por la patria retomaré las armas”, afirmó el presidente colombiano, antiguo miembro de la guerrilla revolucionaria de izquierda M-19.

El día anterior, en un largo mensaje publicado también en X, Petro advirtió de que “detener a un presidente que el pueblo quiere y respeta” conduciría a “liberar al jaguar popular”. Aseguró además que cada soldado colombiano había recibido la orden de destituir a cualquier comandante que privilegiara “la bandera estadounidense sobre la bandera colombiana”, y llamó a la población a defenderlo frente a “cualquier acto de violencia ilegítima”.

En una entrevista con 'The New York Times', el ministro de Defensa colombiano, Pedro Sánchez, evitó comentar directamente las amenazas de Trump, pero afirmó que Colombia mantiene contactos permanentes con Estados Unidos en materia de lucha antidrogas y que las relaciones bilaterales siguen siendo “muy estrechas”.

Según explicó, una eventual operación militar estadounidense en Colombia no ha sido mencionada en los intercambios recientes con diplomáticos o asesores militares de ese país. Sin embargo, interrogado el domingo sobre esa posibilidad, Trump respondió: “Me parece una buena idea”.

Las Fuerzas Armadas colombianas, añadió el ministro, siguen concentradas en la defensa de la soberanía, la independencia y la integridad territorial del país frente a la criminalidad transnacional organizada, “que no conoce fronteras”.

México por su parte ha reaccionado de forma igualmente tajante que Colombia. La presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado de plano cualquier insinuación de intervención estadounidense, ya sea en Venezuela o en territorio mexicano.

“México no acepta injerencias”, ha reiterado, subrayando que la lucha contra el crimen organizado es una responsabilidad nacional y no un pretexto para acciones externas.

Cuba, en alerta tras la caída de su aliado

Cuba figura también entre los países que observan con mayor preocupación las acciones de Washington. Aunque Trump no ha anunciado planes concretos contra La Habana, su discurso ha vuelto a poner a la isla en el eje de la confrontación ideológica, especialmente tras la muerte de 32 ciudadanos cubanos durante el operativo en Venezuela.

El presidente estadounidense afirmó que numerosos miembros del personal de seguridad cubano de Maduro murieron durante su rapto.

“Muchos cubanos fueron asesinados ayer”, declaró Trump el domingo a bordo del Air Force One. Cuba también confirmó que 32 de sus combatientes murieron por fuego estadounidense durante el ataque contra Venezuela.

Trump fue más allá y aseguró que “Cuba está a punto de caer”, estimando que sería difícil para la isla “aguantar” sin los ingresos derivados del petróleo venezolano. No obstante, minimizó la necesidad de una intervención militar directa: “No creo que tengamos que actuar. Parece que todo se está derrumbando”, añadió.

Desde La Habana, el Gobierno cubano ha denunciado lo que considera una escalada peligrosa y ha acusado a Estados Unidos de violar el derecho internacional. Al mismo tiempo, diplomáticos cubanos han advertido de que una intervención directa tendría consecuencias imprevisibles para la estabilidad regional, una advertencia que resuena en varias capitales latinoamericanas.

Más allá de América Latina: Groenlandia e Irán

La retórica de Trump no se ha limitado al continente americano. En un registro distinto, pero igualmente inquietante para sus aliados, el presidente estadounidense ha vuelto a mencionar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, como un espacio de interés estratégico para Estados Unidos.

Estas declaraciones provocaron una reacción de Copenhague, que recordó que Groenlandia no está en venta. El episodio reforzó la percepción de que la Administración Trump está dispuesta a forzar los límites diplomáticos incluso con socios tradicionales.

Ante el Consejo de Seguridad de la ONU, la embajadora danesa, Christina Markus Lassen, recordó los principios fundamentales del derecho internacional que prohíben a los Estados amenazar o emplear la fuerza contra la integridad territorial y la independencia política de otro país. Subrayó que estos principios, consagrados en la Carta de las Naciones Unidas, son universales y “no negociables”.

Irán aparece también en el horizonte de tensiones. En las últimas semanas, Trump ha endurecido sus posturas y discursos contra Teherán, advirtiendo de posibles represalias si el régimen iraní desafía los intereses de Washington. El presidente estadounidense ha llegado a afirmar que intervendría para “defender a los manifestantes” en el contexto de las protestas sociales que sacuden al país persa.

Estas amenazas se producen en un contexto de movilización interna persistente en Irán y de una escalada previa entre Estados Unidos, Israel e Irán, marcada por ataques contra instalaciones estratégicas iraníes en 2025. Desde Teherán, las autoridades han rechazado cualquier injerencia extranjera y han advertido de que una acción militar tendría “consecuencias regionales imprevisibles”.

AP y medios locales

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