Dos días después de que Estados Unidos imputara al expresidente cubano Raúl Castro, de 94 años, acusado de "conspiración para asesinar a estadounidenses" en un caso que se remonta a 1996, cuando era ministro de Defensa, abundan las especulaciones sobre el futuro de los acontecimientos.
"No habrá una escalada, no creo que sea necesario, ese lugar se está cayendo a pedazos", aseguró Donald Trump el miércoles 20 de mayo. "Es un caos, han perdido el control de Cuba".
Pero, en opinión de numerosos observadores, la acusación contra el antiguo dirigente, encarnación del poder comunista en Cuba, formaría parte de una operación estadounidense destinada a intensificar aún más la presión sobre la isla, en consonancia con la estrategia político-judicial que usó el presidente estadounidense para lograr la captura del presidente Nicolás Maduro.
El actual mandatario cubano, Miguel Díaz-Canel, es tajante: se trata sin duda de una maniobra política destinada a justificar una intervención militar contra el régimen comunista.
"Debe quedar muy claro que cualquier intento de utilizar este pretexto para tomar medidas contra los camaradas dentro de Cuba se encontrará con una resistencia feroz del pueblo cubano", prometió el 21 de mayo por la noche el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossio, durante el popular programa de análisis de la actualidad comunista latinoamericana 'Mesa Redonda Internacional', que se emite en 'TeleSUR'.
“Quienes hoy enfrentan esta acusación actuaron con responsabilidad y compromiso: defendiendo el espacio aéreo, la soberanía nacional y la tranquilidad del pueblo cubano.”
🗣️ Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba.#LaPatriaSeDefiende pic.twitter.com/UYh2Z6jGn2
— Sección Consular de Cuba en Roma (@ConsulCubaRoma) May 22, 2026
Mientras Donald Trump aprieta el cerco alrededor de La Habana desde hace varios meses con el pretexto de que Cuba representaría un peligro para Estados Unidos, endureciendo las sanciones económicas contra la isla, donde la comida, la electricidad y el combustible son hoy en día productos escasos, la candente cuestión del futuro es motivo de gran preocupación.
¿Hasta dónde llegarán estos vecinos enemigos a los que solo separan 145 kilómetros de agua? El 17 de mayo, el medio estadounidense 'Axios reveló que Cuba habría adquirido recientemente varios cientos de drones y amenazaría con atacar la base militar estadounidense de Guantánamo, en el sureste de la isla.
La principal diplomática del régimen cubano en Estados Unidos, Lianys Torres Rivera, afirmó que La Habana estaba dispuesta a negociar, pero que la Administración Trump estaba inventando pretextos para intervenir militarmente.
Para Gaspard Estrada, politólogo y miembro de la unidad del Sur Global de la London School of Economics, la acusación contra Raúl Castro forma parte de una estrategia de presión inspirada en el "modelo Venezuela", pero la rigidez del régimen cubano y la falta de interlocutores dispuestos a negociar hacen que cualquier evolución política sea mucho más incierta.
France 24: En este momento, Donald Trump sigue asegurando que no habrá una escalada. ¿De verdad no tiene en mente la misma estrategia que con Venezuela?
Gaspard Estrada: Es posible, teniendo en cuenta la escalada de los últimos días. Ha habido una decisión de la Justicia estadounidense sobre Raúl Castro, luego un mensaje dirigido a Cuba por el secretario de Estado Marco Rubio a través de las redes sociales, en el que explica el deseo de avanzar en las reformas en Cuba. Antes hubo una visita de una delegación del director de la CIA a La Habana…
La prensa estadounidense también se ha hecho eco de una supuesta voluntad de Cuba de equiparse con drones para poder atacar las instalaciones militares estadounidenses presentes en la isla. Desde ese punto de vista, es un patrón que ya hemos visto en Venezuela.
¿En qué medida la acusación y la orden de detención dictadas contra Raúl Castro forman parte de una estrategia destinada a obligar al Gobierno comunista de Cuba a someterse?
Es una forma de ejercer cierta presión sobre el régimen cubano.
No obstante, está claro que las situaciones de Venezuela y Cuba son muy diferentes: Delcy Rodríguez (presidenta interina de la República Bolivariana de Venezuela desde enero, nota del editor) y su hermano Jorge Rodríguez ya estaban negociando con Washington en secreto, y con el acuerdo de Nicolás Maduro, antes de la operación del 3 de enero. Esto también explica por qué existía, en cierto modo, la posibilidad de una evolución política en Caracas, con una clase política y unos dirigentes que estaban dispuestos precisamente a llegar a un acuerdo con la Administración Trump.
Pero hoy, en Cuba, no se ve quién podría desempeñar ese papel. Más bien se ve un Gobierno que está a la defensiva y que —al menos públicamente— se resiste, o incluso se niega, a hablar de evolución política y del fin del modelo cubano.
En cuanto a la imputación de Raúl Castro, dado que se trata del hermano de Fidel Castro, tiene un gran valor simbólico.
Es difícil evaluar su nivel de influencia, dada la opacidad con la que se gestiona la isla, pero sigue siendo una figura muy respetada en Cuba. Raúl Castro es una importante referencia moral para los dirigentes cubanos y su imputación también podría ser una medida destinada a infundir cierto temor en el establishment, especialmente en el seno de las Fuerzas Armadas cubanas, que son verdaderamente la columna vertebral del Estado cubano.
¿Cabe esperar una distensión, una apertura política o, más bien, una continuación de la escalada entre Estados Unidos y Cuba en los próximos meses?
Dada la falta de negociaciones, cabe esperar que la escalada continúe.
El Gobierno cubano no ha mostrado una gran apertura ante las demandas estadounidenses, especialmente en el ámbito político. No es tanto así en el ámbito económico, ya que el Gobierno cubano ha hecho recientemente algunos anuncios tímidos en materia de liberalización (a mediados de marzo, anunció, entre otras cosas, que la diáspora, en particular los cubanos residentes en Estados Unidos, podría invertir en la isla y poseer empresas privadas, nota del editor).
También hay muchas interrogantes por la parte estadounidense. No olvidemos que Estados Unidos se encuentra en plena campaña electoral para las elecciones de mitad de mandato. En caso, por ejemplo, de una crisis migratoria y de un aumento masivo del número de cubanos que abandonan la isla y se dirigen a Estados Unidos, esto también podría crear un problema de política interior para el Gobierno de Donald Trump.
¿Cree que está creciendo en la isla un sentimiento de hartazgo hacia el poder comunista?
En cuanto a la opinión del pueblo cubano, es difícil generalizar, dado que se trata de un régimen autoritario. No disponemos realmente de instrumentos para medir si el Gobierno cuenta con el apoyo o el rechazo de la población.
Cabe imaginar que la población está harta, dada la deteriorada situación económica, pero las informaciones que llegan desde La Habana también muestran una división entre una población de más edad, que sigue mostrándose solidaria a pesar de los avatares y las dificultades económicas de la revolución cubana, y una juventud más desamparada que, por su parte, reclama más libertad, especialmente en el ámbito político.

Las últimas grandes manifestaciones han sido impulsadas por la juventud. Sin embargo, no existe una oposición estructurada en Cuba y eso es lo que también plantea muchas preguntas sobre el futuro.
De hecho, si se produjera un cambio de régimen en Cuba, sería difícil saber quién podría, por un lado, encarnar una nueva Administración, un nuevo gobierno, y quién estaría en condiciones de garantizar la estabilidad de la isla. Y desde ese punto de vista, hoy por hoy tampoco veo al Ejército cubano desempeñando el papel de garante de una evolución política no deseada.
Adaptado de su versión original en francés
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