Este 18 de julio se cumple el primer aniversario de la partida física de René Antonio Fortunato Gassó, cineasta, documentalista, investigador, editor, rescatista de archivos fílmicos y amigo entrañable. Sin embargo, René no comienza para mí con la noticia de su muerte ni termina en la solemnidad de los homenajes. Comienza mucho antes, en una memoria universitaria: la de un joven que vivía en una humilde habitación, casi desprovista de muebles, con un colchón tirado en el piso y, a su alrededor, montones de libros apilados como si fueran columnas de una arquitectura interior. Aquella habitación desordenada era también una biblioteca de urgencias, un laboratorio de pensamiento y una señal temprana de la disciplina que años después lo convertiría en una figura indispensable del documental histórico dominicano.
René no fue un cineasta de ocasión. Fue un hombre poseído por una misión: impedir que la memoria dominicana se perdiera entre el polvo, la humedad, el descuido institucional y la indiferencia. Su obra no se limitó a filmar el pasado; lo investigó, lo documentó, lo montó, lo discutió y lo devolvió al país convertido en conciencia audiovisual. En sus documentales, la historia dominicana dejó de ser una abstracción de manual escolar para volver a tener rostro, voz, archivo, gesto, multitud, miedo, violencia, poder y dignidad.
Su filmografía constituye una de las más persistentes indagaciones audiovisuales sobre la historia social y política dominicana contemporánea. En ella figuran obras fundamentales como Abril: La trinchera del honor, Trujillo: El poder del jefe, El poder del jefe II, El poder del jefe III, Balaguer: La herencia del tirano, Balaguer: La violencia del poder, Bosch: Presidente en la frontera imperial, Caamaño: Militar a Guerrillero, El laberinto de la injusticia y El triunfo de la democracia, su décimo largometraje documental, presentado en premier el 30 de junio de 2025 en la Sala Carlos Piantini del Teatro Nacional Eduardo Brito.
Tuve la dicha de acompañar una parte significativa de esa trayectoria desde el territorio de la imagen gráfica. Fui el artista creativo de la gran mayoría de las piezas que publicitaron sus realizaciones cinematográficas. Diseñé carteles y otros elementos gráficos para El poder del jefe I, II y III, así como para los distintos trabajos vinculados a La herencia del tirano.
Aquella labor no podía entenderse como simple diseño promocional. En el universo de René, un cartel no era un adorno: era la primera síntesis simbólica de una investigación histórica. Era la puerta de entrada a una confrontación con el poder, la memoria y el país. Trabajar para René exigía comprender que cada imagen debía cargar con una tensión moral. En El poder del jefe, el cartel debía contener la atmósfera opresiva de la dictadura trujillista, su maquinaria de miedo, su teatralidad autoritaria y su permanencia en la memoria nacional. En La herencia del tirano, el desafío era distinto: mostrar cómo la sombra del poder sobrevive a la caída del tirano y cómo ciertas estructuras políticas prolongan, bajo nuevas formas, la cultura de la obediencia.







Esa colaboración se extendió también a materiales que, por su circulación en otros formatos, forman parte de una historia gráfica menos visible, pero no menos importante. Uno de esos trabajos fue CAIMONI: Imágenes del pasado. Grandes artistas en “La Voz Dominicana”, documental producido y dirigido por René Fortunato en 1997, con una duración de 53 minutos y distribuido en formato VHS.[1]
Para esa obra diseñé su cubierta. Era un trabajo distinto al cartel cinematográfico: no convocaba al espectador desde la calle o desde la sala de cine, sino desde el objeto doméstico; desde la caja que preservaba una parte de la memoria de la televisión dominicana y de las grandes figuras artísticas vinculadas a La Voz Dominicana.
CAIMONI rescató fragmentos de transmisiones en los que reaparecían importantes figuras dominicanas e internacionales de las artes escénicas de los años cincuenta. Las presentaciones realizadas durante la Semana Aniversaria de Radio Televisión Dominicana otorgaban a esa labor un valor especial: recordaban que la televisión dominicana no surgió de la nada y que sus imágenes fundacionales también requerían investigación, preservación y circulación pública.
También diseñé la cubierta del libro Caamaño: la última esperanza armada, del escritor Manuel Matos Moquete, publicado en el año 2000 por la productora Videocine Palau, dentro de la colección Documentos de historia contemporánea. La obra cuenta con 278 páginas.
René no fue allí un simple editor operativo. Su sello editorial Palau respondía a la misma vocación de sus películas: recuperar documentos, organizar testimonios y producir memoria. Al reseñar el libro, el periódico El Caribe reprodujo una frase del prólogo escrito por René: “Ni arrepentimiento cristiano, ni autocrítica marxista, sino catarsis griega”.[2] Esa frase revela su manera de mirar la historia: no como una consigna vacía, sino como una experiencia humana, política y trágica.
Uno de los aportes más valiosos de René fue su labor de rescate de documentos fílmicos. En 2012 donó al Archivo General de la Nación alrededor de cinco mil horas de imágenes en movimiento sobre acontecimientos y actividades históricas dominicanas. Acento informó entonces que esa colección había sido reunida durante más de veinte años de investigaciones en archivos fílmicos internacionales y entre coleccionistas locales.
El Archivo General de la Nación se comprometió a crear el Fondo René Fortunato de Imágenes en Movimiento. Historia Dominicana Siglo XX, abierto sin costo a historiadores, investigadores y público en general.[3]
En aquella ocasión, René afirmó que todo el material fílmico utilizado como base de sus producciones formaba parte de “esta colección de documentos audiovisuales que estoy donando”. También pronunció una frase que retrata su ética: “El dinero no es el motor principal que mueve las acciones de mi vida”.[3]
Esa declaración no era retórica. En un país donde numerosos archivos han desaparecido por abandono, negligencia o intereses particulares, René invirtió tiempo, energía y recursos propios en rescatar lo que otros dejaron perder.
En 2024 realizó otra donación al Archivo General de la Nación: más de quinientas horas de material fílmico con imágenes de la historia dominicana del siglo XX. Acento informó que esos documentos habían sido recuperados durante más de treinta años de investigación en archivos internacionales, colecciones privadas y depósitos abandonados de empresas productoras locales. Los materiales se encontraban en formatos de 16 milímetros, 35 milímetros, Betacam SP, U-Matic, DVCam y VHS.
La misma publicación señaló que, sumadas las donaciones de 2012 y 2024, René Fortunato se convertía en el “mayor y más importante donante” de materiales audiovisuales al Archivo General de la Nación.[4]
Ese dato merece detenerse un instante. René no solo filmó documentales: salvó documentos que, de otro modo, probablemente se habrían perdido para siempre. Su obra cinematográfica es inseparable de esa otra obra silenciosa: buscar, comprar, transferir, digitalizar, clasificar, conservar y entregar al país imágenes que pertenecen a la memoria colectiva. Ahí reside una dimensión superior de su legado. Fortunato no entendía el archivo como propiedad privada, sino como responsabilidad nacional.
Su relación con la Revolución de Abril fue decisiva. Abril: La trinchera del honor, estrenada en 1988, reconstruyó con imágenes y sonidos de época los acontecimientos de la Guerra de Abril de 1965. Cinema Dominicano registra que la obra se estrenó el 27 de octubre de 1988, fue producida por Videocine Palau, tuvo una duración de 90 minutos y recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Pitirre al mejor documental de la región del Caribe en el II Festival de Cine de San Juan, celebrado en octubre de 1990.[5]
René llevó esa memoria a las calles. En 2005 presentó una nueva versión de Abril: La trinchera del honor en la explanada frontal del Parque Independencia y, posteriormente, en Santiago, con entrada abierta al público. El periódico Diario Libre informó que la proyección frente al Parque Independencia se realizaría en “dos inmensas pantallas” y con sonido profesional, en un espacio organizado para garantizar la visibilidad de los asistentes..[6]
Años después, Acento recordaría esas exhibiciones como una experiencia de “Cine Dominicano en medio de la calle”.[7] Esa frase define una parte de René. Para él, el documental histórico no debía quedar encerrado en circuitos especializados. Había que proyectarlo en parques, calles, universidades, salas públicas, conmemoraciones patrias y espacios populares. Había que devolver la historia a la gente, no como sermón, sino como imagen compartida.
Esa misma línea se mantuvo con Caamaño: Militar a Guerrillero, proyectado gratuitamente en Santiago con motivo del 58 aniversario de la Revolución Constitucionalista de 1965. Acento informó que la exhibición tendría lugar en el parque Colón de Santiago y que René exhortó especialmente a profesores y estudiantes a asistir temprano.[7]
En sus últimos años, cuando otros habrían reducido el ritmo de trabajo, René continuó investigando, reuniendo archivos y produciendo. El triunfo de la democracia fue su último gran esfuerzo documental. El filme muestra el ascenso electoral del Partido Revolucionario Dominicano en 1978, la campaña racista contra José Francisco Peña Gómez y el complejo escenario político de aquellos años. Es una obra sobre las luchas del pueblo dominicano por el establecimiento de una democracia verdadera durante el período comprendido entre 1974 y 1978.
Para su realización, René tuvo que digitalizar más de cien horas de material fílmico, numerosas grabaciones magnetofónicas y miles de fotografías. Era la culminación de un método de trabajo construido durante décadas: investigar hasta encontrar la imagen precisa, rescatarla del deterioro, devolverle legibilidad y situarla dentro de un relato capaz de interpelar al presente. Ese último proyecto volvió a unirnos profesional y afectivamente. René me pidió que diseñara el cartel publicitario de El triunfo de la democracia. Quedamos en reunirnos en la cafetería El Conde, cercana a mi estudio, ese lugar que muchos conocemos también como El palacio de la esquizofrenia.
Nos sentamos a desayunar y a conversar sobre el proyecto. Lo acompañaba su hijo menor. De pronto, de manera espontánea, René le pidió que nos tomara una fotografía con su celular. No sé si aquello fue una simple casualidad, un gesto de cariño o una intuición profunda. Después de su deceso, su querida esposa, Matty Vásquez, me envió esa imagen. Allí estamos René y yo, sentados frente a una mesa, todavía hablando de trabajo, de cine, de diseño y de historia.
Hoy esa fotografía se ha convertido para mí en una imagen terminal: la última escena presencial de una amistad y de una colaboración creadora sostenida durante décadas.
Después de aquel encuentro no volvimos a vernos personalmente. Las conversaciones sobre el cartel continuaron por vía digital. Tengo todavía grabado en mi móvil el primer mensaje que me hizo sentir que algo andaba mal en su salud: “Tengo problemas de salud y no puedo movilizarme. Fuerte dolor de espalda. Hernia discal. Dificultades para caminar”.
Todo indicaba entonces que él mismo no estaba plenamente consciente de la magnitud de la enfermedad. Parecía una dolencia de la espalda, una limitación física pasajera, no el anuncio de una batalla mucho más dura.
Más tarde supimos que era cáncer. Volvimos a verlo durante la premier de su documental en el Teatro Nacional, no ya caminando entre nosotros con la energía de otros tiempos, sino proyectado en una pantalla, visiblemente demacrado, pero todavía presente en su obra.
Aquella imagen fue dolorosa. René ya no podía sostener físicamente el centro de la sala, pero su película sí lo hacía por él. Su cuerpo se apagaba; su documental hablaba.
No sería justo reducir su muerte a un solo factor. La enfermedad fue real, agresiva y determinante. Pero tampoco sería honesto omitir las cargas emocionales, económicas y simbólicas que tuvo que enfrentar en la etapa final de su vida. Entre ellas estuvo el proceso judicial relacionado con el título Una primavera para el mundo, utilizado en su álbum fotográfico sobre la Revolución Constitucionalista de 1965.
En 2024, Acento informó que había sido ratificada la sentencia contra René Fortunato, que lo obligaba a pagar una indemnización por daños y perjuicios a los herederos de René del Risco Bermúdez por el uso del título Una primavera para el mundo. La publicación consignó que el Tribunal Constitucional rechazó el recurso de revisión constitucional interpuesto por Fortunato contra la sentencia de la Suprema Corte de Justicia.[8]
René defendió públicamente su posición. En una nota publicada por Acento en 2017 sostuvo que la sentencia lesionaba la credibilidad de la justicia dominicana y afirmó: “Un álbum de fotografías, como lo es el libro de mi autoría, no es lo mismo que el título de una canción”.[9]
Para un hombre que había dedicado su vida a rescatar documentos y ponerlos al servicio del país, ver cuestionada y amenazada una publicación nacida de esa misma vocación debió de constituir una herida profunda.No afirmo que una demanda judicial mate a un hombre. Sería una simplificación injusta. Pero sí sé que existen procesos capaces de desgastar el ánimo, minar las fuerzas y sumarse al peso de una enfermedad cuando el cuerpo ya libra su propia guerra. En René, aquella carga llegó en un tiempo delicado, cuando seguía trabajando, editando, corrigiendo, proyectando y concluyendo El triunfo de la democracia, como si tuviera plena conciencia de que debía saldar una última deuda con la historia.
A un año de su partida, la figura de René Fortunato debe ser recordada sin adornos falsos, pero también sin mezquindad. Fue un cineasta riguroso, un documentalista obsesivo, un investigador persistente, un rescatador de imágenes, un editor de memoria, un creador incómodo para los poderes y un hombre que eligió el archivo como forma de patriotismo. Su cine no fue neutral, porque la memoria nunca lo es cuando se enfrenta al abuso, a la dictadura, al racismo, a la intervención extranjera, a la represión y a las formas visibles e invisibles del autoritarismo.
En una época dominada por la velocidad de las imágenes y por la fragilidad de la atención pública, René nos enseñó que una imagen puede ser prueba, documento, denuncia, pedagogía y conciencia. Sus documentales deben seguir circulando en salas, escuelas, universidades, barrios, archivos, centros culturales y plataformas públicas. No como piezas de museo, sino como herramientas vivas para comprender el país que hemos sido y el país que todavía disputamos.
Vuelvo entonces a aquella habitación de estudiante, con el colchón en el piso y los libros apilados. Vuelvo también a la mesa de El Conde, a la fotografía tomada por su hijo, a la última conversación presencial, al cartel de El triunfo de la democracia, al mensaje sobre el dolor de espalda y a la imagen demacrada en la pantalla del Teatro Nacional. Entre una escena y otra transcurre la vida de un hombre que convirtió su precariedad inicial en obra, su curiosidad en método, su memoria en archivo y su archivo en legado nacional. René Fortunato partió físicamente, pero dejó encendida una cámara moral. Mientras esa cámara siga proyectando sus imágenes sobre nuestra conciencia colectiva, la República Dominicana tendrá menos excusas para olvidar.
Referencias
CUNY Dominican Studies Institute. CAIMONI: Imágenes del pasado. Grandes artistas en “La Voz Dominicana”.
https://www.ccny.cuny.edu/dsi/caimoni-imagenes-del-pasado-grandes-artistas-en-la-voz-dominicana
El Caribe. “Caamaño: la última esperanza armada”, de Manuel Matos Moquete.
https://www.elcaribe.com.do/sin-categoria/lsquocaamano-ultima-esperanza-armadarsquo-manuel-matos-moquete/
Acento. “René Fortunato dona fílmicas al Archivo General de la Nación”.
https://acento.com.do/cultura/rene-fortunato-dona-filmicas-al-archivo-general-de-la-nacion-11099.html
Acento. “René Fortunato dona fílmicas históricas al Archivo General de la Nación”.
https://acento.com.do/cultura/rene-fortunato-dona-filmicas-historicas-al-archivo-general-de-la-nacion-9401263.html
Cinema Dominicano. “Abril: La trinchera del honor (1988)”.
https://cinemadominicano.com/abril-la-trinchera-del-honor-1988/
Diario Libre. “Fortunato presentará nueva versión de La trinchera del honor”.
https://www.diariolibre.com/revista/fortunato-presentar-nueva-versin-la-trinchera-del-honor-NYDL60618
Acento. “58 aniversario de la Guerra de Abril será recordado en Santiago con proyección del documental Caamaño”.
https://acento.com.do/cine/58-aniversario-guerra-de-abril-sera-recordado-en-santiago-con-proyeccion-documental-caamano-9188425.html
Acento. “Ratificada sentencia contra cineasta René Fortunato”.
https://acento.com.do/actualidad/ratificada-sentencia-contra-cineasta-rene-fortunato-9405870.html
Acento. “René Fortunato afirma que sentencia lesiona la credibilidad de la justicia dominicana”.
https://acento.com.do/actualidad/rene-fortunato-afirma-sentencia-lesiona-credibilidad-la-justicia-dominicana-8516608.html
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