La maestra María Ivelisse Peña no necesita un mapa. Conoce cada adoquín, cada árbol que estrena vestido en primavera, cada esquina donde Flatbush Avenue se cruza con Eastern Parkway y el mundo parece detenerse un instante antes de volverse a mover. Ella vive en Prospect Heights, a pasos de una de las plazas más icónicas de Nueva York: Grand Army Plaza, la puerta de entrada al "patio trasero" de Brooklyn.

Ese quince de abril, caminando frente al Arco de los Soldados y Marineros con el celular en la mano y el viento de primavera en la cara, María Ivelisse grababa lo que veía: las flores que adornan los monumentos, los árboles que acaban de estrenar su nueva vestimenta, los edificios exclusivos que se alzan detrás de la Fuente Bailey, los ciclistas, los turistas, las quinceañeras que vienen a retratarse frente al arco como si fuera el Arco del Triunfo de París —y en cierto modo, lo es.

New York, New York —dice en voz alta, y en su voz hay orgullo genuino—. Y orgullosa de vivir en Brooklyn.

Lo que María Ivelisse no sabía todavía, o quizás intuía, es que ese Brooklyn que ella ama con la devoción silenciosa de quien lo ha adoptado como propio está a punto de transformarse.

Un arco que merece su plaza

Grand Army Plaza no es simplemente una rotonda. Es una declaración de intenciones urbanas que data de 1892, cuando se inauguró el Arco de los Soldados y Marineros (Soldiers' and Sailors' Arch), erigido para honrar a los soldados de la Unión que combatieron en la Guerra Civil. Inspirado en el mismísimo Arco del Triunfo de París, el monumento está cubierto de esculturas y relieves que representan figuras militares y la victoria. A sus pies, la Fuente Bailey, instalada en su versión actual en 1932, despliega esculturas de bronce clásicas que simbolizan la sabiduría y la abundancia.

La he recorrido en cada visita a Nueva York, y siempre quedo asombrada de su esencia.

Y es que todo el conjunto fue diseñado por Olmsted y Vaux —los mismos genios que concibieron Central Park— para funcionar como entrada ceremonial a Prospect Park: una transición elegante entre la ciudad y la naturaleza. Alrededor de la gran rotonda oval confluyen Flatbush Avenue, Eastern Parkway y Prospect Park West, mientras estatuas de generales de la Unión, como William Tecumseh Sherman y Gouverneur K. Warren, montan guardia silenciosa.

Los sábados, los granjeros instalan sus tiendas y venden productos directamente de la granja. La Brooklyn Public Library asoma su fachada imponente sobre Flatbush. Y siempre, siempre, siempre —como dice Ivelisse— hay alguien leyendo un libro, tomando un café, montando bicicleta o simplemente respirando.

En particular, la librería ofrece un amplio catálogo de obras. Recuerdo que allí pude leer, por primera vez, la "Declaración de Sentimientos de Seneca Falls", y con esta toda la génesis del sufragismo estadounidense.

El sueño de Mamdani

El 13 de abril de 2026, el alcalde Zohran Kwame Mamdani y el comisionado del Departamento de Transporte de Nueva York (NYC DOT), Mike Flynnanunciaron una propuesta para transformar radicalmente Grand Army Plaza, y enviaron un comunicado a Acento.com.do, que inspira esta crónica. La intención es conectar el Arco de los Soldados y Marineros directamente con Prospect Park, creando un espacio público de clase mundial y mejorando drásticamente la seguridad de peatones y ciclistas.

"Cualquiera que haya intentado cruzar por aquí sabe lo peligrosas y caóticas que pueden llegar a ser estas calles", dijo Mamdani. Este rediseño es algo que se venía necesitando desde hace mucho tiempo.

La maestra dominicana María Ivelisse lo sabe bien. Lo ha vivido en carne propia cada vez que intenta cruzar la rotonda con sus estudiantes o simplemente llegar caminando al mercado de los sábados. La plaza, con toda su belleza monumental, es también un laberinto de vehículos que durante décadas ha puesto en riesgo a los mismos vecinos que la quieren.

La propuesta —que cuenta con el respaldo del 85% de los 3.600 vecinos encuestados en talleres realizados a principios de 2024— contempla conectar el arco con la Fuente Bailey y la entrada al parque, recuperando la visión original de Olmsted: una plaza que dé la bienvenida, no que intimide.

El NYC DOT finalizará el diseño mediante talleres públicos que comenzaron el 23 de abril. La comunidad puede participar hasta el 31 de mayo en nyc.gov/grandarmyplaza.

Flatbush, la arteria que también cambia

Pero la transformación no se detiene en la plaza. Días antes, el 9 de abril, Mamdani también anunció la reanudación de las obras en Flatbush Avenue, la avenida que María Ivelisse recorre casi a diario y que, a pesar de ser una de las más transitadas de Brooklyn, obliga a sus autobuses a avanzar a menos de cuatro millas por hora —el paso de una persona caminando a buen ritmo.

"El tiempo es dinero", dijo el alcalde en su comunicado. Con demasiada frecuencia, nuestra ciudad les ha arrebatado ambas cosas a las personas trabajadoras que dependen de nuestros autobuses.

El proyecto instalará carriles exclusivos para autobuses en el centro de la calzada entre Livingston Street y Grand Army Plaza, con seis islas de embarque de hormigón, 29.000 pies cuadrados de nuevo espacio peatonal y 14 áreas de estacionamiento para bicicletas. Los 132.000 pasajeros diarios que usan las líneas B41, B67, B69, B63, B45 y B103 son los grandes beneficiarios. En otras ciudades donde se aplicaron diseños similares, la velocidad de los autobuses aumentó hasta un 43% y las lesiones de peatones y ciclistas cayeron un 29%.

Las obras, pausadas durante el invierno, retomaron en la última semana de abril y se extenderán hasta el otoño de 2026.

Un Nueva York más calmado y citadino

Quienes hemos visitado Nueva York —ese Nueva York más calmado y citadino que se descubre cuando uno se aleja de Manhattan y se adentra en Brooklyn— sabemos de qué habla Ivelisse cuando describe Grand Army Plaza con la emoción de quien muestra su propio jardín. Hay algo en esa plaza que no tiene que ver con el turismo de postal: tiene que ver con la vida que ocurre todos los días alrededor de un arco de piedra, una fuente de bronce y un parque que es, literalmente, el pulmón de la barriada completa.

El Brooklyn que sueña Mamdani es, en el fondo, el Brooklyn que María Ivelisse ya vive y narra con su celular en la mano: un lugar donde la naturaleza y la ciudad se tocan, donde los granjeros venden sus productos junto a un monumento de 1892, donde una maestra dominicana puede caminar orgullosa y decir, sin que le tiemble la voz, que ese es su vecindario.

La diferencia es que, muy pronto, cruzarlo ya no será un acto de valentía.

EN ESTA NOTA

Elvira Lora

Subdirectora

Periodista especialista en investigación, documentación y derechos humanos. Doctora en Periodismo & Comunicación de la #UAB. Productora transmediática y fundadora de una plataforma de periodismo feminista Ciudadanía Fémina.

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