La relación entre República Dominicana y Haití no puede entenderse únicamente a partir de la inmigración irregular o de las tensiones que actualmente se producen en la frontera. Su origen se encuentra en una historia mucho más extensa marcada por la división colonial de la isla, los procesos de independencia, las intervenciones militares extranjeras, los movimientos migratorios, los terremotos y los huracanes.
La isla La Española quedó dividida políticamente entre dos espacios coloniales, y con esto naciones europeas con ansiedad imperialista. Francia consolidó su dominio sobre la parte occidental, mientras España mantuvo el control de la parte oriental. El Tratado de Ryswick, de 1697, reconoció la presencia francesa en el oeste, mientras que el Tratado de Basilea, de 1795, estableció la cesión de la parte oriental a Francia. Estos procesos contribuyeron a crear diferencias políticas, económicas, lingüísticas y culturales que posteriormente influirían en la formación de los dos Estados.
Con la independencia de Haití, proclamada el 1 de enero de 1804, surgió el primer Estado independiente de América Latina y el Caribe nacido de una revolución de esclavizados. La existencia de ese nuevo Estado modificó el equilibrio político de la isla y también generó temor entre sectores de la población de la parte oriental ante la posibilidad de una expansión haitiana. Investigaciones históricas señalan que ese contexto contribuyó posteriormente a la construcción de discursos antihaitianos en territorio dominicano.
1822: el inicio de una etapa de unificación bajo dominio haitiano
En 1822, las autoridades haitianas asumieron el control de la parte oriental de la isla. La ocupación se prolongó durante 22 años y constituye uno de los episodios fundamentales para comprender la memoria histórica de ambos pueblos.
Durante ese período se produjeron transformaciones políticas, económicas y sociales. También surgieron resistencias y conflictos que alimentaron, con el paso del tiempo, una percepción negativa de Haití entre determinados sectores de la sociedad dominicana.
La experiencia de esos 22 años quedó incorporada a la narrativa política que precedió al movimiento independentista dominicano. En 1844, Juan Pablo Duarte y los independentistas proclamaron la separación de Haití y el nacimiento de la República Dominicana. A partir de entonces se inició una etapa de confrontaciones militares para consolidar la nueva República.
1844: nace la República Dominicana
La independencia dominicana no significó el fin inmediato de los conflictos entre los dos territorios. Durante los primeros años de la República Dominicana se produjeron enfrentamientos militares entre ambos Estados.
La nueva nación tuvo que defender su soberanía frente a varias incursiones haitianas, mientras Haití buscaba mantener su influencia sobre el territorio oriental.
La separación política, sin embargo, no eliminó los vínculos económicos y sociales existentes entre las poblaciones de ambos lados de la frontera. El comercio, los movimientos de trabajadores y los intercambios locales continuaron formando parte de la realidad de la isla.
La historia, por tanto, comenzó a desarrollarse en dos planos: por un lado, la construcción de dos Estados nacionales distintos; por otro, la permanencia de relaciones sociales y económicas entre comunidades que compartían territorio insular.
De la separación política a la construcción de una frontera
Durante el siglo XIX, República Dominicana atravesó distintos procesos políticos, incluida la anexión a España en 1861 y posteriormente la Restauración de la República en 1865.
La frontera entre ambos países no quedó completamente definida desde el nacimiento de la República Dominicana. Su delimitación fue resultado de negociaciones y acuerdos posteriores.
Un momento importante llegó con el Tratado de Paz, Amistad y Arbitraje de 1929, que estableció bases para la delimitación fronteriza. Este acuerdo continúa siendo relevante para entender algunas de las actuales controversias relacionadas con recursos compartidos, como el río Masacre.
Siglo XX: migración laboral y crecimiento de los ingenios azucareros
La relación entre los dos países comenzó a adquirir otra dimensión durante el siglo XX: la migración laboral haitiana hacia República Dominicana.
La expansión de la industria azucarera dominicana generó una creciente demanda de trabajadores. Miles de haitianos fueron contratados para laborar en los ingenios, especialmente durante los períodos de zafra.
Investigaciones sobre la migración haitiana señalan que este movimiento de trabajadores estuvo vinculado a la división regional del trabajo y al desarrollo de la industria azucarera. Muchos trabajadores haitianos llegaron en condiciones de irregularidad y con escasas garantías laborales.
Este fenómeno es fundamental para comprender una contradicción que ha acompañado la relación bilateral: mientras la economía dominicana necesitaba mano de obra haitiana en determinados sectores, al mismo tiempo se desarrollaban discursos que presentaban esa migración como una amenaza. La migración, por tanto, no surgió únicamente como consecuencia de la crisis haitiana contemporánea. Tiene raíces económicas mucho más antiguas.
1937: uno de los episodios más traumáticos
Durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo ocurrió uno de los episodios más dolorosos de la historia entre ambos países: la matanza de haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana en la zona fronteriza en 1937.
Las estimaciones sobre el número de víctimas varían según las fuentes y las investigaciones. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos recoge estudios que sitúan las muertes en más de 20,000 personas.
El episodio profundizó la desconfianza entre ambos países y fue utilizado posteriormente dentro de discursos nacionalistas relacionados con la construcción de la identidad dominicana.
Segunda mitad del siglo XX: una relación económica cada vez más estrecha
A pesar de las diferencias políticas y de los episodios de tensión, durante la segunda mitad del siglo XX aumentaron los vínculos económicos.
El comercio transfronterizo, la contratación de trabajadores haitianos y posteriormente las inversiones dominicanas en Haití fueron creando una relación de interdependencia.
El Banco Mundial ha señalado que las economías de ambos países están estrechamente vinculadas mediante el comercio, la inversión y la migración. También destaca que la diferencia económica entre ambos países se amplió considerablemente durante las últimas décadas.
Esto significa que la frontera no funciona únicamente como una línea de separación. También constituye un espacio de intercambio comercial, laboral y social.
2010: el terremoto que cambió nuevamente la relación
El 12 de enero de 2010, un terremoto devastó amplias zonas de Haití y provocó una de las mayores crisis humanitarias de la historia reciente del país.
República Dominicana respondió enviando ayuda y convirtiéndose en uno de los principales puntos logísticos para la llegada de asistencia internacional.
Para el Banco Mundial, aquella respuesta dominicana abrió una oportunidad para mejorar las relaciones entre los dos países.
El episodio demostró que, más allá de las diferencias políticas, la proximidad geográfica obliga a ambos Estados a responder conjuntamente ante determinados desafíos.
2013: nacionalidad y un nuevo punto de tensión
Otro momento determinante ocurrió en 2013, cuando el Tribunal Constitucional dominicano emitió la sentencia 168-13 sobre la nacionalidad de personas nacidas en República Dominicana de padres extranjeros en situación migratoria irregular.
La decisión generó un amplio debate nacional e internacional debido a sus consecuencias para personas de ascendencia haitiana. Organismos internacionales de derechos humanos cuestionaron sus efectos sobre la nacionalidad y posteriormente también se adoptaron medidas legislativas para atender parte de sus consecuencias.
El episodio convirtió la cuestión migratoria y el derecho a la nacionalidad en uno de los principales temas de la relación bilateral.
2015: aumento de los retornos y deportaciones
A partir de 2015, el movimiento de personas entre ambos países volvió a ocupar un lugar central en la agenda bilateral.
La implementación de políticas migratorias dominicanas más estrictas produjo retornos y deportaciones de ciudadanos haitianos, mientras organismos internacionales expresaban preocupación por las condiciones en que algunas personas eran expulsadas.
La situación también evidenció la dificultad de separar completamente migración, economía y crisis humanitaria. Muchos haitianos trabajan o han trabajado en sectores esenciales de la economía dominicana, mientras mantienen vínculos familiares y económicos con Haití.
2021-2023: crisis política y disputa por el río Masacre
La situación haitiana se deterioró considerablemente después del asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021. La expansión de grupos armados, la inestabilidad política y el debilitamiento de las instituciones incrementaron la salida de personas hacia otros países, incluida República Dominicana.
En 2023, la construcción de un canal para desviar agua del río Masacre provocó una nueva crisis diplomática.

El río es compartido por ambos países y la controversia llevó a la República Dominicana a cerrar temporalmente los pasos fronterizos y suspender el comercio con Haití. El conflicto evidenció cómo un recurso natural compartido puede convertirse en un asunto de seguridad nacional y política exterior.
La crisis haitiana transforma la relación bilateral
La crisis de seguridad en Haití se ha profundizado durante los últimos años. La violencia de grupos armados, el desplazamiento interno y el deterioro de las condiciones económicas y sociales han incrementado la presión migratoria.
La Organización Internacional para las Migraciones ha documentado el aumento de los retornos forzados hacia Haití. En 2025 se registraron 270,214 retornos forzados a Haití, un aumento de 36 % respecto de 2024; el 98 % procedió de República Dominicana.
En paralelo, las autoridades dominicanas han reforzado los controles migratorios.
Según la Dirección General de Migración, durante 2025 fueron deportados 379,553 ciudadanos haitianos en situación migratoria irregular, cifra que representó un aumento de 37.4 % respecto al año anterior.
Para 2026, los operativos continúan. La DGM informó en abril que había deportado 99,268 extranjeros indocumentados en los primeros meses del año, mientras sus reportes posteriores muestran que los controles migratorios permanecen activos.
Estos datos deben interpretarse dentro de un contexto más amplio: República Dominicana defiende el derecho de controlar sus fronteras y aplicar sus leyes migratorias, mientras organismos internacionales han llamado a garantizar que los procedimientos respeten los derechos fundamentales y las condiciones de vulnerabilidad de las personas retornadas.
Una frontera que separa y conecta
La frontera domínico-haitiana representa una de las realidades más complejas del Caribe.
Es una línea política que separa dos Estados soberanos, pero también un espacio donde se desarrollan intercambios comerciales, relaciones familiares, movimientos laborales y actividades económicas.
El Banco Mundial ha señalado que el comercio entre ambos países y la migración tienen efectos económicos en las dos sociedades. También ha advertido que algunos de los argumentos tradicionales sobre la migración haitiana no encuentran respaldo concluyente en la evidencia económica disponible.
Por eso, reducir la relación entre ambos pueblos a conceptos como “invasión”, “amenaza” o “crisis migratoria” deja fuera una parte importante de la realidad.
La migración como resultado de una historia más amplia
La migración haitiana hacia República Dominicana tiene múltiples causas.
Entre ellas se encuentran la búsqueda de empleo, las diferencias económicas, la inestabilidad política, los desastres naturales y, más recientemente, la violencia de grupos armados y el desplazamiento interno.
Un estudio académico sobre la historia de la migración haitiana señala que el movimiento de trabajadores hacia República Dominicana estuvo relacionado durante décadas con las necesidades de mano de obra de la industria azucarera.
Por eso, la migración no debe analizarse únicamente desde la perspectiva de la seguridad fronteriza. También requiere observar el mercado laboral, las condiciones económicas, las políticas migratorias y la situación humanitaria del país de origen.
Dos países con problemas distintos y desafíos compartidos
Actualmente, las diferencias económicas entre Haití y República Dominicana son mucho mayores que décadas atrás.
Datos recientes del Banco Mundial muestran una diferencia significativa en el producto interno bruto por habitante: para 2025, el PIB per cápita registrado fue de aproximadamente US$11,059 en República Dominicana frente a US$2,694 en Haití.
Esta brecha contribuye a explicar por qué República Dominicana se ha convertido en un destino importante para trabajadores haitianos.
Sin embargo, la relación no puede definirse exclusivamente por la desigualdad. Ambos países comparten problemas que requieren coordinación: comercio fronterizo, seguridad, medioambiente, recursos hídricos, salud pública, migración y gestión de desastres.
Una convivencia que continúa escribiendo su historia
La historia de República Dominicana y Haití no es únicamente una historia de conflictos.
Es también la historia de dos sociedades que comparten una misma isla, que han intercambiado bienes y personas durante siglos y que, pese a sus diferencias, mantienen vínculos económicos y sociales permanentes.
Desde la ocupación haitiana de 1822 hasta las actuales deportaciones y controles fronterizos, la relación ha atravesado ciclos de confrontación y acercamiento.
La crisis migratoria actual no apareció de manera aislada. Es el resultado de una combinación de factores históricos, económicos, políticos y humanitarios que se han acumulado durante generaciones.
Por ello, abordar la relación entre República Dominicana y Haití requiere evitar tanto la idealización como la demonización. La soberanía de cada Estado, el derecho de República Dominicana a gestionar su territorio y sus políticas migratorias, así como la dignidad y los derechos de las personas migrantes, forman parte de una misma realidad que necesita ser analizada con datos, contexto histórico y responsabilidad periodística.
Una historia compartida que sigue definiendo el presente
La relación entre República Dominicana y Haití es el resultado de más de tres siglos de procesos históricos que incluyen colonización, división territorial, independencia, ocupación, guerras, migración, comercio y cooperación.
La frontera actual es producto de esa historia, pero también es escenario de nuevos desafíos.
En lugar de observar a ambos países únicamente desde la confrontación, comprender su relación implica reconocer que son dos Estados soberanos con intereses propios, pero también dos sociedades cuya proximidad geográfica hace inevitable la interacción.
La migración constituye hoy uno de los principales puntos de tensión, pero sus raíces son anteriores a la crisis actual. La historia de La Española demuestra que la separación política nunca ha significado aislamiento absoluto. República Dominicana y Haití continúan siendo vecinos, socios comerciales y sociedades vinculadas por una frontera que, al mismo tiempo que divide, también conecta.
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