La decisión del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de intervenir militarmente a Venezuela es un hecho bochornoso y agresivo, que no solamente es una violación a las normas que protege la soberanía de los países en los estatutos de las Naciones Unidas, sino que es también una violación a la Constitución de su propio país, pues antes de atacar a un país de la comunidad internacional debía justificar ante su Congreso que ese país representa un peligro para la soberanía del suyo y que se han agotado todas las prerrogativas que impone el diálogo.

Nada de eso ocurrió. Trump amenazó a Venezuela, acusó al gobierno de narcoestado, al presidente del país de ser un dictador, y se consideró a sí mismo con las prerrogativas de deponer a ese presidente, atacar sus instalaciones militares y aeroportuarias, y penetró en un búnker donde se escondía Nicolás Maduro y su señora esposa.

Trump no ha hablado de proteger la democracia en Venezuela, aunque Nicolás Maduro se haya robado dos procesos electorales. Está justificando esta agresión en que Maduro es jefe de un cartel de narcotráfico y que, por tanto, tiene que ser procesado en los Estados Unidos. Pero como bien han recordado ya importantes medios en Estados Unidos, Nicolás Maduro está siendo acusado de lo mismo que el expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, juzgado y condenado por los tribunales norteamericanos por haber transportado 400 toneladas de cocaína, y recientemente fue indultado por el presidente Donald Trump, antes de cumplir un año de prisión. Fue sentenciado en junio de 2024 a 45 años de prisión.

Trump ha hablado de que realmente su país está interesado en las reservas de 300 mil millones de barriles de petróleo de Venezuela, y que esas reservas son de Estados Unidos y deben ser para Estados Unidos. Con esta operación militar Trump inaugura su recién lanzada nueva estrategia nacional de seguridad o Doctrina de Monroe en el perfil de Donald Trump. Venezuela no atacaba a Estados Unidos. Tampoco está probado que transportara drogas o fentanilo. Maduro se robó varias elecciones y fue un dictador populista. La madrugada del 3 de enero del 2026 resultó apresado, transportado hacia los Estados Unidos, donde será juzgado por un tribunal de justicia.

Dejemos a un lado el abuso de Trump y su administración, denunciado por varios países. En particular, los BRICS han resultado muy afectados por esta operación. Trump mete miedo a Colombia, a Nicaragua, a Cuba, a México y a cualquier otra nación que tenga la osadía de hacer resistencia a sus políticas, sus mandatos. Por eso hay tanto silencio alrededor del atropello a Venezuela y a Maduro. Maduro ha sido y sigue siendo un impresentable, y su régimen resulta ridículo ahora, con Delcy Rodríguez como vicepresidenta en funciones de presidenta y como vocero de los aparatos del Estado venezolano. Habla de soberanía, de patria, de lealtad a Simón Bolívar, pero fueron agredidos, su líder y presidente fue secuestrado, y no hicieron nada. No se movió un solo hombre para resistir la agresión norteamericana.

Los ataques a posiciones militares no fueron resistidos. Los militares venezolanos no movieron un dedo. Se dice que los miembros de la aviación militar venezolana destruyeron la capacidad de volar de por lo menos 50 aeronaves, para no enfrentar los aviones y helicópteros norteamericanos la noche del 3 de enero. Hace 36 años, con George W. Bush como presidente de los Estados Unidos, militares intervinieron en Panamá para apresar y transportar al dictador Manuel A. Noriega. No hubo tampoco resistencia, pese a la fanfarronería del dictador.

Solo como inquietudes, hay que preguntar: ¿Quiénes de los líderes de Venezuela negociaron con Estados Unidos y decidieron entregar a Maduro? ¿Cómo es posible que Maduro y su esposa hayan sido despertados en un búnker, sacados de allí por tropas norteamericanas y no haya habido resistencia de las fuerzas bolivarianas que le cuidaban o de las tropas cubanas que estaban a su servicio?

Nadie murió en el apresamiento de Maduro. Lo dijo Donald Trump. Tampoco se ha dicho que haya muerto algún oficial de la seguridad de Maduro. Delcy Rodríguez habló sobre la invasión a Venezuela y la agresión a su soberanía, pero no ha dicho una palabra de cómo fue posible que Maduro se haya entregado sin resistencia y ya esté preso en Estados Unidos.

¿Padrino López, Diosdado Cabello, Delcy Rodríguez o su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, estaban al tanto de la operación y decidieron que Maduro y su esposa eran negociables?

En Venezuela lo que hay es incertidumbre. Nadie hace nada para explicar lo que está pasando. Se dicen discursos vacíos, con mucha palabrería patriótica, pero sin ninguna acción. Aun se diga que Maduro es el único presidente, todo el mundo sabe que es parte de un show que presentará Donald Trump para presentarse como el libertador de los venezolanos. La inutilidad de la enorme inversión militar venezolana de las últimas décadas es una vergüenza. Alguien de los dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela tiene que ofrecer algún dato sobre la imposibilidad de moverse de las tropas del país, sin hacer nada para evitar el secuestro de su líder. Por tanto, es mucho el espacio que queda para especular que Nicolás Maduro fue entregado por sus propios compañeros de partido, porque ya había dejado de ser el payaso útil que siempre fue.