El 7 de febrero próximo se cumple un año de la designación del Consejo Presidencial Provisional en Haití, y quienes ocupan posiciones en ese órgano deben cesar sus funciones.
Este lunes se cumplió un año más del terrible terremoto que afectó Haití en 2010 y que provocó la muerte de por lo menos 230 mil personas y lesiones permanentes a otro número igualmente relevante de personas.
En Haití hay manifestaciones a diario contra los integrantes del Consejo Presidencial Provisional. Incluso hay grupos que apuestan a la renuncia de sus miembros antes de que cumplan el período de un año de designación. La rotación ha sido la norma en ese organismo. Haití carece de Constitución, y carece de organismos legislativos y de poder judicial completo.
Hay quienes entienden que la Corte de Casación, una especie de Suprema Corte de Justicia en República Dominicana, debe actuar para poner en pausa a los miembros del CPP.
Como siempre, los haitianos siguen divididos, sin capacidad para ponerse de acuerdo en los asuntos más elementales, ni siquiera para su propia sobrevivencia.
El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha tomado decisiones para apuntalar una salida, y hasta hay una recomendación de que haya elecciones en 2026 para comenzar a normalizar el país.
El gobierno norteamericano ha dado varias estocadas al sistema multilateral y en particular a Naciones Unidas. Ese organismo es cada día más débil. Estados Unidos no está interesado en ayudar a Haití a resolver sus problemas.
Haití tiene prioridades; una de las más importantes es terminar con el poder de las bandas armadas que intranquilizan, provocan violencia, representan inseguridad en las carreteras y en los barrios de las ciudades importantes. La misión internacional de apoyo a la Policía Nacional de Haití se siente poco, carece de recursos y su ímpetu ha disminuido mucho frente a las bandas.
Con los recursos empleados por Estados Unidos para hacer la extracción del presidente Nicolás Maduro, de Venezuela, se pudo haber resuelto la crisis de seguridad en Haití.
El horizonte no está claro para los haitianos. Nadie sabe qué pasará en Haití en 2026. Lo más seguro es que la crisis continúe sin detectar una luz al final del camino. La clave es que nadie encuentra la forma para que los actores de Haití se pongan de acuerdo en reconducir su país hacia la democracia, el desarrollo y la seguridad.
Nuestra apuesta es que los haitianos busquen ellos su propio método, sin Estados Unidos, sin Naciones Unidas ni el Consejo de Seguridad y sin Unión Europea o Canadá. Que todo el mundo con intereses y propuestas externas para reconciliar a los haitianos salga de Haití. Y que entre ellos, en su lenguaje, con su cultura, con sus métodos de trabajo, con su religión, con su idiosincrasia, encuentren la fórmula. Tal vez saldría algo que sea posible o potable para la comunidad internacional.
República Dominicana ha realizado gran esfuerzo para que la comunidad internacional se ocupe del caso Haití, y ha dicho que el riesgo para nuestro país es alto por razones migratorias, por la cercanía y por el contagio que podría representar una frontera de 383 kilómetros. También ha dicho que hay un riesgo regional caribeño, que podría ser afectado como región por la expansión de la crisis en Haití.
Es lo que muchos haitianos quieren, con su nacionalismo más entusiasta, que la comunidad internacional saque sus manos de Haití y que le permitan arreglarse entre ellos. Ojalá que logren mostrar al mundo otra cara, otro compromiso, alguna forma de entenderse para echar adelante su país.
Y que República Dominicana refuerce su frontera, proteja los flancos migratorios más propicios para los miles de haitianos, millones tal vez, que quieren seguir intentado salir del infierno en que han vivido en este primer cuarto del siglo XXI.
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