Insistimos en que hemos llegado al momento en que el gobierno del presidente Luis Abinader se concentre, en esfuerzos, recursos y en procurar la conclusión eficiente de su segunda gestión de gobierno, con el propósito de establecer un legado de un ejercicio de 8 años de gobernanza, afianzamiento de la institucionalidad, la transparencia y la eficiencia en la reducción de las serias debilidades del Estado en servicios y en abatir las desigualdades.
El presidente Luis Abinader ha dicho que trabaja en un libro de informe sobre su gestión. Esa es una magnífica iniciativa, que pudiera colocar en manos de la sociedad un buen informe, en primera persona, de las ejecutorias realizadas, las lecciones aprendidas, las dificultades que tuvo que enfrentar y la superación de las limitaciones políticas, estatales, Institucionales para cumplir con sus metas de gobierno.
Pero hay más. El presidente y las entidades públicas deben reducir su presencia y promoción sustentadas en la figura del presidente de la República. El presidente se despide, y de agosto de 2026 a agosto del 2028 solo quedan dos años.
A partir de ahora los días se hacen más difíciles, las ganas de los colaboradores se reducen, se pone más atención a la cuestión electoral y al partido que a los temas pendientes del gobierno y las promesas del presidente, y surgen liderazgos para las elecciones del 2028 que reducen la relevancia y la fuerza del presidente de la República.
Corresponde al presidente adoptar decisiones para acelerar todas las obras iniciadas, inaugurar todas las obras concluidas o por concluir, destrabar todas las burocracias y pequeñeces que impiden procesos encaminados, consignar recursos en aquellos programas y departamentos estatales en que presidente tiene prioridades.
Una posibilidad es que entre los colaboradores y burócratas al servicio de la presidencia, el presidente designe comisiones regionales que evalúen las inversiones públicas, las demandas, las obras iniciadas, y las comparen con los compromisos asumidos por el presidente en su campaña, en su programa de gobierno, y en los consejos de gobierno que se han celebrado. Y Se tenga informes de cada región, con las cuentas pendientes y las cumplidas.
La otra posibilidad es que, desde ya, se prioricen las áreas en las que el gobierno ha puesto el mayor énfasis: Transparencia, control de los fondos públicos, persecución de la corrupción, atención a los temas esenciales de la política social, reducción de pobreza, desigualdad, garantía alimentaria, atención a la frontera, política exterior, inversión extranjera, exportaciones, generación de empleos, entre otros asuntos, y se comiencen a tener datos específicos que pudieran ser sometidos al rigor estadístico, confirmado, de que esos son los resultados de dos gestiones gubernamentales de Luis Abinader.
Nadie tiene dudas que los resultados y el legado de Abinader serán puntos relevantes en la campaña electoral del 2028, sea quien sea que encabece la nominación presidencial del PRM. Esos resultados serían el mayor aporte del presidente en ese proceso electoral.
El tiempo es esencial para trabajar con certeza en los datos de una gestión, y no solo en una lista de obras realizadas, que será cuestionada por la oposición, porque no siempre se consiguen los datos y las personas honestar para formular la entrega de información.
La tradición ha sido la precipitación en las finalizaciones de las gestiones gubernamentales. Así ocurrió en 2004, en 2012, y en 2020. Es cierto que el paso de Danilo Medina a Luis Abinader ocurrió en medio de una pandemia y la paralización de casi todas las actividades del país. Ahora son otras las condiciones.
Que los asesores, los dirigentes del partido en el gobierno, los ministros y demás burócratas estatales, se concentren en realizar una buena y eficiente gestión, y recopilar la información adecuada para que Luis Abinader pueda entregar resultados tangibles, creíbles y bien sustentados.
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