¿Puede Luis Abinader dejar un legado de su gestión de 8 años al frente de la administración pública?
Es la pregunta que algunos se hacen, valorando ya la decisión firme del presidente de no volver a postularse, de reafirmar su oposición a la reelección presidencial más de una vez y de poner “candados” a la Constitución de la República para que no se repitan las modificaciones constituciones del 2003 y del 2015, favoreciendo las reelecciones de dos presidentes.
Abinader puede dejar un legado, y de paso habría que decir, que ha sembrado los cimientos para que sea recordado como un presidente con estimuló y adoptó medidas para fortalecer la rendición de cuentas, la transparencia en la gestión pública y los controles a los gastos estatales por parte de la insaciable burocracia que, alimentada por los partidos políticos, asume los cargos como premios por su labor política para alcanzar el gobierno.
Una cosa esencial es el cumplimiento del programa de gobierno con el que fue electo y reelecto. Esto implica atención a las políticas sociales prometidas, de reducción de la pobreza y las desigualdades, mejoría de los servicios públicos, especialmente educación y salud, reducción de la deuda pública, inclusión económica, atención a la seguridad alimentaria, inversión privada para generación de empleos, entre tantos otros asuntos que refuerzan y consolidan la gestión de un partido político y de su administración.
En cuanto al cumplimiento del programa de gobierno hay muchos asuntos que se podrían quedar a medidas, como desigualdad social, económica y política reducida, igualdad entre mujeres y hombres, atención a la juventud, mejoría de la educación y de la atención en salud, control de la delincuencia, reducción de la corrupción, y políticas sociales ampliamente demandadas.
Recibió un país en crisis, en medio de una pandemia, con la economía en incertidumbre y en descenso, y lo ha colocado en crecimiento y con grandes expectativas de crecimiento y de seguridad jurídica
Luis Abinader tiene mucho que contar sobre reformas institucionales, mejoría de la legislación, aumentos de salarios, atención a la seguridad ciudadana, reducción de la corrupción, esfuerzos para garantizar la inversión, en particular en áreas como el turismo, la agricultura, zonas francas.
También tiene mucho que contar sobre la política exterior, y en particular su atención a los temas relacionados con Haití y la recuperación de la democracia en ese país. Ha puesto en marcha una política migratoria represiva, con deportaciones masivas, poca atención a la preservación de los derechos humanos de los seres humanos, migrantes, y una prudencia y obsecuencia mayúscula con las políticas norteamericanas, de la administración Trump, para que el país conceda todas las peticiones del gobierno americano para sus operaciones en el área del Caribe y sudamérica.
Quedan nuevas valoraciones del legado del presidente y del gobierno del Partido Revolucionario Moderno.
El país no dijo nada sobre la guerra arancelaria que nos impactó inicialmente con un 10 por ciento, pero que fue desautorizada por la Corte Suprema de los Estados Unidos. Tampoco dijo nada sobre los impuestos a las remesas, y colaboró con las operaciones en Venezuela, para capturar a Nicolás Maduro. Ahora acoge la inconcebible imposición de un 12.5 por ciento de aranceles porque mantenemos el trabajo forzoso, junto a casi 100 países, entre ellos los de Unión Europea, que tienen las normas más estrictas contra el trabajo forzoso. Es una decisión política, de profundo calado económico, que nos afecta, pero guardamos silencio y seguimos favoreciendo los requerimientos de Estados Unidos.
Luis Abinader tiene a su favor haber promovido la Alianza para el Desarrollo en Democracia (ADD), un grupo de diálogo estratégico y cooperación económica que también integran Costa Rica, Ecuador y Panamá. En el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha favorecido la reincorporación de Haití a la democracia, dedicado recursos para ello, y promovido la eliminación de las bandas que desestabilizan el vecino país. Ha criticado correctamente la eliminación de la democracia y las elecciones en Nicaragua, y se integró al grupo de países aliados ideológicamente de Donald Trump para el Escudo de las Américas.
Luis Abinader ha promovido políticas en favor de las mujeres, pero no ha cumplido con la incorporación de las tres causales en un Código Penal que ha pasado dos veces por sus manos, con la posibilidad de consensuar un pacto que las incluya, favoreciendo que en cada centro hospitalario haya un comité de ética que decida los casos de las causales, por ejemplo.
Quedan en el tintero muchos otros aspectos del ejercicio gubernamental, en los que Luis Abinader puede sacar cuenta de su legado. Recibió un país en crisis, en medio de una pandemia, con la economía en incertidumbre y en descenso, y lo ha colocado en crecimiento y con grandes expectativas de crecimiento y de seguridad jurídica. Quedan nuevas valoraciones del legado del presidente y del gobierno del Partido Revolucionario Moderno.
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