Demógrafos, cientistas sociales, jóvenes de ambos sexos fueron consultados por Acento para determinar las razones por las que ha descendido significativamente el crecimiento poblacional dominicano en las últimas décadas, hasta cambiar de una tasa global de fecundidad de 2.85 hijos por mujer en el año 2000 a 1.98 en 2023.
La tasa global de fecundidad (TGF) de República Dominicana —el número promedio de hijos que tendría una mujer durante su vida reproductiva, manteniéndose las tasas del período— ha descendido de forma muy marcada desde 1980, cuando era de 4.30 hijos por mujer. Esto representa una reducción de un 48 por ciento.
La otra cuestión que aborda el trabajo periodístico de Karla Alcántara es la fecundidad de reemplazo, situada en 2.1 hijos por mujer, muy cerca de la mortalidad que se registra. Estos datos aparecen desagregados por grupos y edades, y lo más grave que se está constatando es que la población joven está negada a tener hijos e hijas, por múltiples razones, cuestión esta que no es exclusiva de República Dominicana, sino que ocurre en prácticamente todos los países, con excepción del continente africano.
La juventud entrevistada hablan sobre sus expectativas de vida, sobre las dificultades para adquirir viviendas, sobre el costo de educar y mantener un hijo, más el tiempo que conlleva la crianza, con todos los riesgos asociados.
Es un fenómeno silencioso y poco visible, salvo por los demógrafos y cientistas sociales que están envueltos en profundas discusiones y teorías sobre lo que está ocurriendo.
Muchos han descartado los factores económicos, porque sociedades bien desarrolladas y con estado de bienestar asegurado, como los del norte de Europa, también registran un descenso de la población.
Otros argumentan que es un fenómeno que se repite, porque en momentos particulares de la historia de la humanidad se registró también un descenso de la población.
Otros hablan de rebelión de los jóvenes, y de uso intensivo de las nuevas tecnologías y las redes sociales como explicación a un individualismo y reducción de las relaciones sociales, que implica desatención a los afectos, y por tanto resistencia a las uniones duraderas y estables y que impliquen compromisos mayores como tener hijos.
Aunque algunos jóvenes de la generación zeta creen en los vínculos de pareja sus planes de tener hijos lo ven como un tema de mayor compromiso.
Los especialistas consultados, entre ellos Julio César Mejía Santana, Antonio Millo, Clara Báez y José Miguel Guzmán Molina, han ofrecido versiones propias sobre el fenómeno, y vaticinan nuevos descensos en la fecundidad y en la fecundidad de reemplazo en la República Dominicana.
Es muy probable que llegue el momento en que la población dominicana decrezca, se reduzca, pese a todas las proyecciones que en el pasado se hicieron, por parte de los mismos demógrafos, partiendo de una constancia en el crecimiento poblacional.
República Dominicana no cuenta con un nivel organismo estatal que se encargue de esta cuestión. Dentro del Ministerio de Salud Pública existió, desde los años sesenta, el Consejo Nacional de Población y Familia, que orientaba la política del Estado en materia de población. CONAPOFA fue disuelta en esta administración.
La Asociación Dominicana Pro Bienestar de la Familia (Profamilia) asumió durante más de 60 años las políticas de población del país, sus estudios, valoraciones y el descenso de la fecundidad por vía de anticonceptivos. Esa entidad y sus esfuerzos fueron cambiando con el paso de los años, hasta pasar a la defensa de derechos sexuales y reproductivos, especialmente a partir de 1975, y a partir de las conferencias de población y desarrollado realizadas por Naciones Unidas en diferentes continentes, comenzando por la cumbre de Beijing.
Los trabajos periodísticos de Karla Alcántara, que no han concluido pero que ya han profundizado en el fenómeno poblacional, representan una actualización de las preocupaciones, en particular porque el desarrollo futuro de la sociedad dominicana depende de ello, de la capacidad para que haya un reemplazo positivo de las personas que fallecen.
La esperanza de vida ha subido, las investigaciones científicas y la medicina ha avanzado bastante; también, cada vez son menos las personas que fallecen en edad productiva. Sin embargo, si la tasa de reemplazo resulta negativa, que haya más muertes que nacimientos, representa un serio riesgo para nuestro porvenir.
Es un tema para reflexionar, y para tomar medidas con tiempo. Ya estamos atrasados en la identificación de los temas propios relacionados con la negativa de los jóvenes a casarse, a formar familia, a tener hijos. Ese descenso de población podría ser sustituido por migrantes, de diferentes países, como está ocurriendo con varios países europeos.
No es una preocupación pequeña, ni una teoría que hay que desoír. Es tema de gran impacto sobre nuestra economía y sobre nuestra identidad como nación.
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