“No quiero tener hijos” es una frase que cada vez aparece con mayor frecuencia en las conversaciones de los dominicanos. Para algunos, la decisión responde a razones económicas; para otros, a sus aspiraciones profesionales, la búsqueda de estabilidad o que la maternidad y la paternidad no forman parte de sus planes a corto plazo.

Los datos muestran que esta transformación ya tiene un reflejo en la población. En 2025, se registraron 123,759 nacimientos en República Dominicana, un 14.6 % menos que el año anterior.

Pero detrás de esa reducción no hay una única explicación. Para Josefina Alvarado, de 27 años y con dos años de matrimonio, tener hijos “no está en sus planes a corto plazo”, ya que la prioridad son otros objetivos.

“Tenemos otros proyectos en planes como comprar una vivienda propia y aumentar nuestros ingresos personales”, dijo.

Y no es para menos. Dos tercios de las viviendas ubicadas en zonas urbanas son alquiladas, mientras que solo el 33 % corresponde a viviendas propias. En las zonas rurales ocurre lo contrario: el 57.3 % de los hogares posee su vivienda y el 27.6 % vive en alquiler, según la Encuesta Nacional de Hogares de Propósitos Múltiples (Enhogar 2025).

La decisión de Josefina es compartida por Luisa Santana, estudiante de medicina de 24 años. Cuenta que dos de sus amigas, una estudiante de ingeniería civil y otra de contabilidad, tampoco contemplan tener hijos por ahora. Las tres, dice, han colocado sus objetivos profesionales en primer lugar.

 “Destinar años estudiando para luego olvidar mi profesión y tener hijos no es mi prioridad”, explica.

La maternidad se desplaza hacia edades mayores

El caso de Mercedes Acosta es diferente. Tiene dos hijos, que tuvo a los 31 y 34 años, y considera positivo que las mujeres puedan decidir con mayor libertad cuándo quieren convertirse en madres. “Celebro que las mujeres cada vez deciden priorizarse antes de tener hijos. Tener hijos no es fácil y debes sacrificar todo aunque tengas el apoyo de tu marido”, afirma.

Los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) muestran un mayor peso de las madres de edades adultas. Entre las mujeres de 25 a 29 años, su participación pasó de 23.7 % a 27.8 %, mientras que en el grupo de 30 a 34 años aumentó de 13.5 % a 21 %. También creció la participación de las mujeres de 35 a 39 años, de 5.5 % a 9.8 %.

La tendencia apunta a una maternidad que se desplaza gradualmente hacia edades mayores. Esto no significa necesariamente que las mujeres hayan dejado de querer ser madres, sino que cada vez tienen mayor autonomía para decidir cuándo tener hijos y cómo integrar la maternidad dentro de sus proyectos personales y profesionales.

Los registros del Servicio Nacional de Salud (SNS) también muestran una reducción de los partos en los principales grupos de edad reproductiva. Entre las mujeres de 20 a 24 años se registraron 28,418 partos en 2024. Un año después fueron 22,901, para un descenso de 19.4 %. En el grupo de 25 a 29 años, los partos pasaron de 22,587 en 2024 a 17,879 en 2025, cantidad que equivale a -20.8 %.

Entre las mujeres de 30 a 34 años disminuyeron un 18.6 % de 14,441 a 11,748, mientras que en el grupo de 35 a 39 años pasaron de 6,958 a 5,747, un descenso de 17.4 %.

Para enero-julio de 2026, el SNS registró 11,097 partos en mujeres de 20 a 24 años, 8,998 entre las de 25 a 29 años y más de 5,599 en las de 30 a 34 años.

Cuando la maternidad llega sin estar en los planes

Para José Duarte, convertirse en padre sí está entre sus proyectos de vida. Aunque reconoce que tener descendientes implica responsabilidades, asegura que la decisión estuvo relacionada con su deseo de formar una familia.

“Claro que pienso en el dinero, en el colegio, en el trabajo y en todo, pero no quiero esperar a tener una vida perfecta o tener mucho dinero porque probablemente nunca llegue”.

La paternidad también cambió sus prioridades, comenta Duarte, de 29 años. “Cuando tienes un hijo empiezas a pensar de otra manera. Ya no decides solamente pensando en ti. Hay muchas cosas que sacrificas, pero también hay otras satisfacciones que no cambiaría por nada”.

Para Nicole Cuevas, la experiencia es distinta. Tiene una bebé de siete meses y tuvo que reincorporarse al trabajo mientras intenta equilibrar la maternidad con su vida profesional y su relación de pareja.

“Es difícil. Si fuera por mí no volvía a trabajar hasta que mi hija esté más grande”, cuenta.

La experiencia evidencia otra dimensión del debate: no se trata solamente de decidir si tener hijos o cuándo tenerlos, sino también de las condiciones que enfrentan las familias una vez que llega la maternidad.

Algo similar ocurrió con Gissel Feliz. La maternidad no estaba entre sus planes hasta que quedó embarazada, pese a que utilizaba anticonceptivos orales. Su experiencia conecta la reducción de la fecundidad con otro elemento de la realidad dominicana: el acceso y uso de métodos anticonceptivos.

Lee más en: República Dominicana se queda con menos niños: ¿Qué hay detrás de la caída de la fecundidad?

El acceso a anticonceptivos también forma parte de la maternidad

De acuerdo con datos del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), solo la mitad de las mujeres sexualmente activas utiliza métodos anticonceptivos modernos en República Dominicana. La proporción aumenta a 63 % entre las mujeres casadas o en uniones.

  • Anticoncepción quirúrgica: 48.61 %
  • Píldora: 26.30 %
  • Inyección trimestral: 13.67 %

Sin embargo, el uso de estos métodos varía según factores como el nivel educativo, la región de residencia, los ingresos y otras características sociodemográficas.

Los métodos anticonceptivos reversibles de larga duración, como los implantes subdérmicos y los dispositivos intrauterinos (DIU), tienen una utilización mucho menor.

Según Enhogar, entre las usuarias de anticonceptivos en República Dominicana, 4 % utilizaba implantes subdérmicos y 4.43 % DIU.

Esto significa que la decisión reproductiva no depende exclusivamente de una voluntad individual, según el organismo internacional. También está relacionada con la disponibilidad de métodos, la información que reciben las mujeres, la calidad de la consejería y la posibilidad económica de acceder a ellos.

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EN ESTA NOTA

Karla Alcántara

Abanderada por los viajes, postres y animales. Ha cursado diplomados sobre periodismo económico impartido por el Banco Central, periodismo de investigación por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo, finanzas por el Ministerio de Hacienda y turismo gastronómico por la Organización Internacional Italo-Dominicano.

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