El presidente de la Suprema Corte de Justicia, Luis Henry Molina, ha dado por concluido su período de siete años al frente de ese órgano del poder judicial, y ha destacado los aspectos que se propuso impulsar para que el país contara con una justicia eficiente, oportuna, moderna, independiente de los poderes políticos, con ética en su desempeño y con una buena valoración de la sociedad a la que ha servido.
No todo se ha podido cumplir, y Luis Henry Molina lo sabe y expresó sus razonamientos sobre los puntos en los que debió poner mayor énfasis para cumplir el rol que se propuso.
El presidente a punto de salir de la presidencia de la SCJ tiene la ventaja de que fue el segundo director de la Escuela Nacional de la Magistratura, después del doctor Juan Manuel Pellerano. Hizo una buena administración de esa escuela, ayudó en la formación de una Gran parte de los magistrados del país, que son de la carrera judicial, pero a él le tocó la extraña posición de dirigir la escuela sin haberse hecho miembro de la carrera judicial.
Fue miembro del Comité Central del Partido de la Liberación Dominicana, del que renunció antes de ser designado por el Consejo Nacional de la Magistratura presidente del órgano más importante del poder judicial. Fue subsecretario de la presidencia en la administración del presidente Danilo Medina, y llegó al puesto que ahora abandona con una seña que lo ataba fuertemente al presidente de la República saliente.
Luis Henry Molina asumió la responsabilidad que se le entregó con mucha voluntad para hacer su trabajo lo más correctamente posible. Eso no siempre resulta como se planifica. Tuvo en su contra que el gobierno de Medina entregó el poder en 2020, y él debía ganarse la confianza del nuevo presidente, del nuevo Consejo Nacional de la Magistratura, y mostrar el liderazgo que el Consejo del Poder Judicial esperaba.
La pandemia de COVID afectó a todo el mundo, y al país también le resultó en un doloroso paro de actividades, incluyendo el poder judicial. Luis Henry puso en marcha la justicia digital, actualizó la legislación para que ello fuera posible, atacó la mora judicial, trató de modernización toda la infraestructura sobre la que opera el poder judicial en todo el país, quiso vincular más la justicia con la sociedad, y fue un presidente de la SCJ en diálogo permanente con los diversos sectores con los que le interesaba consensuar esfuerzos.
En la justicia dominicana hay mora judicial, aunque disminuida, existen los jueces corruptos, y es cada día más creciente la corrupción, de acuerdo con el jurista Eduardo Jorge Prats, aunque su valoración del desempeño de Luis Henry es positiva.
“Mi paso por la justicia culmina aquí. Seguiré trabajando y sirviendo a mi país, desde las responsabilidades que me corresponda asumir, siempre con la visión de contribuir a una sociedad más justa y próspera”, dijo al momento de despedirse.
Los tres presidentes de la justicia moderna, post balaguerista, no siempre han podido completar sus proyectos. Jorge Subero Isa, Marciano Germán y Luis Henry Molina desempeñaron la presidencia de la Suprema Corte de Justicia, y al país le hubiese gustado un mayor avance en sus respectivas gestiones, una mayor independencia política en las decisiones emitidas, sin que se les vinculara a ninguno con intereses empresariales particulares, o con clientes poderosos, funcionarios procesados muy amigos y otras de las debilidades que se señalan.
Hay que despedir a Luis Henry Molina y agradecer su esfuerzo por la institucionalidad, por la justicia con equidad, por una justicia ética, aunque no lo haya logrado plenamente.
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