Pese a que el ministro de Energía y Minas, Joel Santos, expresó que el gobierno dominicano está observando la crisis en el Medio Oriente, y sus potenciales incidencias a nivel local, hay que decir que se siente poco, casi nada, el esfuerzo de nuestras autoridades para hacer frente a la crisis que se nos viene encima.

Se podría alegar que no es mucho lo que podríamos hacer, porque nuestra capacidad de almacenamiento de combustibles, gas natural y procesamiento de petróleo crudo es muy reducida. Y es cierto.

Los datos que estamos recibiendo, resultado de la evolución de la guerra desatada por Israel y Estados Unidos contra Irán, son aterradores. Estados Unidos y sus aliados en Medio Oriente no andan bien. No están protegidos y varios países han reducido al mínimo su procesamiento y extracción de petróleo y gas, tienen paralizadas sus plantas o están siendo víctimas de los cohetes iraníes a instalaciones energéticas y estratégicas. Solo faltaría que Irán atacara las plantas de desalinización de agua de estos países.

El ahorro es una cuestión esencial. Tanto para el consumo de combustibles como para las plantas generadoras de energía eléctrica. De fondo están los subsidios que el Estado debería comenzar a revisar, porque los costos serán terriblemente violentos.

El escenario del petróleo a precios sobre los 170 dólares el barril no estaba en el escenario internacional. Y ya es una realidad. La reducción de la producción de petróleo es de alrededor del 35% a nivel global. En el caso de gas natural va por la misma dirección.

Estados Unidos e Israel no saben cómo terminar esta guerra. Los precios se han disparado en Estados Unidos y en casi todo el mundo. A nosotros ya nos llega el efecto.

Es necesario convocar al sector privado, en energía y combustibles, y comenzar a preparar un plan de contingencia. El solo hecho de que el gobierno del presidente Donald Trump, atravesó del Pentágono, esté solicitando la aprobación de 200 mil millones de dólares adicionales para esta guerra, es un indicio clave para saber que no concluirá en lo inmediato.

Badr Albusaidi, jefe de la diplomacia de Omán, acaba de decir que Estados Unidos ha perdido el control de su política exterior, y propone a los amigos del gobierno de Trump en Medio Oriente “ayudar a sacarlo de una guerra ilegal”, como esta.

Mientras tanto, los aliados árabes de Estados Unidos están furiosos porque, al parecer, no tienen ninguna influencia sobre la administración Trump a pesar de las grandes inversiones de tiempo y dinero, según el Wall Street Journal.

Las actualizaciones informativas dan cuenta de que los precios del petróleo suben más rápido que las peores prisiones de los especialistas en mercados. El crudo de Omán alcanzó un récord de 173 dólares por barril el miércoles, superando incluso el pico de la crisis financiera de 2008.

El crudo de Dubái también se disparó a un máximo histórico por encima de los 150 dólares, mientras los compradores se apresuran a reemplazar los suministros interrumpidos por el cierre del estrecho de Ormuz.

El país debe actuar. El gobierno tiene que movilizarse. El sector privado debe colaborar. El ministerio de Industria y Comercio debe acumular información y compartirlas. Saber si tendremos apoyo de países petroleros amigos, ante una crisis de abastecimiento de largo alcance. Restablecer la producción de petróleo se llevará más tiempo del previsto.

El hecho de que estemos lejos de los acontecimientos bélicos no nos exonera de las consecuencias de esta guerra. Estamos hablando de una guerra mundial chiquita, que se escenifica en el Medio Oriente, y que coloca cada día con más incomodidad al presidente de los Estados Unidos. Trump ha hablado ya de despliegue militar terrestre en Irán, y de nuevo supone que pronto terminará la capacidad de Irán para resistir los embates de Estados Unidos e Israel.

Todo cuando se está viendo desmiente las previsiones de los israelíes y norteamericanos. Los dominicanos debemos comenzar a prepararnos seriamente, para precios del petróleo excesivamente alto, por la escasez y por la especulación. Y ya no es solo una cuestión de presunción. Es una realidad que nos está comenzando a dar de frente.