La amenaza del presidente Donald Trump de "cortar todo el comercio con España" —lanzada el pasado 3 de marzo desde la Casa Blanca— generó una onda expansiva diplomática que aún preocupa. Pero más allá del impacto político, ¿es realmente posible que Estados Unidos suspenda las relaciones comerciales con un país que forma parte de la Unión Europea?
Un artículo académico publicado en The Conversation por Hernán Núñez Rocha, profesor e investigador de Derecho Mercantil de la Universidad de Alcalá, desmonta la viabilidad jurídica y práctica de esa amenaza. Su conclusión: la respuesta es mucho más compleja de lo que sugieren los titulares.
El detonante: las bases de Rota y Morón
La crisis se desató cuando el gobierno de Pedro Sánchez se negó a permitir que Estados Unidos utilizara las bases militares de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla) para operaciones vinculadas a la ofensiva contra Irán.
"España ha sido terrible", declaró Trump durante una reunión con el canciller alemán Friedrich Merz, según reportó BBC News Mundo. "Vamos a cortar todo comercio con España. No queremos tener nada que ver con España", añadió, al tiempo que ordenó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, "cortar todos los tratos" con Madrid.
España no comercia sola: lo hace a través de la UE
El primer obstáculo que identifica Núñez Rocha es de naturaleza jurídica: Estados Unidos no comercia con España como un Estado aislado, sino con la Unión Europea, que funciona como una unión aduanera con política comercial común desde la creación del mercado único en 1993.
"Las decisiones sobre aranceles, acuerdos comerciales o medidas de defensa comercial son una competencia exclusiva de la Unión", explica el investigador. Esto significa que las relaciones comerciales exteriores se gestionan a nivel europeo, no nacional.
De hecho, dentro del mercado interior europeo ni siquiera se habla jurídicamente de "exportaciones" entre Estados miembros. Cuando una empresa española vende bienes a Francia, se trata de una entrega intracomunitaria, no de una exportación.
Las cadenas de valor hacen imposible aislar a un solo país
A la barrera jurídica se suma una realidad económica: la economía europea funciona como una red de producción integrada. Un automóvil ensamblado en Alemania puede incluir piezas producidas en España o Italia. Un producto agrícola español puede procesarse o distribuirse desde otro país europeo antes de ser exportado.
Este fenómeno —conocido como cadenas globales de valor— hace que "aislar comercialmente a un solo Estado dentro del mercado interior europeo sea mucho más difícil de lo que podría parecer", advierte Núñez Rocha.
Las reglas de la OMC también se interponen
El comercio internacional sigue rigiéndose por normas, especialmente las de la Organización Mundial del Comercio (OMC), cuyos principios fundamentales incluyen la no discriminación entre socios comerciales y la prohibición de restricciones arbitrarias.
Una suspensión general del comercio contra un socio comercial "plantearía serias dudas desde el punto de vista del derecho comercial internacional", señala el artículo.
La respuesta de Bruselas: "Estamos listos para actuar"
La reacción de la Unión Europea fue inmediata y contundente. La Comisión Europea declaró que se encuentra "en plena solidaridad con todos los Estados miembros" y que está "lista para actuar si es necesario para salvaguardar los intereses de la UE", según reportó France 24.
El gobierno español, por su parte, respondió que Trump "tendrá que respetar la legalidad internacional" y los acuerdos vigentes con el bloque europeo.
Como señala Núñez Rocha, si Bruselas considera que una medida dirigida contra España afecta al funcionamiento del mercado interior, el asunto dejaría de ser bilateral para convertirse en "una disputa comercial transatlántica de mayor escala".
El contexto: aranceles globales al alza
La amenaza contra España se produce en un momento de escalada proteccionista de Washington. Tras el fallo de la Corte Suprema que invalidó la mayor parte de los aranceles impuestos por Trump, el gobierno estadounidense respondió con nuevos gravámenes globales del 10% bajo una legislación distinta —la Sección 122 de la Ley de Comercio—, con la promesa de elevarlos al 15% esta semana.
En ese escenario, France 24 describió a España como "un aliado terrible pero un buen comprador" para Estados Unidos, recordando que las importaciones españolas desde EE.UU. rondan los 30,000 millones de euros, el doble de lo que España exporta al mercado estadounidense.
Más que un conflicto bilateral
En última instancia, el análisis de Núñez Rocha plantea que la verdadera pregunta no es si Estados Unidos podría intentar una medida de este tipo, sino si la Unión Europea actuaría como el actor comercial único que sus propios tratados prevén frente a terceros países.
"Más que un problema bilateral, un escenario así tendría implicaciones directas para el sistema comercial europeo", concluye el investigador.
La amenaza de Trump, más allá de su impacto mediático, pone a prueba la cohesión del bloque europeo y la vigencia de las reglas del comercio internacional en una era marcada por el unilateralismo y la geopolítica.
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